
El defensa lucense debutó con el primer equipo del CD Lugo en el último partido de la temporada ante el Arenteiro, cerrando un círculo que comenzó en prebenjamines y que estuvo a punto de romperse por una grave lesión. Hijo de un exjugador rojiblanco, Buide completó los 90 minutos en el Anxo Carro y dejó sensaciones que invitan al optimismo para el futuro del club.
Catorce años después, el momento llegó
No es habitual que un futbolista pase catorce años en el mismo club antes de debutar con el primer equipo. Tampoco lo es que ese debut se produzca después de once meses sin pisar un campo por lesión. Manu Buide, lucense, central diestro y lateral derecho, hijo del exjugador rojiblanco Manuel Buide Paz, debutó el pasado 23 de mayo ante el Arenteiro después de 14 años en el club, desde prebenjamines de primer año. Una trayectoria que habla de paciencia, de resistencia y de un amor por los colores que va más allá de lo profesional.
El partido acabó sin goles, en un 0-0 que cerró una temporada irregular para el CD Lugo. Pero para Buide, ese empate tuvo el sabor de una victoria personal. «Es un sueño para mí», admitió tras estrenarse en el Anxo Carro. Y no era para menos. El defensa jugó todo el partido y fue uno de los más destacados, formando parte de una defensa de tres junto a José Amo y Tomás Balcedo, otro canterano que también cerró el curso con peso en la primera plantilla.
La lesión que pudo acabar con todo
La historia de Buide tiene un capítulo oscuro que hace aún más valioso su debut. Buide viene de una lesión grave y estuvo once meses sin jugar al fútbol, reconociendo que no imaginaba este momento «ni en mis mejores sueños». Once meses son una eternidad en el fútbol, especialmente para un jugador joven que busca abrirse paso. Pero el lucense no tiró la toalla.
Primero volvió al filial, después encadenó tres convocatorias con el primer equipo y en la última jornada llegó el estreno. Un proceso de recuperación que habla de su mentalidad y de la confianza que el cuerpo técnico depositó en él. Álex Ortiz, técnico del Lugo en ese tramo final, le dio la oportunidad en un partido sin presión clasificatoria pero con un valor simbólico enorme para el jugador y para la cantera rojiblanca.
El salto de categoría: de Tercera RFEF a Primera RFEF
Debutar en Primera RFEF no es lo mismo que jugar en Tercera. El salto también le sirvió para medir la distancia entre la Tercera RFEF y la Primera RFEF, y aunque te lo cuentan, hay que vivirlo para darse cuenta, explicó. El ritmo, la intensidad, la calidad de los rivales… todo cambia. Pero Buide no se achicó.
El lucense reconoció que el ritmo es otro y que al principio cuesta adaptarse, pero terminó asentado en un escenario que impone: «Es una gozada jugar aquí, un sueño», comentó sobre el Anxo Carro. Jugar en casa, ante tu gente, después de tanto tiempo en el club, tiene un significado especial. Y más cuando llegas desde la base, cuando has vivido cada etapa del proceso formativo.
La cantera rojiblanca da señales de vida
Buide no fue el único canterano en brillar en ese cierre de temporada. El mallorquín de origen argentino Tomás Balcedo, de 21 años, volvió a ser titular y confirmó las buenas sensaciones que ya había dejado en Balaídos, donde el Lugo ganó al Celta B (0-1) con otra defensa de tres. Además, Mateo Muñoz, canterano y debutante, entró junto a Celorio y dejó dos disparos desde la frontal, ambos desviados por poco, en los mejores minutos del equipo lucense tras el descanso.
Buide resumió el momento con claridad: «Habla muy bien de la cantera». El filial, dijo, ha hecho una buena temporada y lo que ha ocurrido en las últimas semanas es consecuencia de ese trabajo. Una reflexión que pone en valor el trabajo de la base, a menudo invisible pero fundamental para la salud de cualquier club.
Una temporada para olvidar, pero con destellos de futuro
Con este empate el CD Lugo acabó la temporada como noveno clasificado, permaneciendo con holgura en 1ª RFEF. Lejos del play-off, sin billete para la Copa del Rey tras la victoria de Unionistas ante el Racing de Ferrol, y con una sensación agridulce después de un curso en el que las expectativas eran más altas.
Pero entre tanta cuenta pendiente, la irrupción de canteranos como Buide, Balcedo, Mateo Muñoz y Aday Alcalde deja un resquicio de esperanza. Debutaron varios, compitieron bien y dejaron argumentos para contar con ellos a corto plazo. En un club que necesita reconstruirse, que debe mirar hacia adelante con ambición pero también con realismo, tener jugadores de la casa con hambre y calidad es un activo valioso.
El peso del apellido y la responsabilidad de continuar
Ser hijo de un exjugador del club tiene sus ventajas y sus presiones. Manuel Buide Paz vistió la camiseta rojiblanca entre 1994 y 2002, dejando huella en el Anxo Carro. Ahora su hijo sigue sus pasos, pero con su propio camino. Manu Buide, nacido el 11 de mayo de 2005 en Lugo, mide 1,91 metros, juega como central diestro y actualmente milita en el CD Lugo B Polvorín, aunque su debut con el primer equipo abre una puerta que puede cambiar su futuro.
El lucense no ha tenido un camino fácil. Pasó por la cantera del Celta de Vigo en categorías juveniles antes de regresar al Lugo, donde ha completado su formación. Ahora, con 20 años recién cumplidos, tiene por delante la oportunidad de consolidarse en el primer equipo. Pero para eso necesitará continuidad, confianza del nuevo cuerpo técnico y, sobre todo, seguir trabajando con la misma humildad que le ha traído hasta aquí.
¿Qué viene ahora para Buide y el Lugo?
El CD Lugo afronta un verano de cambios. Con Yago Iglesias en el banquillo para la temporada 2025-26 y una plantilla por configurar, la pregunta es si habrá hueco para los canteranos que dieron la cara en el tramo final del curso. Buide tiene argumentos para quedarse. Su físico, su polivalencia (puede jugar de central y de lateral derecho) y su conocimiento del club son bazas importantes.
Pero el fútbol es exigente y las oportunidades no siempre llegan cuando uno las espera. Lo importante es que Buide ya ha dado el primer paso. Ha debutado, ha competido, ha demostrado que puede estar a la altura. Ahora toca seguir trabajando, seguir mejorando, seguir soñando. Porque después de catorce años y once meses de lesión, nada puede detener a quien ya ha superado lo más difícil: no rendirse.