
El Pontevedra CF recuperó sensaciones y, sobre todo, confianza tras imponerse por 2-0 al Barakaldo CF en un duelo que puede marcar un punto de inflexión en el tramo decisivo de la temporada en la Primera Federación. Después de semanas sin encontrar el camino, el conjunto granate volvió a sonreír en Pasarón y se mantiene con vida en la lucha por los puestos nobles.
Un triunfo que vale más que tres puntos
No era un partido más. El Pontevedra llegaba con la necesidad de cortar una dinámica negativa que había enfriado el sueño del playoff. Y lo hizo en el momento justo.
El equipo dirigido por Rubén Domínguez planteó un partido pragmático, priorizando el orden y el aprovechamiento de los espacios. El resultado fue un encuentro de ritmo contenido, con mucha batalla en la medular y pocas concesiones atrás.
El gol de Comparada antes del descanso permitió al cuadro gallego cambiar el escenario. A partir de ahí, el Pontevedra jugó con ventaja emocional y táctica, algo que no había logrado en semanas anteriores.
Ajustes tácticos y lectura de partido
El técnico granate introdujo matices importantes en su once, buscando mayor control en el centro del campo y verticalidad en ataque. La apuesta por transiciones rápidas dio resultado.
El Barakaldo, por su parte, intentó reaccionar tras el paso por vestuarios. Dio un paso adelante en la posesión, pero le faltó colmillo en los últimos metros. Mucho balón, poca profundidad. Una historia que en el fútbol suele tener castigo.
El Pontevedra, cómodo en su papel, esperó su momento. Y lo encontró en el añadido.
Sentencia con sello de oficio
Con el rival volcado, el conjunto gallego mostró madurez competitiva. En una acción bien gestionada, Resende aprovechó los espacios para cerrar el partido y desatar la euforia en Pasarón.
Un gol que no solo certificaba la victoria, sino que reflejaba algo más importante: el equipo vuelve a creer.
Impacto en la clasificación y lo que viene
Este triunfo permite al Pontevedra reengancharse a la pelea en la zona media-alta de la tabla, en una Primera Federación donde cada punto pesa como una final.
Más allá de la clasificación, la victoria tiene un valor psicológico enorme. El equipo rompe una racha negativa prolongada y afronta las próximas jornadas con otro aire.
Ahora, el reto será darle continuidad. Porque en esta categoría, como bien saben entrenadores y aficionados, no gana el que mejor juega… sino el que mejor compite cuando aprieta el calendario.
Y el Pontevedra, esta vez, jugó como un equipo que quiere algo más.