Dos jornadas, dos empates y una pregunta que empieza a instalarse alrededor del Deportivo: ¿la idea de Antonio Hidalgo es la que mejor encaja con la plantilla que tiene entre manos? El debate no nace del resultado. El Dépor ha sumado ante Elche y Málaga en su regreso a Primera y ha demostrado que sabe competir. Nace de otra cosa: de la distancia que por momentos existe entre los futbolistas que tiene y el tipo de partido que acaba jugando.
El analista Miguel Quintana puso el foco sobre esa contradicción tras el 1-1 de La Rosaleda. Su diagnóstico fue directo: «La esencia del Dépor con Hidalgo es reactiva. Se adapta al tipo de partido que desea el contrario». La reflexión abrió un debate interesante porque toca una cuestión más profunda que un repliegue puntual: cuánto puede crecer este Deportivo si su punto de partida sigue siendo ceder iniciativa y metros.
El problema no es defender bajo, sino vivir demasiado lejos del área rival
Defender en bloque bajo no es, por sí mismo, una renuncia. Puede ser una herramienta muy útil para un recién ascendido, especialmente en una categoría en la que los errores a campo abierto se pagan con intereses. Hidalgo lo sabe y su Deportivo del ascenso ya utilizó muchas veces esa capacidad para juntar líneas, cerrar espacios y correr después de recuperar.
La duda aparece cuando el recurso se convierte en paisaje permanente. En Málaga, el conjunto blanquiazul tuvo fases de presión alta y también momentos de posesión larga, pero terminó pasando demasiado tiempo cerca de su propia portería. El Málaga cerró el partido con un 55% de posesión y 14 remates por 6 del Deportivo. No fue un asedio continuo, pero sí una tendencia: el rival tuvo más balón, más volumen y más tiempo para instalar el partido donde quería.
Hidalgo, además, reconoció después del encuentro que el equipo todavía no se encuentra del todo cómodo cuando intenta defender hacia adelante. «En bloque alto no nos encontramos bien», admitió el técnico. La frase explica parte del repliegue, pero también abre la gran pregunta táctica de este inicio de temporada.
Una plantilla que parece pedir más balón
Porque el Deportivo no tiene precisamente una plantilla construida alrededor de especialistas en sobrevivir sin pelota. Mario Soriano, Amatucci, Luismi Cruz, Yeremay, David Mella, Altimira o Aubameyang son perfiles que, por características diferentes, aumentan su influencia cuando el equipo consigue jugar más cerca del área rival y encadenar posesiones con sentido.
Mario necesita recibir de cara y encontrar gente por delante. Amatucci tiene más valor cuando puede ordenar una posesión que cuando pasa demasiados minutos persiguiendo. Yeremay y Mella requieren que el bloque los acerque a situaciones de uno contra uno. Y Aubameyang, aunque ya ha demostrado que puede convertir una llegada aislada en gol, no debería tener que recorrer medio campo para participar de cada ataque.
Ahí está la paradoja. Aubameyang lleva dos goles en dos jornadas y está tapando algunas de las grietas ofensivas, pero su eficacia también puede esconder durante un tiempo un problema estructural: el Deportivo está generando poco para el talento que acumula.
El modelo que funcionó en Segunda no tiene por qué funcionar igual en Primera
La discusión tampoco consiste en negar lo que Hidalgo ha construido. El Deportivo ascendió con él y desarrolló una capacidad competitiva que sigue apareciendo ahora. El equipo rara vez se desconecta del partido, sabe sufrir y ha empezado Primera sin perder. Todo eso cuenta.
Pero la categoría cambia la ecuación. En Segunda, el Dépor podía aceptar determinados intercambios porque muchas veces disponía de más calidad individual que el rival en las áreas. Podía conceder iniciativa, resistir y confiar en que una acción de sus jugadores diferenciales inclinase la balanza. En Primera, esa ventaja cualitativa ya no está garantizada.
De hecho, el riesgo puede invertirse. Cuanto más tiempo pase el Deportivo defendiendo cerca de su área, más exposiciones concederá a atacantes de mayor nivel. Y cuanto más lejos recupere de la portería contraria, más metros tendrán que recorrer los futbolistas que deberían marcar diferencias con balón.
Presionar arriba tampoco se arregla con una orden
La solución, claro, no consiste simplemente en gritar «todos arriba». Una presión alta mal ejecutada puede ser todavía más dañina. Si la primera línea salta y el centro del campo no acompaña, aparecen metros por dentro; si los centrales no empujan, el equipo se parte; y si el rival supera la primera oleada, los esfuerzos se multiplican.
Hidalgo habló tras el partido de falta de frescura en la segunda parte y de la necesidad de mejorar muchas cosas para seguir sumando en la categoría. Esa autocrítica es importante. El Dépor necesita tiempo para coordinar mejor los saltos, elegir cuándo apretar y, sobre todo, conseguir que la recuperación no termine inmediatamente en otra pérdida.
Porque otro de los problemas que deja este inicio es que el equipo, después de correr detrás del balón, no siempre consigue descansar con él. Recuperar para perder a los pocos segundos convierte cada posesión rival en una carrera acumulativa y acaba restando piernas precisamente a los futbolistas que luego deben atacar.
Hidalgo tiene que decidir qué quiere potenciar
El dilema del Deportivo no parece estar entre atacar o defender. Está en encontrar una estructura que permita hacer ambas cosas sin renunciar a sus mejores virtudes. Puede replegar cuando el partido lo exija, pero también necesita ser capaz de mandar durante fases más largas, defender con la pelota y llevar a sus jugadores diferenciales a zonas donde hagan daño.
Yeremay acaba de regresar, Mella todavía tiene margen para alcanzar su mejor nivel, Aubameyang está empezando como un tiro y el centro del campo dispone de futbolistas con buen pie. Hay materia prima para un Dépor más rico con balón. La cuestión es cuánto quiere alejarse Hidalgo de la fórmula que le funcionó en Segunda.
Dos jornadas son demasiado poco para dictar sentencia. Pero sí bastan para detectar un debate que acompañará al equipo mientras no encuentre equilibrio: si el Deportivo tiene futbolistas para proponer más, jugar permanentemente a lo que quiere el rival puede acabar siendo una forma demasiado cara de protegerse.