El club descartó pujar por la plaza vacante en Segunda Federación por su elevado coste y ha optado por reconstruirse desde Tercera con Alberto Mariano, varios refuerzos de peso y el fichaje de Adri Rodríguez, máximo goleador del grupo la pasada temporada.
La SD Sarriana vivió este verano una de esas situaciones que obligan a elegir entre la ambición y la realidad. Después de descender desde Segunda Federación, el club llegó a estudiar la posibilidad de regresar a la categoría aprovechando la vacante que dejó el Arenteiro, pero el precio de salida para pujar por esa plaza —500.000 euros— convirtió la operación en inviable. La decisión fue clara: nada de hipotecar el proyecto. Tocaba volver a empezar desde Tercera Federación.
Ese paso atrás administrativo no ha significado una rebaja deportiva. La Sarriana ha construido un nuevo equipo alrededor de Alberto Mariano y ha buscado una mezcla muy concreta: jugadores con experiencia en el fútbol gallego, talento joven y perfiles capaces de competir desde el primer día. Entre las incorporaciones aparecen Álvaro Uriarte, Iago López, Karl Emmanuel, Osián, Álex Cabarcos, Jairo Luaces, Víctor “Pascu” y Aimar Gómez, además de varios futbolistas que continúan formando parte del bloque.
El fichaje que más ruido ha generado es el de Adri Rodríguez. El delantero llega después de firmar 18 goles con el Céltiga y convertirse en uno de los grandes nombres de la pasada Tercera gallega. Su llegada cambia el techo ofensivo del equipo y ofrece a Mariano un futbolista contrastado en una categoría en la que la diferencia entre competir y aspirar suele estar muchas veces en tener un delantero capaz de transformar partidos cerrados.
El mercado ya venía dejando señales de esa intención. Las incorporaciones de Pascu y Aimar Gómez reforzaron una línea ofensiva que pretende tener más recursos que la pasada campaña, mientras la continuidad de futbolistas identificados con A Ribela permite evitar una reconstrucción completa pese al descenso. El reto será convertir todas esas piezas en un equipo antes de que empiece una liga que no concede demasiado margen para las pruebas.
La Sarriana llega además a la nueva temporada con una experiencia reciente que pocos rivales del grupo pueden presentar. Hace apenas un año competía en Segunda Federación, conoce el ritmo y la exigencia de una categoría superior y ha pasado en muy poco tiempo de la Preferente al fútbol estatal y después a Segunda. El descenso frenó esa escalada, pero no borró el crecimiento estructural del club ni la ambición que se ha instalado en Sarria.
El contexto de la nueva Tercera también invita a pensar en grande. Arosa y Compostela ya no están en el grupo después de lograr el ascenso, mientras otros proyectos importantes atraviesan procesos de renovación. La competición arrancará el primer fin de semana de septiembre con 18 equipos y un nuevo formato de playoff nacional que puede abrir más caminos hacia Segunda Federación.
La diferencia estará en cómo gestione la Sarriana la etiqueta de recién descendido. Ser uno de los equipos señalados en las quinielas puede convertirse en impulso o en peso, especialmente en una categoría donde cada salida exige adaptarse a campos, ritmos y partidos muy diferentes. Mariano tendrá una plantilla con argumentos, pero necesitará que el equipo asuma pronto que el nombre no suma puntos.
Después de descartar un atajo demasiado caro, la ruta está definida. La Sarriana quiere volver a subir, pero pretende hacerlo sin comprometer la estabilidad del club y demostrando en el césped que su paso por Segunda Federación no fue un accidente. Con un pichichi en la plantilla y una estructura que ya sabe lo que es crecer deprisa, A Ribela vuelve a mirar hacia arriba.