El técnico del Dépor verbaliza su tristeza en pleno choque entre una parte de la afición y el club y promete una sola cosa: «Nos vamos a dejar la piel».
Antonio Hidalgo ha terminado convertido, casi sin buscarlo, en la voz de un conflicto que trasciende el césped. Mientras parte del deportivismo y la dirección del Deportivo mantienen abierto un enfrentamiento que ha contaminado el regreso a Primera, el entrenador blanquiazul volvió a apelar a algo que hace apenas unos meses parecía una de las grandes fortalezas del club: la unión de Riazor.
«La sensación es de tristeza», reconoció Hidalgo, antes de dejar una de sus reflexiones más cargadas de emoción desde que ocupa el banquillo coruñés: «Durante muchos días sueño con volver a cómo estábamos; a esa unión».
No son palabras pronunciadas en un contexto cualquiera.
De la fiesta del ascenso a una grada dividida
El regreso del Deportivo a Primera debía servir para prolongar la comunión construida alrededor del equipo. Sin embargo, el verano abrió una grieta entre el club y una parte de su masa social por las nuevas condiciones establecidas para Marathón Inferior.
La tensión ya había quedado patente en el estreno liguero en Riazor, marcado por la fiesta y la protesta, y también en episodios previos como los pitos al nuevo himno y el malestar visible en la grada.
El conflicto ha ido creciendo hasta salpicar también la relación del club con los medios, con asociaciones de periodistas cuestionando las restricciones a preguntas sobre Marathón. En ese escenario, la figura de Hidalgo ha quedado en primera línea pese a que el origen de la fractura está lejos del terreno de juego.
«Entiendo perfectamente el sentimiento de la afición»
El entrenador evita colocarse explícitamente en uno de los dos lados, pero tampoco disimula lo que está ocurriendo.
«Entiendo perfectamente el sentimiento de la afición, que se puede expresar como considere», señaló.
Y después dirigió el foco hacia aquello que sí está bajo su responsabilidad.
«Lo único que puedo prometer es que nos vamos a dejar la piel».
La frase adquiere especial significado porque Hidalgo ha vivido desde dentro el recorrido completo: los momentos de extraordinaria conexión entre equipo y grada y, ahora, una situación en la que el Deportivo ha regresado a Primera mientras su entorno social atraviesa uno de sus episodios más tensos.
El contraste con lo vivido hace apenas unos meses
Hace no tanto, el propio Riazor era una de las imágenes más potentes del proyecto. La grada empujaba, el equipo respondía y la sensación era la de un club reconstruyendo una identidad común. Ese vínculo fue decisivo en el tramo que llevó al Deportivo de nuevo a la élite y quedó reflejado en jornadas en las que más de 28.000 aficionados convirtieron Riazor en un factor competitivo.
Por eso las palabras de Hidalgo tienen ahora más carga. No está reclamando una unión abstracta. Está hablando de algo que existía, que el vestuario sintió y que el entrenador considera diferencial.
Hidalgo pide recuperar algo que no puede reconstruir él solo
«Hace poco tiempo estábamos viviendo situaciones increíbles todos juntos», recordó.
Ahí está probablemente la parte más incómoda de sus palabras.
Porque Hidalgo puede prometer esfuerzo, competir y tratar de ganar partidos. Lo que no puede solucionar desde el banquillo es una fractura que enfrenta a una parte importante de la afición con quienes dirigen el club.
La propia entidad blanquiazul afronta ahora el reto de recomponer una relación que había sido uno de los grandes activos del regreso a Primera.
El Deportivo está otra vez entre los grandes. Riazor vuelve a medirse con la élite. Deportivamente, el escenario perseguido durante años ya está aquí.
Y, sin embargo, su entrenador admite que lleva días soñando con recuperar algo que hasta hace muy poco parecía asegurado: que club, equipo y grada vuelvan a caminar en la misma dirección.