El fútbol en el sur de Madrid no se negocia: se compite. El Getafe CF se impuso por 2-1 al Villarreal CF en la jornada 24 de LaLiga EA Sports y lo hizo desde la trinchera, desde el duelo individual y la convicción. Siete años después, el conjunto azulón volvió a derrotar al submarino amarillo en el Coliseum y lo hizo con argumentos de equipo que sabe a qué juega.
El Getafe impone el barro y el Villarreal no encuentra el traje
En el Coliseum no se viene a posar. Se viene a ganar metros, a chocar y a sobrevivir. El equipo de Bordalás fue más intenso desde el primer minuto: más presión, más segunda jugada, más hambre.
El Villarreal, sin la claridad habitual y lejos de su versión asociativa, transitó el partido con una parsimonia impropia de un aspirante europeo. Ni profundidad por fuera ni amenaza real entre líneas. Al descanso, el dato era demoledor: cero disparos, ni a puerta ni fuera.
El penalti que abrió la grieta
Cuando el partido caminaba hacia un empate gris al intermedio, apareció la jugada que cambió el guion. Renato Veiga sujetó a Luis Vázquez en el área. El colegiado no lo vio en directo, pero el VAR sí. Tras la revisión, pena máxima.
Desde los once metros, Mauro Arambarri no tembló. Zarpazo seco, inapelable, imposible para Luiz Júnior. El 1-0 fue más que un gol: fue una declaración de intenciones.
Satriano castiga el desconcierto
Marcelino movió el banquillo buscando reacción, pero el segundo golpe lo dio el Getafe. Centro medido y salida errática de Luiz Júnior. En el segundo palo, Martín Satriano atacó el espacio y cabeceó a la red para firmar el 2-0.
El portero amarillo quedó señalado en la acción, pero el problema visitante fue estructural: falta de tensión competitiva, errores en la lectura y demasiadas dudas en cada balón aéreo.
Mikautadze pone el talento, pero no basta
Cuando el partido parecía sentenciado, el Villarreal despertó. Y lo hizo con calidad individual. Georges Mikautadze dejó una acción de delantero de élite: recorte en el área, temple y definición tras recoger un balón al palo. Un gol que reactivó la esperanza amarilla.
Hubo empuje final, pero más corazón que claridad. El Getafe cerró filas y defendió su renta con oficio.
Luis Milla, brújula y metrónomo
Si hay un nombre propio en este Getafe es Luis Milla. Todo pasa por sus botas. Ritmo, pausa, cambio de orientación y balón parado. De un centro suyo nació la acción del penalti y su influencia fue constante en la construcción azulona.
Es el faro de un equipo que ha decidido volver a mirar hacia arriba.
Datos que explican el desenlace
- El Villarreal no disparó hasta el minuto 58.
- El Getafe fue superior en duelos y recuperaciones en campo rival.
- Se rompe una racha de 14 partidos sin victoria azulona ante el submarino (9 triunfos amarillos y 5 empates desde 2019).
- Cinco tarjetas en un encuentro de alto voltaje competitivo.
El Coliseum marca territorio
La lectura es clara: el Getafe compite cada balón como si fuera el último. El Villarreal, en cambio, dejó escapar una oportunidad de oro para consolidarse en la zona alta.
El conjunto azulón se coloca a seis puntos de posiciones europeas y manda un mensaje a la liga: aquí no se viene a especular. Aquí se suda.
Y cuando el partido se juega en el barro, el Getafe suele salir manchado… pero victorioso.