El técnico del Celta valora la reacción de la segunda mitad, pero cree que su equipo dejó escapar dos puntos por no atacar con suficiente determinación el último tercio.
Claudio Giráldez no salió de Anoeta satisfecho únicamente por haber sumado. El 0-0 ante la Real Sociedad dejó al Celta más sólido y con una segunda mitad de claro crecimiento, pero el entrenador celeste puso el foco justo donde vuelve a doler: la falta de decisión cuando el equipo consigue llegar a zonas de peligro.
El técnico considera que el partido fue evolucionando a favor de los suyos después de un inicio complicado, en el que la Real encerró al Celta durante aproximadamente un cuarto de hora. Superado ese tramo, el conjunto vigués ganó altura, control y capacidad para jugar en campo contrario, especialmente después del descanso.
La lectura de Giráldez, recogida este viernes por La Voz de Galicia, es exigente: «Nos falta ese punto de ambición o atrevimiento». No cuestiona tanto la capacidad del equipo para progresar como lo que sucede cuando aparece la posibilidad de acelerar, filtrar el último pase o terminar la jugada.
De resistir a mandar, pero sin rematar el trabajo
El Celta sufrió durante el primer tramo y necesitó varias intervenciones de Andrei Radu para sostenerse. A partir de ahí fue equilibrando el encuentro hasta completar una segunda mitad mucho más reconocible. M90 contó en la crónica del Real Sociedad-Celta cómo el equipo ganó metros, hizo retroceder a su rival y encontró mejores situaciones con Antañón, Aspas y la entrada de Driouech.
Eso es precisamente lo que eleva la exigencia del entrenador. Giráldez entiende que, una vez superado el arreón inicial, el partido ofrecía una ventana real para ganar. Su sensación final es que el Celta dejó dos puntos por el camino porque varias ventajas ofensivas no llegaron siquiera a convertirse en ocasiones claras.
El problema enlaza con una tendencia del inicio de temporada. El Celta ha marcado solo un gol en cuatro jornadas y continúa encontrando muchas más dificultades para transformar su juego en remates y goles que para avanzar hasta las inmediaciones del área. La cuestión ya había aparecido antes del partido en EL DESCUENTO sobre la producción ofensiva del Celta.
El miedo a jugar hacia adelante
Giráldez introdujo además un matiz táctico relevante: detectó demasiado respeto a la hora de acelerar. El Celta aceptó durante algunos minutos un bloque más bajo del que pretendía, condicionado por la calidad de la Real, pero cuando recuperó el control tampoco siempre eligió la opción más agresiva con balón.
La frase resume bien la insatisfacción del técnico: «Hemos jugado con un poco de miedo a ir hacia adelante». No se trata, por tanto, de reclamar más posesión, sino de que esa posesión tenga colmillo. Más pases verticales cuando aparece la ventaja, más jugadores atacando el área y más decisión para finalizar.
La apuesta inicial también dejó señales. Andrés Antañón respondió a su titularidad con personalidad, mientras Couhaib Driouech sumó sus primeros minutos oficiales como celeste. Giráldez reconoció después que el extremo incluso pudo jugar algo más de lo previsto para su estado físico actual, pero confía en que vaya ofreciendo nuevas soluciones en ataque.
Getafe, siguiente examen inmediato
El calendario no concede demasiado tiempo para digerir el empate. El Celta visita ahora al Getafe y Giráldez ya mira al Coliseum como otro escenario que exigirá personalidad con balón y mayor determinación cerca del área.
La portería a cero y la capacidad para cambiar el guion en Anoeta son dos pasos adelante. El siguiente tiene que darse donde se deciden los partidos. El Celta necesita convertir el control en ocasiones y las ocasiones en goles. Giráldez, lejos de conformarse con el punto, ya ha señalado el camino.