Antonio Hidalgo no escondió su alivio tras el 2-1 ante Osasuna. El Deportivo acababa de remontar en Riazor gracias a los goles de Mario Soriano y Bil Nsongo y de cortar seis jornadas sin ganar. El entrenador subrayó, por encima de todo, la fortaleza mental de un equipo que volvió a encontrarse en desventaja por un fallo propio y que esta vez sí encontró la respuesta.
Un triunfo que libera al Deportivo
«Subidón grande», resumió Hidalgo al valorar el desenlace de una noche que exigió paciencia, reacción y un esfuerzo final. El técnico consideró merecido el triunfo y destacó que sus futbolistas mantuvieron la calma después de encajar el gol de Budimir. A su juicio, el Dépor evitó precipitarse en busca del empate y siguió creyendo en el plan de partido hasta encontrar la remontada.
El mensaje es especialmente significativo por el momento de los coruñeses. La mala racha había empezado a pesar en el ambiente y el entrenador necesitaba que las buenas sensaciones en algunas fases se tradujeran al fin en tres puntos. Como analizamos en El Descuento, ganar a Osasuna tenía también un valor importante por tratarse de un adversario de la misma zona de la clasificación.
El error de Leo Román: Hidalgo pide revisar la salida de balón
La alegría no impidió una reflexión crítica. Hidalgo reconoció que el gol encajado repitió una situación que el cuerpo técnico debe corregir: la salida desde atrás expuso al equipo a una pérdida que Osasuna castigó con el 0-1. Explicó que el movimiento buscaba conectar con Loureiro a través de un tercer hombre, pero admitió que esa manera de iniciar las jugadas no puede penalizar tanto al conjunto blanquiazul.
Su prioridad sigue siendo aumentar la seguridad defensiva y reducir las ocasiones concedidas a partir de errores propios. El técnico, sin embargo, también quiso proteger al portero. Explicó que Leo Román estaba afectado por lo sucedido y defendió que el vestuario debe acompañar al compañero cuando atraviesa un momento complicado. La imagen de varios futbolistas acercándose al guardameta después del pitido final resumió esa idea.
Adama, un futbolista diferencial al que pide continuidad
La entrada de Adama alteró el partido. Sus arrancadas por fuera dieron profundidad al Deportivo y su centro desencadenó la acción del gol de Nsongo. Hidalgo elogió su capacidad para marcar diferencias, pero también señaló el siguiente desafío del extremo: sostener durante más minutos lo que es capaz de ofrecer en intervenciones más breves.
El entrenador valoró igualmente el tanto de Bil Nsongo. Destacó el trabajo que realiza el delantero con y sin balón y la importancia que tiene para un atacante acompañar ese esfuerzo con goles. El camerunés encontró premio en el momento más oportuno, con una definición cercana a portería que consumó la remontada.
Aubameyang vuelve y Yeremay asume galones
Hidalgo tuvo palabras de reconocimiento para Aubameyang, que reapareció después de su lesión. El técnico explicó que el delantero había trabajado mucho para regresar y destacó su profesionalidad, aunque dejó claro que necesitará seguir recuperando ritmo de competición.
Sobre Yeremay, el entrenador subrayó su papel como referente y capitán. Explicó que el propio jugador ha asumido con mayor conciencia las responsabilidades que conlleva llevar el brazalete, incluida la interlocución con el árbitro, y elogió su evolución. Más allá de las ocasiones que no pudo convertir, el canario participó en una acción clave al provocar la falta que Mario Soriano convirtió en el empate.
El uno por uno del Dépor ante Osasuna refleja precisamente el peso de los futbolistas que cambiaron el encuentro tras el descanso.
El triunfo no elimina el trabajo pendiente
La lectura de Hidalgo combina dos mensajes: satisfacción por la capacidad de reacción y necesidad de seguir ajustando detalles. El Dépor consiguió una victoria de gran valor deportivo y emocional, pero el error que originó el gol visitante y la dificultad para transformar el dominio en ocasiones claras durante algunos tramos continúan siendo asuntos de trabajo.
Esta vez la balanza cayó del lado blanquiazul. Después de seis jornadas sin ganar, el Deportivo pudo celebrar de nuevo en Riazor y su entrenador encontró un argumento para reforzar la confianza del grupo: incluso cuando el partido se torció, sus jugadores no dejaron de creer.
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