El técnico catalán reconoció en rueda de prensa que las celebraciones por el ascenso del Deportivo a Primera División superaron todas sus expectativas. Ni las advertencias de quienes conocían el fervor blanquiazul le prepararon para lo vivido en A Coruña tras certificar el regreso a la élite ocho años después.
El shock emocional del forastero
Antonio Hidalgo llegó a A Coruña el pasado 10 de junio de 2025 con una misión clara: devolver al Deportivo a Primera División. El técnico catalán asumió el banquillo de Riazor tras su salida del Huesca, y aunque le habían advertido sobre la pasión deportivista, nada le preparó para lo que vivió tras lograr el ascenso que devuelve al Deportivo a Primera División ocho años después.
En la rueda de prensa previa al último partido de la temporada, Hidalgo reconoció: «Me habían explicado lo que era A Coruña, pero cualquier cosa que me hubiera podido imaginar, la realidad lo supera». Las palabras del entrenador reflejan el impacto emocional de unas celebraciones que desbordaron cualquier previsión.
Una ciudad volcada como nunca
Las escenas vividas en A Coruña tras imponerse al Valladolid en un partido que desató la locura entre miles de aficionados repartidos entre bares, calles y la fuente de Cuatro Caminos marcaron un antes y un después en la percepción del técnico sobre su nuevo hogar deportivo. Cientos de personas comenzaron a desplazarse hacia Cuatro Caminos, convertido una vez más en el epicentro de la fiesta blanquiazul.
El dispositivo de celebración diseñado por el club incluyó una Fan Zone instalada en la explanada de Riazor, donde había una pantalla gigante y un escenario en el que se subirían los ídolos de A Coruña. La llegada del autobús, prevista inicialmente para las 2:30 de la madrugada, se retrasó por la parada en La Bañeza, donde la plantilla bailó con seguidores en plena estación de servicio leonesa.
El técnico que llegó sin palmarés y se marchará con gloria
El técnico catalán, sin un historial de grandes títulos, aceptó el reto de devolver al club a la élite y lo cumplió con creces. Hidalgo, formado en la cantera del Barcelona y con más de 500 partidos como centrocampista profesional, inició su carrera en los banquillos en el modesto Granollers antes de dar el salto a Chipre como asistente de Imanol Idiakez.
Su trayectoria ascendente le llevó por el Sabadell, donde llevó al equipo catalán a la Segunda División tras terminar la temporada regular en tercera posición y conseguir ascender al fútbol profesional vía playoff en su primera temporada completa como entrenador principal. Posteriormente pasó por el Sevilla Atlético y el Huesca, donde cerró la campaña octavo, peleando por entrar en playoff hasta las últimas jornadas.
La presión que se convirtió en combustible
La presión de una ciudad que respira fútbol y exige volver a la élite es enorme, pero Hidalgo supo convivir con esa exigencia y convertirla en motivación para sus jugadores. En declaraciones tras certificar el ascenso en Valladolid, el técnico reconoció: «Ha sido un año duro con mucha presión y tensión. Conociendo poco a poco el club y la ciudad».
El entrenador mostró un liderazgo sereno, alejado de estridencias, y su capacidad para gestionar emociones y mantener la calma en momentos críticos fue clave para sostener el proyecto. Esa templanza contrasta ahora con la emoción desbordada que transmite al hablar de las celebraciones vividas en A Coruña.
Mirando ya al futuro en Primera
Con el ascenso ya materializado y festejado, el Deportivo de La Coruña llega a la jornada 42 de LALIGA Hypermotion con el objetivo de ser campeón. Pero la mirada de Hidalgo ya está puesta en el próximo curso. En la rueda de prensa de este viernes, Hidalgo respondió al futuro de Yeremay Hernández y otros nombres propios de la primera plantilla coruñesa, en constante comunicación con Fernando Soriano, avanzando cambios de cara al regreso a Primera División.
La afición deportivista, consciente del papel del técnico en la gesta, lo reconoce como uno de los grandes responsables del ascenso y el mensaje es claro: el Dépor quiere crecer con Hidalgo en el banquillo. El catalán, que llegó como una apuesta arriesgada, se ha ganado un lugar en el corazón de una ciudad que le ha demostrado que la realidad siempre supera la ficción cuando se trata de pasión blanquiazul.
El reconocimiento de quien lo vivió desde dentro
Las palabras de Hidalgo en rueda de prensa no son mera retórica. Tras salir a rueda de prensa, donde fue interrumpido por sus jugadores con champán y alguna que otra broma sobre su perilla, el técnico expresó: «Un momento de muchísima felicidad con muchísimo trabajo. Ahora toca celebrar tras conseguir el objetivo de todo el año. La gente nos ha empujado muchísimo y la ciudad se ha volcado. Se lo merece».
Ese reconocimiento mutuo entre entrenador y afición es el mejor síntoma de que el Deportivo ha encontrado no solo un técnico competente, sino un líder capaz de entender la dimensión emocional de un club histórico. Y si algo ha quedado claro en estas celebraciones es que A Coruña no hace las cosas a medias. Ni siquiera cuando se trata de sorprender a quien creía estar preparado para todo.