El club de A Grela tuvo que construir la plantilla mientras dependía de terceros para saber si seguiría en Tercera, pero mantuvo a Diego Armando García, renovó buena parte de su base y volvió a moverse con rapidez en el mercado.
El Silva lleva doce permanencias consecutivas en Tercera y pocas han llegado de forma tan extraña como la última. El equipo terminó la pasada liga en una posición que lo dejaba expuesto a los arrastres y pasó 49 días sin saber con certeza si competiría de nuevo en categoría nacional. La salvación terminó llegando desde cientos de kilómetros de distancia, cuando el Compostela completó su ascenso ante el Badalona y liberó una plaza que permitió al conjunto coruñés respirar.
Lo llamativo es que el club no esperó a conocer el desenlace para empezar a trabajar. Mientras la categoría seguía en el aire, jugadores como Brais Lema, Joao Paulo, José Moure o Pablo Carro aceptaron continuar y comenzaron a llegar refuerzos como Nano Varela, Naím Rodríguez, Jorge Cano, Nico Mosquera, Martín Lagoa o Hugo García. En A Grela se construía un equipo sin saber todavía si ese equipo iba a competir en Tercera o en Preferente.
La confirmación definitiva permitió acelerar un mercado que después todavía tuvo mucho movimiento. El Silva anunció trece salidas de una tacada y siguió reconstruyendo una plantilla en la que también permanecen piezas importantes como Minibugy, Nico Rosas, Seydi Mendes y Rodri Parafita, máximo goleador del equipo en las dos últimas temporadas. La continuidad de Diego Armando García, renovado hasta 2027, aporta además una estabilidad especialmente valiosa después de un curso en el que el técnico consiguió enderezar una situación muy delicada.
Uno de los golpes de mercado llegó con David Rojo, máximo goleador del Arteixo la pasada temporada. El delantero regresa a un club en el que ya jugó años atrás y añade experiencia a una plantilla que ha mezclado renovaciones, futbolistas jóvenes y varios nombres con recorrido en el fútbol coruñés. Su llegada resume bien el plan del Silva: competir con recursos limitados, pero intentando reducir al máximo la diferencia individual respecto a sus rivales.
El primer examen oficial dejó sensaciones razonables pese a la eliminación. El Silva mantuvo durante muchos minutos el partido abierto ante el Bergantiños, pero acabó cayendo 0-2 en A Grela después de que el conjunto de Segunda Federación decidiese la eliminatoria en el tramo final. La Copa Federación sirvió como primera prueba seria del nuevo bloque y también como recordatorio de que la plantilla todavía está en proceso de ensamblaje.
La historia reciente del Silva explica por qué nadie en el club se asusta demasiado ante la dificultad. Llegó a Tercera en 2014 y desde entonces ha encontrado una forma distinta de sobrevivir casi cada temporada. El curso pasado empezó con cuatro puntos en nueve jornadas, cambió de entrenador y terminó reaccionando en A Grela hasta cerrar la liga con tres victorias consecutivas y puntos suficientes para evitar el descenso directo. Después tocó esperar el desenlace de los arrastres.
Ahora el reto vuelve a empezar desde cero. La Tercera gallega 2026/27 presenta nuevos recién ascendidos, proyectos más potentes y una pelea por la permanencia que volverá a castigar cualquier mala racha. El Silva, sin embargo, llega con algo que ya forma parte de su identidad: la capacidad de construir en medio de la incertidumbre.
Firmar jugadores sin saber siquiera en qué categoría iban a competir parecía una apuesta arriesgada. Dos meses después, A Grela vuelve a tener un equipo reconocible, un entrenador con continuidad y suficientes argumentos para intentar convertir la decimotercera temporada consecutiva en Tercera en algo más tranquilo que la duodécima. En el Silva, de momento, resistir sigue siendo una especialidad.