El Celta ha cambiado el modo de competir, pero todavía no ha encontrado el premio. Después de un inicio en el que Claudio Giráldez asumía más riesgos con balón y sin él, el equipo ha ido cerrando espacios, bajando pulsaciones y priorizando el control. El problema es que esa evolución no se ha traducido ni en victorias ni en más gol.
Los números lo resumen con crudeza: después de seis jornadas de Liga, el Celta sigue sin ganar. Ha sumado cuatro empates y dos derrotas, con solo tres goles a favor. La derrota por 1-0 ante el Omonia en Europa prolongó además una dinámica en la que al equipo le cuesta muchísimo convertir el dominio en ocasiones claras.
Más control, menos vértigo
El Celta de Giráldez ya no es exactamente el equipo que aceleraba cada posesión y asumía intercambios abiertos. En los últimos partidos se ve una versión más paciente, más pendiente de protegerse tras pérdida y de evitar que el rival encuentre campo para correr.
Ese ajuste tiene lógica después de varios partidos en los que los celestes fueron castigados en transiciones, pero también ha tenido un efecto secundario evidente: el ataque se ha vuelto más previsible. Hay más posesiones largas y menos rupturas, más circulación exterior y menos agresividad entre líneas.
El resultado es un equipo que durante muchos minutos parece tener el partido bajo control, pero al que le cuesta hacer daño de verdad cerca del área.
Tres goles en seis jornadas
La estadística ofensiva es la señal más preocupante. El Celta ha marcado tres veces en seis partidos de Liga. No vio puerta ante Valencia, Athletic ni Real Sociedad; hizo un gol frente a Osasuna, Getafe y Málaga. El balance contrasta con una propuesta que sigue generando bastante volumen de posesión, pero poca producción decisiva.
La baja de Iago Aspas añade una dificultad más. El capitán no solo aporta remate: también acelera la jugada, interpreta espacios y rompe la monotonía cuando el ataque se atasca. Su ausencia obliga al resto de atacantes a asumir más peso creativo.
El Racing mide si el giro funciona
El partido de este sábado ante el Racing de Santander llega en un momento clave. El Celta necesita una victoria, pero también necesita comprobar si este modelo más prudente puede ser compatible con una mayor amenaza ofensiva.
La cita de Balaídos llega después del golpe europeo en Nicosia, donde Giráldez reconoció que al equipo le está saliendo “todo cruz”. Antes, el Celta ya había enlazado cuatro jornadas ligueras sin perder, pero todas ellas acabaron en empate.
El desafío está ahí: mantener el control sin convertirse en un equipo plano. El Celta ha conseguido reducir parte del caos, pero todavía no ha logrado transformar esa estabilidad en goles ni resultados.
Contenido elaborado con asistencia de inteligencia artificial dentro del proceso editorial automatizado de Minuto Noventa.