El técnico celeste salió muy molesto del Coliseum por la gestión de los últimos 25 minutos, cuando el Celta jugó con uno más y no fue capaz de transformar su dominio en la primera victoria del curso.
Claudio Giráldez no escondió su enfado después del 1-1 del Celta ante el Getafe. El entrenador porriñés entendió que su equipo tuvo el partido en un escenario favorable tras el empate de Starfelt y la expulsión de Zaid Romero, pero perdió orden, paciencia y claridad justo cuando debía hacer valer la superioridad numérica.
La lectura del técnico fue especialmente dura con ese tramo final. Giráldez resumió la actuación del equipo con una imagen muy gráfica: «fuimos un pollo sin cabeza». Para el entrenador, el Celta dejó de jugar desde la pausa y la estructura para precipitarse en busca del segundo gol.
La crónica del Getafe-Celta ya reflejaba precisamente esa sensación: mucho balón, dominio territorial y más de veinte minutos con un hombre más, pero muy pocas ocasiones limpias para completar la remontada.
«Con el corazón solo no ganas»
Giráldez insistió en que el problema no fue la falta de voluntad, sino la pérdida de control. Considera que el Celta atacó mucho mejor cuando consiguió circular la pelota con paciencia, fijar al rival y encontrar situaciones claras por fuera. En cambio, tras quedarse el Getafe con diez, el equipo aceleró demasiado y dejó de elegir bien.
El técnico fue tajante al explicar que «con el corazón solo no ganas». Su reproche se centró en que el Celta renunció durante demasiados minutos a aquello que había permitido dominar el encuentro: posesiones largas, buena colocación tras pérdida y capacidad para obligar al Getafe a defender de lado a lado.
Giráldez también apuntó al balón parado como una de las claves del partido. El Getafe se adelantó en una acción de estrategia que el entrenador considera evitable, mientras que el Celta consiguió empatar también desde un córner con el cabezazo de Starfelt. A partir de ahí, el escenario parecía inclinarse claramente hacia los vigueses, pero el equipo no supo gestionarlo.
La falta de victoria empieza a pesar
El entrenador reconoció que la ansiedad por conseguir el primer triunfo pudo influir en los futbolistas. El Celta sigue sin ganar después de cinco partidos y esa necesidad se tradujo, a su juicio, en demasiada prisa durante los minutos finales.
Para Giráldez, la superioridad debía haberse convertido en una sucesión de ataques más largos, obligando al Getafe a bascular, acumular esfuerzos y defender cerca de su área. En lugar de eso, el Celta entró en un partido más desordenado, con faltas, interrupciones y ataques acelerados que favorecieron al equipo de Bordalás.
El mensaje encaja con el que el técnico ya había lanzado tras el empate en Anoeta, cuando reclamó más ambición y mejor toma de decisiones en el último tercio. En Getafe, sin embargo, el problema fue casi el contrario: el equipo quiso resolver demasiado rápido y perdió el control que había conseguido.
El regreso de Borja y Driouech no bastó
Giráldez movió el banquillo buscando más amenaza ofensiva. Borja Iglesias reapareció después de superar sus problemas físicos y Driouech volvió a tener minutos para aportar desborde, pero el Celta no consiguió convertir esas variantes en ocasiones claras.
El entrenador había explicado antes del partido que el extremo neerlandés todavía necesita tiempo para alcanzar su mejor nivel físico. Giráldez calcula que Driouech necesitará alrededor de dos semanas para ponerse a punto, aunque ya considera que puede ofrecer recursos diferentes desde el banquillo.
También relativizó el calor, pese a que el encuentro se disputó con temperaturas muy altas. Giráldez admitió que esas condiciones perjudican el ritmo y el espectáculo, pero rechazó utilizarlo como explicación del empate porque afectaban por igual a los dos equipos.
Un aviso antes de volver a Balaídos
El 1-1 deja al Celta con tres puntos y sin victorias después de cinco encuentros disputados. El técnico no parece preocupado por la clasificación a estas alturas, pero sí por la manera en que el equipo desperdició un contexto tan favorable.
Su mensaje después del partido fue claro: el Celta debe ser un equipo cerebral, táctico y paciente, especialmente cuando consigue instalarse en campo rival. En Getafe hubo fases en las que lo hizo bien, pero los últimos 25 minutos dejaron a Giráldez especialmente insatisfecho. El empate no le dolió tanto como la forma de gestionar la oportunidad de ganar.