Hay frases que resumen una vida mejor que cualquier biografía. En A Coruña, una esquela se ha hecho viral en las últimas horas por una línea que mezcla humor, emoción y deportivismo en estado puro: «No llegó a jubilarse, pero sí pudo ver al Dépor ascender a Primera».
La frase aparece en la despedida de Fernando Otero, fallecido a los 58 años, y ha corrido como la pólvora entre aficionados del Deportivo. La historia fue recogida este miércoles por Quincemil, después de que la imagen comenzase a circular por redes sociales y fuese compartida por numerosos seguidores blanquiazules.
Una vida marcada por todas las caras del Dépor
Fernando perteneció a una generación que conoció prácticamente todo el arco emocional posible alrededor del Deportivo. Vivió la Liga de 1999/2000, las Copas del Rey, las Supercopas, las noches europeas y una etapa en la que Riazor miraba de frente a cualquiera. Pero también le tocó atravesar el otro lado de la historia: descensos, años lejos de la élite y el golpe de ver al club competir en Primera Federación.
Por eso la frase de la esquela ha tocado una fibra muy concreta del deportivismo. No habla solo de fútbol. Habla del tiempo, de las esperas, de las derrotas que se mastican durante años y de una última recompensa que sí llegó a tiempo.
El Deportivo certificó su regreso a Primera División en mayo de 2026, después de ocho temporadas fuera de la máxima categoría. El propio club definió aquel ascenso como la culminación de una reconstrucción deportiva, económica e institucional y destacó especialmente el papel de una afición que siguió acompañando al equipo durante los años más duros.
«Sí pudo ver al Dépor ascender a Primera»
Ese contexto convierte la frase de la esquela en algo mucho más potente que una ocurrencia. Para muchos deportivistas, volver a Primera era una cuenta pendiente que llevaba demasiado tiempo abierta. Fernando pudo cerrarla.
«No llegó a jubilarse, pero sí pudo ver al Dépor ascender a Primera».
En una ciudad donde el fútbol forma parte del paisaje cotidiano, la frase ha sido entendida al instante. Tiene ironía, tiene tristeza y tiene orgullo. Y también esa manera tan coruñesa de mezclar emoción y retranca sin pedir permiso.
El caso llega además en un momento en el que el Dépor vuelve a competir en la élite y el vínculo entre el equipo y su gente sigue siendo una de las grandes señas de identidad del club. Hace apenas unos días, por ejemplo, siete peñas viajaron hasta Málaga pese a la distancia y al horario de lunes, una escena que vuelve a explicar por qué el deportivismo ha sostenido al club incluso cuando el fútbol se puso cuesta arriba.
Una esquela que acaba hablando de toda una afición
La viralidad de la imagen no nace del morbo, sino del reconocimiento. Muchos aficionados se han visto reflejados en esa frase porque resume una relación con el Deportivo que ha pasado de generación en generación y que, durante años, tuvo que sobrevivir más de la memoria que de los resultados.
Fernando vio ganar al Dépor, lo vio caer y también lo vio levantarse. No llegó a jubilarse. Pero sí llegó a ver algo que durante demasiadas temporadas parecía lejano: al Deportivo de nuevo en Primera División.