El Real Madrid volvió a tropezar cuando más incómodo se siente: en Pamplona, con el cuchillo entre los dientes y el partido embarrado.
El 2-1 ante Osasuna no solo supone una derrota; reabre la carrera por el título y deja una sensación inquietante en el equipo de Álvaro Arbeloa, que pasó de líder sólido a conjunto vulnerable en apenas noventa minutos. Raúl García de Haro, con un remate casi imposible en el 89’, firmó la sentencia y desató la euforia rojilla en un Sadar que no veía caer al gigante blanco desde hace quince años.
Un Madrid espeso y previsible desde el inicio
El contexto no invitaba a florituras. Campo intenso, rival agresivo y un Madrid obligado a defender el liderato. Arbeloa introdujo ajustes en defensa y reforzó el centro del campo con perfiles más físicos que creativos. El plan parecía claro: protegerse y liberar a Vinicius y Mbappé.
El problema fue que solo apareció uno.
El Madrid monopolizó la posesión, pero lo hizo con ritmo bajo y circulación lateral. Mucho balón, poca profundidad. Camavinga trabajó en ayudas constantes por la izquierda, Arda Güler asumió responsabilidades interiores, pero el equipo jugó lejos del área rival. Mbappé, lejos de su mejor versión física, apenas ofreció rupturas. El ataque quedó en manos de Vinicius, que fue el único capaz de romper líneas.
Osasuna, fiel a su libreto, aceptó el guion: bloque medio-bajo, intensidad en duelos y salida rápida. Nada nuevo en El Sadar. Nada cómodo para el líder.
Budimir castiga la indecisión blanca
Con el paso de los minutos el partido cambió de temperatura. Osasuna empezó a ganar metros. Rubén García encontró espacios en banda y Budimir comenzó a imponer su ley aérea. Courtois tuvo que intervenir en un par de acciones antes de que el partido se inclinara definitivamente.
El 1-0 llegó tras una acción que resume el momento del Madrid: duda, desajuste y VAR. Un balón dividido terminó con pisotón de Courtois sobre Budimir. Penalti claro tras revisión. El propio delantero croata asumió la responsabilidad y no perdonó.
El golpe no fue accidental. Fue consecuencia de un Madrid estático, con poca movilidad y excesiva confianza en que el escudo resolvería el trámite.
Vinicius empata… pero el Madrid no encuentra continuidad
Tras el descanso, el equipo blanco salió con más intención que claridad. Más posesión, sí. Más ritmo, no tanto. Osasuna defendía cerca de su área pero sin hundirse, cerrando carriles interiores y obligando a los blancos a centrar sin ventaja.
Arbeloa movió el banquillo buscando chispa: entrada de Trent y Brahim para abrir el campo. El empate llegó desde la insistencia y el talento individual. Valverde condujo con potencia, rompió líneas y puso un centro medido que Vinicius empujó al fondo de la red en el 72’.
El 1-1 parecía abrir otro escenario. Pero fue un espejismo.
Mbappé tuvo una ocasión clara poco después, pero Javi Galán apareció cuando Herrera estaba vendido. El Madrid apretó sin convicción. Más corazón que ideas.
Raúl García de Haro dinamita el liderato
Cuando el empate parecía definitivo, llegó el mazazo. Minuto 89. Salida defectuosa desde atrás, pérdida evitable y transición rojilla. Raúl García de Haro recibió casi sin ángulo, amagó y sacó un disparo violento que sorprendió a Courtois.
Golazo. Silencio blanco. Explosión en El Sadar.
Osasuna volvió a demostrar que en casa no negocia la intensidad. El equipo de Lisci compitió cada balón como si fuese el último y encontró premio a su constancia.
El Madrid, en cambio, evidenció una fragilidad que empieza a repetirse lejos del Bernabéu.
Vinicius solo ante el peligro
El brasileño fue el único futbolista diferencial del Real Madrid. Regateó, insistió, buscó diagonales y asumió responsabilidades. Pero el fútbol de élite no se sostiene con un solo argumento ofensivo.
Mbappé atraviesa un momento gris, condicionado físicamente y lejos de su explosividad habitual. El centro del campo fue más obrero que creativo. Y la defensa mostró dudas en acciones clave.
El resultado deja la clasificación apretada y devuelve la presión al vestuario blanco. El liderato ya no es cómodo; es un territorio que exige firmeza semanal.
Clasificación y consecuencias
El Real Madrid se mantiene en lo alto, pero con el Barcelona al acecho y un partido menos. El margen se estrecha y el calendario no concede tregua.
Osasuna, por su parte, consolida su fortaleza en casa y se asienta en zona media con aspiraciones europeas si mantiene este nivel competitivo.
El mensaje que deja Pamplona es claro: en LaLiga no basta con el talento. Hay que igualar el hambre del rival. Y esta vez, Osasuna tuvo más.