Un vendaval desde el minuto 18 que dejó sin respuesta al Racing
El Racing de Ferrol no encontró nunca el pulso al partido y acabó desbordado por un Real Madrid Castilla que convirtió cada recuperación en una amenaza real. El 0-5 final refleja con crudeza lo que se vio sobre el césped: un equipo visitante con ritmo, precisión y colmillo frente a un conjunto local que fue perdiendo pie con el paso de los minutos.
El primer golpe llegó tras una pérdida en campo propio que aprovechó Jacobo Ortega para filtrar el pase a Alexis Ciria, que definió con frialdad. Ese gol abrió un escenario incómodo para los ferrolanos, obligados a ir a remolque demasiado pronto.
Un primer tiempo que sentenció el partido
Lejos de reaccionar, el Racing volvió a conceder. Jacobo Ortega firmó el segundo tras una acción individual en el área, y poco después apareció César Palacios para ampliar la ventaja con una definición precisa, demostrando su instinto en zonas decisivas.
El equipo local intentó estirarse en acciones aisladas, con un remate de Artetxe y alguna llegada de Álvaro Juan, pero se topó con un seguro Sergio Mestre. Cuando parecía que el descanso podía ser un punto de inflexión, llegó otro mazazo: Pol Fortuny aprovechó un balón suelto para firmar el cuarto antes de pasar por vestuarios.
Sin reacción tras el descanso
El paso por el vestuario no cambió el guion. El Racing trató de dar un paso adelante con los cambios, buscando más presencia ofensiva, pero cada intento encontraba la misma respuesta: orden defensivo del Castilla y transiciones rápidas.
En una de esas acciones, Pol Fortuny volvió a aparecer para cerrar la goleada con el quinto tanto. El partido quedó entonces visto para sentencia, con un Racing más voluntarioso que efectivo y un Castilla gestionando ventajas con madurez.
Un partido que deja señales claras
Más allá del resultado, el encuentro dejó varios mensajes futbolísticos. El Racing sufrió especialmente en la salida de balón y en las vigilancias defensivas, dos aspectos que el Castilla explotó con precisión quirúrgica.
La presión alta visitante provocó errores en zonas sensibles, y cada pérdida se convirtió en una ocasión clara. A eso se sumó la falta de contundencia en ambas áreas, un detalle que en esta categoría suele marcar diferencias.
El ambiente en A Malata, con pitos en el tramo final y la grada perdiendo paciencia, evidenció el malestar tras un partido que se torció demasiado pronto y nunca volvió a su cauce.
De fondo, sin hacer demasiado ruido pero cada vez más presente, queda esa sensación incómoda: un equipo que hace no tanto soñaba en grande ahora necesita reencontrarse cuanto antes para evitar complicaciones mayores.