
El Racing de Ferrol encara el tramo final de la temporada con el pulso tembloroso. A seis jornadas del cierre, la permanencia aún no está atada y el equipo transmite una fragilidad impropia de quien hace apenas dos años celebraba un ascenso al fútbol profesional. La historia reciente del club bajo el Grupo Élite, con Ignacio Rivera al frente, es una montaña rusa que hoy vuelve a apuntar hacia abajo. Y lo más inquietante es que no es una caída inesperada, sino el resultado de decisiones que no supieron consolidar lo que se había construido.
El origen: soñar era gratis… pero la realidad golpeó primero
En noviembre de 2017, el Racing estaba herido. Con Miguel Ángel Tena en el banquillo, el nuevo mando encabezado por Carlos Mouriz tomó una decisión inmediata: relevar al técnico y apostar por Ricardo López.
En aquellos primeros meses, desde la propiedad se lanzaba un mensaje que caló en el racinguismo: “soñar es gratis”. Una frase que acompañó al club en sus primeros pasos bajo el nuevo proyecto.
Pero no hubo margen para el romanticismo. El descenso a Tercera División fue inevitable. Ese primer capítulo dejó claro que el sueño necesitaba algo más que ilusión: necesitaba estructura.
La reconstrucción: cuando el Racing volvió a tener identidad
El equipo encontró orden y sentido con Emilio Larraz. Ascenso inmediato, bloque sólido, mentalidad competitiva.
No era un equipo de brillo, pero sí de fiabilidad. Y cuando el crecimiento se estancó, Mouriz volvió a mover ficha.
La destitución de Larraz en la 2020-21 y la llegada de Cristóbal Parralo supusieron un giro decisivo que elevó el techo competitivo del equipo.
La cima: una “meta volante” que parecía el inicio de algo mayor
Con Parralo, el Racing alcanzó su mejor versión.
Primero consolidándose en Primera Federación, después rozando el ascenso y finalmente logrando en 2023 el regreso a Segunda División. Un equipo reconocible, competitivo, con una identidad clara.
Fue entonces cuando Ignacio Rivera dejó otra frase que definía la ambición del proyecto: “esto es una meta volante”.
El mensaje era claro: el objetivo no era solo llegar, sino seguir creciendo. La Primera División aparecía en el horizonte como el gran destino. Pero ese impulso nunca llegó a consolidarse.
El aviso ignorado: dos caras en Segunda División
La temporada 2023-24 fue el punto de inflexión.
Primera vuelta brillante, de equipo revelación.
Segunda vuelta preocupante, con números de descenso.
El Racing se salvó gracias al colchón, pero dejó una señal inequívoca: algo se estaba rompiendo. El problema no fue la caída. Fue no interpretarla.
2024-2025: del golpe en Santander al descenso sin red
La siguiente temporada terminó de desnudar todas las carencias del proyecto.
Tras una durísima derrota por 6-0 en Santander, el club decidió destituir a Cristóbal Parralo, el técnico que había llevado al Racing a su etapa más brillante reciente.
La apuesta para sustituirlo sorprendió: llegó Alejandro Menéndez, un técnico veterano que llevaba años alejado de los banquillos. La reacción nunca llegó, el equipo no se levantó y el descenso fue inevitable.
Una decisión que, vista en perspectiva, marcó el inicio del colapso definitivo del proyecto deportivo.
El cambio sin rumbo: de Pablo López a Romo, cuando el equipo se rompe
Tras la salida de Carlos Mouriz, el club apostó por recuperar parte del ADN ganador con Pablo López, segundo de Parralo en la etapa dorada.
Y aunque el equipo no enamoraba en sensaciones, los resultados acompañaban: el Racing se mantuvo durante muchas jornadas en puestos de playoff.
Pero la propiedad y Álex Vázquez decidieron cambiar el rumbo con la llegada de Guillermo Fernández Romo. El efecto fue el contrario al esperado.
El equipo empeoró de forma alarmante, entrando en una espiral negativa que tuvo su punto más crítico en el 0-5 en A Malata ante el Real Madrid Castilla.
Una derrota que dejó una imagen demoledora: aficionados marchándose al descanso con un 0-4 en el marcador.
Grupo Élite en el presente: del discurso ambicioso a la realidad incómoda
El contraste es inevitable. Del “soñar es gratis” al miedo real por no descender.
De la “meta volante” hacia Primera… a no tener asegurada la permanencia en Primera Federación.
El Grupo Élite ya no puede sostenerse en el relato inicial. Hoy, las decisiones recientes pesan más que los aciertos del pasado.
Con Ignacio Rivera como figura visible, la responsabilidad es directa.
El síntoma más preocupante: la desconexión con la grada
El Racing no solo ha perdido puntos. Ha perdido vínculo.
El equipo que ilusionaba ha dado paso a uno que genera frustración.
La grada ya no empuja, cuestiona. Y cuando A Malata se vacía antes del descanso, el mensaje es inequívoco.
Seis jornadas, una incógnita… y un ciclo que se repite
El Racing aún puede salvar la categoría. Depende de sí mismo.
Pero el problema no es solo deportivo. Es estructural.
El club ha pasado de construir con sentido… a tomar decisiones que lo han devuelto al punto de partida.
Conclusión: cuando el sueño se queda sin proyecto
El Racing de Ferrol ha completado el viaje. Del sueño… al logro… y del logro al desencanto.
Las frases que marcaron el inicio del camino siguen resonando hoy, pero con otro significado.
Porque en el fútbol, soñar es gratis. Lo difícil es sostener ese sueño cuando se convierte en realidad.
Y ahora mismo, el Racing no está sabiendo hacerlo. Es la prueba de que el proyecto, tal y como está concebido hoy, se ha quedado sin rumbo.