3.011 días después, el Deportivo vuelve a la élite ante el Elche en una noche que mezcla la emoción de ocho años de espera con una protesta naranja en las gradas.
A las 21:00 horas se termina una espera que ha durado demasiado. El Deportivo vuelve esta noche a jugar un partido de Primera División en Riazor y lo hará ante el Elche, con un estadio preparado para recuperar sonidos, nervios y rituales que el deportivismo llevaba ocho temporadas echando de menos.
Ya hemos contado cómo llega el equipo de Antonio Hidalgo al estreno y también cómo y dónde se podrá seguir el partido. A dos horas del comienzo, sin embargo, lo importante ya no está en la pizarra. Está en lo que significa esta noche.
Ocho años para volver a escuchar Primera
Han pasado 3.011 días desde el descenso de 2018. Por el camino quedaron Segunda, Segunda B, Primera Federación, eliminatorias que dolieron durante meses, temporadas que parecían eternas y una afición que siguió llenando Riazor incluso cuando el escudo estaba muy lejos del lugar que había ocupado durante décadas.
El ascenso de la pasada primavera cerró por fin la travesía. Esta noche empieza otra historia. Ya no se juega por volver: se juega por quedarse. Y el primer balón de la temporada tendrá detrás todo el peso acumulado durante esos ocho años.
Una fiesta con una herida abierta
Pero el regreso soñado llega con una contradicción imposible de esconder. El Deportivo vuelve a Primera con una parte de su afición enfrentada al club. La Federación de Peñas, Riazor Blues y Old Faces han impulsado una protesta por las condiciones aplicadas en Marathón Inferior y han llamado a acudir al estadio vestidos de naranja.
La tensión ya dejó una imagen muy potente en el Teresa Herrera ante el Real Madrid, cuando Marathón Inferior apareció prácticamente vacía. Esta noche la protesta cambia de forma: los aficionados regresarán a la grada, pero el naranja servirá para hacer visible un conflicto que sigue abierto en pleno día del regreso a la élite.
Antonio Hidalgo ha pedido unión. Sabe que Primera exigirá partidos incómodos, momentos de sufrimiento y noches en las que Riazor tendrá que empujar cuando las piernas no lleguen. El técnico quiere recuperar esa conexión que convirtió el estadio en una ventaja competitiva durante el camino del ascenso.
A las nueve se acaba la espera
Habrá camisetas blanquiazules. Habrá camisetas naranjas. Habrá celebración, protesta, nervios y seguramente algún nudo en la garganta cuando los equipos salten al césped.
Pero cuando ruede el balón quedará una certeza por encima de todas: el Deportivo vuelve a estar donde su afición llevaba ocho años soñando con verlo.
Riazor vuelve a ser de Primera. Esta vez, de verdad.