Claudio Giráldez trató de poner contexto al 1-0 encajado por el Celta ante el Omonia en Nicosia. El técnico celeste admitió el mal momento de resultados, pero defendió que su equipo generó argumentos suficientes para haber sacado algo más de su estreno en la Europa League.
El Celta cayó por un gol de Jure Balkovec en el minuto 88, después de un partido en el que Andrei Radu sostuvo al equipo en varios tramos y Pablo Durán vio anulado un tanto por fuera de juego. La derrota prolonga un arranque de temporada sin victorias y vuelve a poner el foco en la falta de acierto en las áreas. La crónica del Omonia-Celta dejó precisamente esa sensación: más intención que pegada y demasiado castigo para cada error.
«No podemos volvernos locos»
Giráldez insistió en que el equipo debe mantener la cabeza fría pese a la dinámica. «Estamos en ese momento en el que todo sale cruz», resumió tras el encuentro. El entrenador entiende que el porcentaje de acierto ofensivo no puede mantenerse tan bajo durante todo el curso y reclamó confianza en el trabajo.
El técnico reconoció que el resultado pesa, pero evitó hacer una lectura únicamente negativa. Según explicó, el Celta volvió a aumentar su volumen de remates y consiguió llegar con frecuencia a zonas de área. Lo que sigue fallando es la precisión en el último pase, la coordinación de los movimientos y la toma de decisiones cuando la jugada pide sangre fría.
El tramo que menos gustó a Giráldez
La parte del encuentro que más preocupó al entrenador fue el final del primer tiempo. Ahí el Celta se partió, perdió distancia entre líneas y permitió que el Omonia encontrase metros para correr. Fue también el momento en el que Radu tuvo que intervenir con más frecuencia para evitar que el partido se inclinase antes del descanso.
Giráldez consideró que, fuera de ese tramo, el Celta tuvo más control y consiguió instalarse durante bastantes minutos en campo rival. El problema es que el dominio territorial no terminó de traducirse en ocasiones limpias. Esa falta de contundencia enlaza con la tendencia de resultados que viene arrastrando el equipo en los últimos meses.
Respaldo a Álvaro Núñez
El entrenador también salió en defensa de Álvaro Núñez. Giráldez rechazó personalizar los errores en un futbolista y recordó que los desajustes se están repartiendo entre varios jugadores. Destacó, además, la continuidad que aportó el lateral con balón y su capacidad para conectar por dentro con Miguel Román.
Para el técnico, el principal déficit está en la confianza. El equipo llega a situaciones favorables, pero duda en el último gesto. En la izquierda hubo uno contra uno que no terminaron de resolverse bien y también faltó coordinación entre el momento del centro y la ocupación del área. «Nos está faltando acierto», fue la idea central de su análisis.
La persiana del gol sigue bajada
Giráldez volvió varias veces sobre la misma idea: el equipo necesita que entre una para que cambie el estado emocional. Cree que un gol puede liberar al grupo y ayudar a que los futbolistas tomen decisiones con más naturalidad. El tanto anulado a Pablo Durán y la acción revisada por posible mano alimentaron esa sensación de que ahora cualquier detalle cae del lado contrario.
El entrenador, en todo caso, evitó cargar contra el arbitraje. Asumió que si colegiado y VAR interpretan que no hay penalti o que existe fuera de juego, toca aceptarlo y seguir. La lectura que hizo fue más emocional que arbitral: el Celta está jugando con la sensación de que cada centímetro termina perjudicándole.
Responsabilidad y foco en el Racing
Giráldez asumió su cuota de responsabilidad en el arranque. «Yo soy el primero», señaló al hablar de la falta de victorias. Aun así, insistió en que ve comportamientos sobre los que construir y que los jugadores siguen creyendo en la propuesta.
El siguiente examen llegará ya este sábado, a las 18:30 horas, en Balaídos ante el Racing de Santander. El Celta volverá además a competir sin Iago Aspas, lesionado y con varias semanas de baja por delante. Para Giráldez, tener otro partido tan cerca puede ser incluso una ventaja: poco tiempo para rumiar el golpe y una oportunidad inmediata para cambiar la dinámica.
La Europa League continuará después con una cita de alto voltaje: la Juventus visitará Balaídos el 15 de octubre, según el calendario oficial de la UEFA. Antes de mirar tan lejos, el Celta necesita resolver algo más urgente y más básico: volver a ganar.