El Celta ha marcado dos goles en sus cinco primeros partidos de LaLiga 2026/27. El empate de Carl Starfelt en Getafe mejoró el balance, pero no cambió el diagnóstico: es el arranque menos goleador del club en sus últimas 21 temporadas en Primera División.
La dimensión histórica del dato, recopilada por La Voz de Galicia, amplía la alarma que ya dejaban las cuatro primeras jornadas. Desde el cambio de siglo, el Celta nunca había bajado de tres tantos a estas alturas cuando militaba en la máxima categoría. Incluso en los comienzos más atascados de 2016/17, 2019/20 y 2020/21 había alcanzado esa cifra.
Más remates en Getafe, la misma dificultad
El partido del Coliseum mostró una pequeña evolución en volumen, pero todavía no en precisión. El Celta terminó con 16 disparos y solo tres encontraron portería: cinco fueron bloqueados y ocho salieron desviados. El gol, además, llegó por medio de un central en una acción a balón parado. Iago Aspas y Starfelt son los únicos goleadores celestes del curso.
La crónica del 1-1 ante el Getafe ya dejó la contradicción principal: el equipo volvió a tener más balón que su rival y jugó con superioridad numérica desde el minuto 67, pero no consiguió convertir ese dominio en una remontada. La posesión sirve para instalarse arriba; no garantiza por sí sola profundidad, desborde ni remates limpios.
Claudio Giráldez fue especialmente duro con la gestión de ese tramo final. Su descripción del equipo como un «pollo sin cabeza» apuntaba a algo más amplio que la puntería: cuando el contexto pedía pausa, amplitud y selección de centros, el Celta aceleró sin ordenar los ataques. La falta de gol no nace únicamente en el delantero; también aparece cuando el equipo llega al área sin ventaja.
Una defensa que mantiene todos los partidos abiertos
El contrapeso está en su propia portería. El Celta ha encajado cinco goles en cinco jornadas y no ha recibido más de dos en ningún encuentro. Esa estabilidad le permitió sumar tres empates pese a su producción ofensiva mínima y explica que la situación todavía sea corregible sin que la clasificación se haya roto.
Andrei Radu sostuvo al equipo en varios tramos, mientras que la zaga ha ganado recursos con la recuperación de Starfelt y la llegada de Sebastián Cáceres. El problema es que esa solidez obliga a rozar la perfección: con una media de 0,4 goles por partido, cualquier desajuste defensivo pesa demasiado.
El reto no es tirar más, sino llegar mejor
El regreso de Borja Iglesias aumenta las alternativas de área, pero el delantero todavía necesita ritmo. Ferran Jutglà, Couhaib Driouech, Pablo Durán y Hugo González ofrecen perfiles distintos, aunque ninguno puede resolver en solitario una circulación que a menudo pierde claridad en los últimos metros.
El uno por uno de Getafe señaló precisamente a Hugo González como el atacante que más agitó el partido. Esa aparición deja una vía: más uno contra uno, más rupturas y menos ataques previsibles alrededor de un bloque ya organizado. El Celta necesita convertir su control territorial en ocasiones que obliguen al portero rival a intervenir.
La temporada pasada el equipo de Giráldez llevaba 13 goles después de cinco jornadas y terminó con 59. Comparar ambos comienzos no implica exigir aquella velocidad de inmediato, pero sí muestra cuánto ha cambiado la amenaza celeste. La estructura permite sobrevivir; recuperar el colmillo decidirá si los empates empiezan a convertirse en victorias.