El Celta no solo está encontrando dificultades para convertir su dominio en goles. También se ha convertido en el equipo que más faltas recibe de sus rivales: después de cinco partidos, los celestes acumulan 71 infracciones sufridas, más que ningún otro conjunto de Primera División.
El dato, publicado por Diario AS, ayuda a explicar una parte del atasco ofensivo. El equipo de Claudio Giráldez intenta progresar mediante la conducción, el pase interior y el desborde, pero muchos ataques terminan antes de alcanzar el área. Sevilla, con 60 infracciones recibidas, y Racing de Santander, con 58, aparecen por detrás.
Una media superior a catorce faltas por encuentro
La distribución muestra que no se trata de un partido aislado. El Celta recibió 17 faltas ante Athletic y Valencia, 16 frente a Osasuna y 15 contra la Real Sociedad. La excepción fue el empate en el Coliseum, donde el Getafe cometió ocho.
Precisamente ese encuentro dejó la única expulsión de un rival celeste durante este arranque: Zaid Romero vio la segunda amarilla en el minuto 67. El Celta jugó más de veinte minutos con superioridad, pero no encontró el segundo gol. Antes, frente a Osasuna, fue Marcos Alonso quien dejó a los vigueses con diez.
La paradoja es evidente. Recibir más faltas que nadie debería facilitar escenarios a balón parado, amonestaciones y tramos de superioridad. Sin embargo, el Celta no está convirtiendo esa ventaja estadística en una producción ofensiva suficiente. Solo ha marcado dos goles en cinco jornadas, su peor registro a estas alturas del siglo.
Swedberg, el celeste más castigado
Williot Swedberg concentra buena parte de esas interrupciones. El sueco ha recibido 11 faltas y ocupa el cuarto puesto de LaLiga en la clasificación individual, solo seis por debajo de Vinícius, líder del apartado. Ferran Jutglà, Sergio Carreira y Aleix Febas suman siete cada uno.
El perfil de los futbolistas afectados no es casual. Son jugadores encargados de acelerar, conducir o romper líneas, justo las acciones que el rival trata de cortar antes de que generen una ventaja mayor. Esa respuesta defensiva reduce el ritmo de los partidos y obliga al Celta a reiniciar ataques una y otra vez.
Las interrupciones también forman parte del problema
Los celestes cometen bastante menos de lo que reciben: 52 faltas, una media cercana a diez por encuentro. También presentan un balance favorable de amarillas, con ocho propias y doce mostradas a los adversarios.
Pero la superioridad disciplinaria todavía no tiene reflejo en los resultados. Giráldez ya reclamó más orden y paciencia tras el final descontrolado de Getafe. El siguiente paso pasa por mantener esa claridad cuando el juego se corta y aprovechar mejor las acciones a balón parado que genera tanta infracción rival.
El Celta recibe más golpes que nadie, pero el dato solo tendrá valor competitivo cuando consiga transformar esas interrupciones en ocasiones, goles y puntos.