Claudio Giráldez no quiso refugiarse en el punto. El Celta salió del Martínez Valero con un empate sin goles, la portería intacta y cinco jornadas consecutivas sin perder, pero su entrenador puso el foco en lo que no funcionó: la circulación de balón, la presión y la capacidad para imponer su fútbol ante el Elche.
«La realidad es que no me ha gustado el equipo», admitió tras el partido. El técnico porriñés reconoció la superioridad del rival y separó el resultado de las sensaciones. El Celta resistió, pero estuvo lejos de mandar.
La posesión que el Celta no supo aprovechar
Giráldez explicó que la diferencia no estuvo tanto en la recuperación como en el trato al balón. Ambos conjuntos encontraron dificultades para robar en campo rival, aunque el Elche conservó mejor sus posesiones mientras los celestes se precipitaron en el primer pase o trataron de acelerar cuando convenía elaborar. El entrenador lamentó esa falta de pausa y la escasa fluidez ofensiva.
El equipo, habitualmente reconocible por su intención de atraer la presión y progresar con asociaciones, pasó muchos minutos incómodo y sin continuidad. Desde el banquillo se buscaron alternativas, pero la ocasión más clara llegó al final, cuando Driouech dispuso de un mano a mano que pudo inclinar el encuentro hacia Vigo.
Una defensa que sostiene, un ataque que todavía debe crecer
El contrapunto llegó sin balón. Giráldez valoró que, incluso en una tarde en la que el Celta no consiguió ejecutar su plan, el bloque bajo mantuvo al equipo dentro del partido. Radu volvió a responder cuando hizo falta y el equipo terminó sin encajar.
La lectura del entrenador fue doble: la solidez defensiva es un punto de apoyo, pero no basta para aspirar a ganar con regularidad fuera de casa. El técnico recordó los cinco partidos consecutivos sin derrota en Liga y confió en que el punto pueda adquirir valor más adelante, sin utilizar esa racha para rebajar la autocrítica.
El calor y la polémica por la pausa de hidratación
La comparecencia abrió otro frente: las condiciones en las que se disputó el choque, programado a las 14:00 horas. Giráldez aseguró que había jugadores mareados al llegar al vestuario y describió dificultades físicas para sostener determinadas presiones por las altas temperaturas.
También señaló que el Elche no aceptó hacer una pausa de hidratación. Según explicó el entrenador, cuando no se supera el umbral reglamentario que hace obligatoria esa interrupción, la decisión depende del acuerdo entre ambos clubes. El técnico pidió revisar esa situación y se preguntó a quién beneficia jugar en esas condiciones. No presentó el calor como justificación de la actuación: insistió en que su equipo debía haber hecho más.
El siguiente examen pondrá a prueba la capacidad del Celta para recuperar su identidad ofensiva. Tras el empate sin goles en Elche, el equipo afronta otra exigencia competitiva con la necesidad de convertir su fiabilidad defensiva en más presencia cerca del área contraria.