El Celta llega a Anoeta con un dato que pesa más que cualquier dibujo táctico: solo ha marcado un gol en sus tres primeros partidos de Liga. Y ese tanto lleva la firma de Iago Aspas. El problema no es únicamente la cifra. Es que, otra temporada más, el equipo empieza mirando al moañés cuando el partido exige alguien que convierta el juego en goles.
La ausencia de Borja Iglesias agrava el escenario. Claudio Giráldez ha ganado alternativas con Couhaib Driouech y mantiene perfiles como Ferran Jutglà, Pablo Durán o Hugo Álvarez, pero el Celta necesita que el reparto ofensivo deje de ser una promesa y se convierta en producción real.
Crear no basta si nadie termina la jugada
El Celta de Giráldez quiere atacar desde la elaboración, juntar gente por dentro, ensanchar con los carriles y llegar con varias alturas. Es una idea reconocible y que en muchos tramos permite instalar al equipo cerca del área rival. Pero la posesión ofensiva solo adquiere valor cuando acaba generando remates limpios y, sobre todo, goles.
El inicio de curso ha dejado al equipo con un solo tanto y con una sensación repetida: necesita demasiadas secuencias para hacer daño. La comparación con la temporada pasada también invita a la cautela. Como recuerda este jueves Radio Vigo, varios atacantes celestes tardaron entonces semanas o meses en estrenarse.
La diferencia es que ahora el margen emocional es menor. El Celta afronta Anoeta con un punto de nueve y la necesidad de reaccionar. Un mal arranque no define una temporada, pero sí puede condicionar confianza, jerarquías y decisiones.
Aspas sigue siendo solución, pero no puede ser el sistema de emergencia
Iago Aspas conserva una capacidad extraordinaria para leer el último tercio. Puede recibir entre líneas, acelerar una jugada que parecía plana o inventar un remate donde no existía una ocasión clara. Precisamente por eso resulta tentador convertirlo en la respuesta automática.
Pero el Celta necesita lo contrario: que Aspas sea un lujo competitivo y no un salvavidas permanente. A sus 39 años, pedirle que siga sosteniendo por sí solo el peso goleador no parece una planificación sostenible.
Ahí aparece el verdadero examen para Jutglà, Pablo Durán, Hugo Álvarez y, cuando esté disponible, Borja Iglesias. También para Driouech, que entra por primera vez en una convocatoria celeste para el duelo de Anoeta. M90 ya explicó que el partido ante la Real abre una oportunidad inmediata de reacción.
Anoeta puede cambiar el relato
Tres jornadas constituyen una muestra demasiado pequeña para dictar sentencia. Pero son suficientes para identificar una tendencia. El Celta necesita repartir el gol, atacar mejor el área y encontrar más rematadores capaces de convertir una buena posesión en una ocasión decisiva.
La plantilla tiene recursos. Ahora toca demostrarlo. Porque el gran salto ofensivo del Celta no llegará cuando Aspas vuelva a marcar —eso lleva años ocurriendo—, sino cuando el equipo sea capaz de ganar también los días en los que su capitán no tenga que inventarlo todo.