El CD Lugo empieza a encontrar una sociedad sobre la que construir su juego. Alberto Ulloa y Pablo Parrilla han encajado desde el inicio como una pareja complementaria en el centro del campo y Borja Fernández les ha dado continuidad en las dos primeras jornadas. Uno pone pausa, salida y criterio; el otro, equilibrio, ayudas y lectura defensiva.
La comparación con una dupla histórica del club aparece casi sola. Durante años, Carlos Pita y Fernando Seoane marcaron una época en el Anxo Carro con una mezcla parecida de talento y compensación. El paralelismo todavía es prematuro, pero sirve para entender qué busca Borja Fernández con dos centrocampistas de 2003 que apenas están empezando su recorrido juntos.
Ulloa, el metrónomo
Alberto Ulloa es el jugador que más se acerca al perfil de organizador. Se ofrece de manera constante, da línea de pase, ayuda a superar presiones con conducción y tiene capacidad para acelerar o frenar la jugada según lo exige el partido. Su presencia permite que el Lugo tenga una salida más limpia y una referencia clara para ordenar la posesión.
Ese papel se ha visto ya tanto en Salamanca como en Ponferrada, los dos primeros escenarios de Liga. Borja Fernández ha apostado por él como uno de los puntos de apoyo de su modelo y todo apunta a que seguirá teniendo peso en el estreno liguero en casa ante el Coria, este domingo a las 18:15. El Anxo Carro abrirá por primera vez sus puertas esta temporada con la idea de que esa sociedad siga creciendo.
Parrilla, el equilibrio
Pablo Parrilla aporta el complemento. El ex de la UD Ourense destaca por su capacidad para ocupar bien los espacios, cerrar líneas interiores y aparecer en las ayudas cuando Ulloa abandona su zona. No necesita acumular acciones llamativas para influir: su valor está en corregir, temporizar, presionar y dar continuidad a la estructura.
Ese tipo de futbolista cobra todavía más importancia en un equipo que quiere tener iniciativa sin perder estabilidad. Parrilla permite que Ulloa asuma más riesgos con balón y que el bloque mantenga protección por detrás de la jugada.
Un espejo muy exigente
Pita y Seoane dejaron una huella enorme en Lugo. Entre ambos sumaron 810 partidos con la camiseta rojiblanca, 413 el coruñés y 397 el compostelano, además de 34 goles y 23 asistencias. Repetir algo semejante parece ahora mismo una comparación demasiado grande, pero la referencia ayuda a medir el tipo de asociación que empieza a buscar Borja Fernández.
Ulloa y Parrilla tienen la misma edad, margen de crecimiento y perfiles diferentes que se potencian entre sí. Después de solo dos jornadas, todavía no hay más que una tendencia. Pero si el Lugo pretende convertirse en un equipo con control y continuidad, buena parte de esa evolución pasará por lo que sean capaces de construir juntos.
Además, el contexto favorece su consolidación. Borja Fernández ha pedido competitividad y variantes tras el cierre del mercado y las últimas incorporaciones han aumentado las alternativas ofensivas. Tener una base estable en el centro del campo puede ser precisamente lo que permita que esas piezas de ataque reciban en mejores condiciones.
El Lugo todavía está empezando, pero ya tiene una pareja sobre la que mirar.