La lesión de Iago Aspas llega justo cuando el Celta abre una semana de enorme carga competitiva. El capitán figura en el parte médico oficial con una posible rotura fibrilar en el recto anterior del muslo izquierdo y pendiente de pruebas. Sin entrar en plazos que el club todavía no ha confirmado, el escenario inmediato obliga a Claudio Giráldez a resolver una pregunta que va bastante más allá de quién ocupará una posición: ¿quién hace de Aspas cuando Aspas no está?
El Celta visita este miércoles al Omonia en el estreno de la Europa League y recibe el sábado al Racing de Santander. Dos partidos distintos, pero con una misma exigencia: encontrar soluciones ofensivas sin el futbolista que mejor interpreta cuándo acelerar, cuándo recibir entre líneas y cuándo convertir una posesión aparentemente inocua en una ocasión.
Aspas no es solo el rematador
Reducir la ausencia del moañés a sus goles sería quedarse con la parte más visible del problema. Aspas sigue siendo una referencia para ordenar el último tercio. Baja a recibir, atrae marcas, detecta el desmarque antes que muchos compañeros y, sobre todo, entiende el ritmo emocional de los partidos.
Eso pesa especialmente en un Celta que ha tenido dificultades para transformar dominio en ocasiones claras durante este inicio de Liga. Ya antes de la lesión, M90 advertía de que el equipo no podía seguir esperando que Aspas resolviese siempre el gol. Ahora la cuestión es más amplia: tampoco puede esperar que sea siempre él quien dé sentido a los ataques cuando el encuentro se atasca.
Ante Osasuna apareció precisamente esa capacidad para cambiar un partido con una acción. Aspas adelantó al Celta en Balaídos antes de que la expulsión de Marcos Alonso alterase por completo el encuentro. Es la clase de intervención que no necesita una larga secuencia de dominio para resultar decisiva.
Jutglà tiene que asumir gol; otros, la creación
El reparto de responsabilidades no debería buscar un clon de Aspas porque no lo hay. Ferran Jutglà aparece como uno de los futbolistas llamados a asumir más peso en la finalización. Viene, además, de marcar ante el Málaga tras una asistencia de Hugo González, una conexión que ofrece una pista: el Celta necesita que sus atacantes conviertan en producción el volumen de juego que genera.
Hugo González puede aportar desequilibrio y último pase. Williot Swedberg ofrece llegada desde segunda línea. Pablo Durán añade profundidad y agresividad atacando espacios cuando está disponible. Driouech puede romper partidos desde el uno contra uno. Y Miguel Román e Ilaix Moriba tienen la responsabilidad de hacer llegar el balón a zonas de ventaja sin que cada ataque necesite pasar por el pie izquierdo del capitán.
La solución, por tanto, parece colectiva. Si Giráldez intenta reemplazar a Aspas con un solo nombre, probablemente perderá parte de lo que hace especial al diez. Si distribuye sus funciones, el Celta puede convertir la ausencia en una prueba útil para el crecimiento de la plantilla.
El reto más difícil: decidir bien cuando quema el balón
Hay una faceta todavía menos cuantificable. Aspas sabe leer el momento del partido. Es el futbolista al que sus compañeros buscan cuando Balaídos se impacienta, cuando el rival se encierra o cuando quedan diez minutos y cada posesión parece definitiva.
Ese liderazgo ya había aparecido fuera del campo en este arranque complicado. Tras el empate en Getafe, el capitán pidió no bajar los brazos en un momento en el que el Celta seguía sin encontrar la victoria. Su peso competitivo no termina cuando su nombre desaparece del once.
Ahora Giráldez necesita que esa jerarquía se reparta. Marcos Alonso, Starfelt e Ilaix pueden aportar mando; Jutglà debe crecer como referencia ofensiva; y los jóvenes tienen que aceptar más responsabilidad con balón. El equipo ya demostró en Getafe que puede encontrar chispazos por otras vías: Hugo González fue uno de los futbolistas que agitó el ataque en el Coliseum.
Europa llega en el momento exacto para medir al Celta
El calendario no concede una semana de laboratorio. El Celta juega el miércoles en Nicosia ante el Omonia, en un estreno europeo que llega después de un tramo de enorme exigencia física. La planificación del viaje a Chipre ya estaba condicionada por el escaso margen entre partidos.
La ausencia de Aspas añade otra capa al desafío. Pero también convierte estos encuentros en un examen muy revelador sobre la evolución del proyecto. El Celta lleva años intentando que su identidad sobreviva a los días en los que su mejor futbolista no puede resolver el partido.
No se trata de demostrar que Aspas no es imprescindible. Su trayectoria y su influencia hacen absurdo ese debate. Se trata de algo más útil: demostrar que el Celta puede seguir siendo reconocible sin necesitar que el diez interprete cada jugada decisiva.
Y esa respuesta no la dará un sustituto. Tendrá que darla el equipo.
Foto: RC Celta.