Hay victorias que sirven para presumir de fútbol y otras que sirven para seguir respirando. La del Deportivo ante Osasuna pertenece a las segundas. El 2-1 de Riazor no arregla las carencias del equipo de Antonio Hidalgo, pero sí corta una racha de seis jornadas sin ganar, devuelve la confianza y deja tres puntos de enorme valor ante un adversario que había llegado al encuentro empatado a once con los coruñeses. Lo ocurrido en la remontada del Deportivo ante Osasuna tiene más importancia por sus consecuencias que por la belleza de su desarrollo.
El resultado era una urgencia, no un capricho
Seis partidos sin ganar desgastan más que la clasificación. Generan dudas en las decisiones, ansiedad en el área y una sensación peligrosa: que cualquier error va a costar un gol y cualquier ocasión propia se quedará sin premio. Con once puntos después de diez jornadas, el Deportivo no estaba en una situación irreversible, pero sí a las puertas de un calendario que no invita a desperdiciar enfrentamientos directos.
Osasuna representaba precisamente eso: un equipo de su misma pelea, con los mismos once puntos antes de visitar Riazor. Ganarle no implica garantizar la permanencia ni resolver la temporada en noviembre, pero sí impide que un rival de esa zona se lleve tres puntos de A Coruña. No es solo sumar; es evitar que los sume quien puede estar compitiendo por objetivos parecidos en primavera.
Del error de Leo Román a la respuesta colectiva
El Deportivo comenzó mejor y tuvo opciones de adelantarse por medio de Yeremay. No aprovechó sus ocasiones y, cuando parecía controlar el partido, volvió a conceder uno de esos goles que un equipo con urgencias no puede regalar. El fallo de Leo Román en la salida permitió a Budimir marcar el 0-1. Lo preocupante no fue únicamente el error individual: fue la fragilidad que transmitió el equipo durante varios minutos después de encajarlo.
Y conviene decirlo: durante buena parte del encuentro, el Deportivo no ofreció el fútbol necesario para despejar todas las dudas. Hubo posesiones sin profundidad, pérdidas de ritmo y momentos en los que Osasuna parecía sentirse más cómodo con el escenario que los locales. Ganar no obliga a adornar el análisis ni convierte automáticamente en excelente una actuación irregular.
Pero también hay que reconocer lo que cambió. Yeremay volvió a insistir hasta provocar la falta del empate. Mario Soriano la transformó, Luismi Cruz rozó la remontada en el larguero y Adama dio al equipo un desborde que no encontraba. Bil Nsongo, atento al rechace, remató la operación. Ahí estuvo una virtud fundamental: el Dépor no confundió haber jugado mal algunos tramos con tener que resignarse a perder.
Hidalgo acertó con Adama, pero tiene trabajo por delante
La entrada de Adama fue decisiva. Cambió la geografía del ataque blanquiazul, obligó a Osasuna a retroceder y dio sentido a las llegadas por fuera. Lo confirmó su participación en el 2-1. En los rendimientos individuales del Deportivo–Osasuna, el extremo se ganó un protagonismo que va más allá de la jugada final.
Ahora bien, a Hidalgo le corresponde encontrar una manera de que su equipo sea peligroso antes de tener que recurrir a la épica. La salida de balón no puede seguir siendo una ruleta rusa; tampoco puede dependerse siempre de una acción aislada de Yeremay, una falta de Soriano o la energía de un suplente. Esa es la diferencia entre escapar de una mala racha y construir una trayectoria estable.
La reaparición de Aubameyang, por su parte, amplía el repertorio ofensivo. Es una buena noticia deportiva, pero conviene manejar su recuperación sin exigirle que solucione por sí solo todo lo que el equipo no ha resuelto en las últimas semanas.
Lo que viene explica por qué había que ganar hoy
El próximo compromiso será el sábado 7 de noviembre a las 16:15 ante el Espanyol, a domicilio. Después llegará otra salida, frente al Alavés el sábado 21, y el Barcelona visitará Riazor el 29 de noviembre, conforme al calendario publicado. Es una secuencia que combina rivales de exigencia distinta y escenarios incómodos. Nadie puede dar por hechos los puntos que vendrán.
Por eso el partido contra Osasuna valía tanto. Si el Deportivo hubiera enlazado una séptima jornada sin ganar, habría emprendido esa serie de partidos con las dudas agrandadas y la necesidad de recuperar los puntos perdidos frente a un competidor directo. En cambio, sale con una victoria a la espalda y margen emocional para trabajar sobre sus defectos.
Los tres puntos no borran los problemas; permiten afrontarlos
La victoria no debe convertirse en una coartada. El error en el 0-1, las ocasiones falladas y la falta de continuidad siguen ahí. El larguero de Osasuna en el descuento también recordó lo fina que fue la línea entre la celebración y un nuevo disgusto. Si el Dépor quiere sostenerse en Primera, tendrá que competir con menos sobresaltos.
Pero el fútbol también se juega en la cabeza. Después de seis jornadas sin ganar, sacar adelante un encuentro que se había torcido puede ser más útil que firmar un partido brillante y volver a quedarse sin recompensa. Hidalgo tiene una semana para corregir y preparar la salida al Espanyol; esta vez podrá hacerlo desde la victoria.
El Deportivo no dio una exhibición ante Osasuna. Dio algo que necesitaba todavía más: una respuesta. La mala racha ya está rota. El siguiente paso consiste en demostrar que no ha sido únicamente un alivio de una noche.
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