El Deportivo ha construido una plantilla con nombres de impacto, pero una de sus mayores fortalezas puede estar en la sala de máquinas. Mario Soriano, Lorenzo Amatucci y Marc Casadó reúnen una cantidad de talento con balón que abre a Antonio Hidalgo un abanico enorme para gobernar partidos desde la posesión.
No es necesariamente el centro del campo más físico de LaLiga, ni falta que hace para que pueda convertirse en diferencial. El Dépor tiene varios futbolistas capaces de pedirla bajo presión, girarse, encontrar al hombre libre y jugar hacia delante. Cuando se juntan suficientes jugadores a los que no les quema la pelota, la estructura del equipo cambia por completo.
Soriano, Amatucci y Casadó: tres perfiles que se complementan
Mario Soriano aporta movilidad, pausa y capacidad para recibir entre líneas. Es un futbolista que entiende dónde aparecen los espacios y que, cuando el Deportivo consigue instalarse en campo contrario, puede convertirse en uno de los principales conectores entre la base de la jugada y los hombres de ataque.
Lorenzo Amatucci ofrece otra cosa. El italiano, de 22 años, ha entrado con naturalidad en el equipo y permite dar continuidad a la circulación desde posiciones más retrasadas. Tiene buen pie, criterio para ofrecer una salida limpia y una lectura que encaja especialmente bien en partidos en los que el Dépor pretende llevar la iniciativa.
La última pieza es Marc Casadó, incorporado en el cierre del mercado cedido por el FC Barcelona hasta junio de 2027 con opción de compra. El catalán llega con experiencia en Primera y Champions y con una característica especialmente valiosa para este equipo: está acostumbrado a recibir rodeado de rivales, perfilarse rápido y dar continuidad a la jugada sin esconderse.
Casadó ya tuvo sus primeros minutos como deportivista en la victoria por 2-3 ante el Villarreal en La Cerámica, entrando en la segunda mitad. Amatucci completó el encuentro y el contexto sirve para entender la profundidad que ha acumulado Hidalgo en esa zona.
Un Dépor que puede querer la pelota
La gran virtud de esta medular aparece en partidos en los que el Deportivo puede ser protagonista. Con Soriano, Amatucci y Casadó juntos, el equipo gana apoyos por dentro, líneas de pase y capacidad para superar presiones sin recurrir siempre al juego directo.
El valor no está solo en conservar la posesión. Está en utilizarla para avanzar. Tener varios centrocampistas capaces de recibir de espaldas, girarse y encontrar un pase vertical permite que el Dépor salga de zonas congestionadas y llegue al último tercio con más futbolistas de cara.
Eso también puede ayudar a Yeremay, Adama, Aubameyang o los jugadores que ocupen las bandas y la punta. Cuanto mejor llegue el balón a los metros finales, menos tendrán que fabricar las jugadas desde cero.
Luismi y Riki amplían todavía más el abanico
La nómina no termina en ese posible trío. Luismi Cruz ofrece una solución de enganche, un futbolista capaz de recibir entre líneas, girarse y pisar zonas cercanas al área. Riki, por su parte, añade otra pieza asociativa y permite mantener el nivel técnico cuando Hidalgo modifica el centro del campo durante los partidos.
El propio fondo de armario que el Dépor mostró en La Cerámica es una de las grandes diferencias respecto al inicio del curso. Hidalgo puede cambiar perfiles sin renunciar necesariamente a la idea de tener la pelota.
Y todavía aparece Diego Villares como alternativa para encuentros que reclamen más recorrido, energía o equilibrio. No todos los partidos pedirán el mismo centro del campo y ahí puede estar otra de las ventajas: el técnico tiene piezas para modificar la receta.
La posesión también puede proteger al equipo
La incógnita está en el equilibrio. Una medular con tantos jugadores de asociación necesita que el equipo mantenga distancias cortas. Si el partido se rompe y se convierte en una sucesión de transiciones, el Dépor puede perder parte de su ventaja. Si consigue instalarse arriba y protegerse con balón, la historia cambia.
Porque tener la pelota también es una forma de defender. Cuanto más tiempo sea capaz el Deportivo de mandar a través de sus centrocampistas, menos tendrá que correr hacia atrás y menos ataques podrá construir el rival.
Casadó acaba de llegar y esta sociedad todavía está por cocinar. No hay motivo para dar por hecho que Soriano, Amatucci y Casadó vayan a formar siempre juntos ni que la fórmula vaya a funcionar de manera automática. Pero las piezas están ahí.
Si Hidalgo consigue encontrar el equilibrio y hacer convivir todo ese talento, el centro del campo puede convertirse en una de las grandes fortalezas del Deportivo esta temporada. Hay mucho buen pie. Y, sobre todo, muchos futbolistas dispuestos a pedir la pelota cuando quema.