
El Racing de Ferrol volvió a quedarse sin gol en A Malata ante un Osasuna Promesas que también tuvo su momento para llevarse el partido, pero perdonó desde el punto de penalti. El empate sin goles deja otra tarde de frustración en Ferrol, con la afición mostrando su malestar y con el equipo de Guillermo Fernández Romo incapaz de cerrar el curso en casa con una alegría.
Otro partido que alimenta el debate en Ferrol
El Racing de Ferrol no encontró la manera de regalarle una victoria a su gente en el último partido de la temporada en A Malata. El 0-0 ante Osasuna Promesas fue mucho más que un simple empate: fue otra postal de un equipo bloqueado, plano por momentos y sin la chispa necesaria en los metros finales.
El conjunto verde llegaba al duelo con la intención de despedirse con dignidad ante su afición, pero el encuentro acabó envuelto en ese ambiente incómodo que tantas veces aparece cuando el balón no entra, las ocasiones se diluyen y la grada empieza a perder la paciencia.
En una jornada 37 de Primera Federación en la que el Racing figuraba en la zona media-baja del Grupo I y Osasuna Promesas seguía metido de lleno en la pelea por la permanencia, el punto tuvo lecturas muy distintas para ambos. El filial navarro, pese a estar en descenso con 40 puntos tras 37 partidos según la clasificación actualizada, arañó un empate fuera de casa; el Racing, en cambio, volvió a quedarse con cara de “aquí falta algo”.
Lucas salva, el larguero perdona y el Racing no remata
La primera parte dejó claro que el Racing iba a vivir otra tarde de nervios. Lucas tuvo que intervenir pronto ante Manu Rico y más tarde volvió a aparecer para mantener el marcador limpio. El Osasuna Promesas, sin hacer un fútbol de salón precisamente, sí encontró la manera de meter miedo con ataques directos y acciones a la espalda de la defensa.
La jugada que pudo cambiarlo todo llegó antes de la media hora. Edgar Pujol cometió penalti sobre Espejo y Dani González asumió la responsabilidad. A Malata contuvo la respiración, pero el lanzamiento se estrelló en el larguero. Fue el típico momento que, en una tarde torcida, puede servir como punto de inflexión. Pero ni por esas.
El Racing también tuvo sus aproximaciones. Pascu rozó el gol con un centro que terminó en la madera y Álvaro Giménez buscó el área, aunque sin la contundencia que pide un partido cerrado. El problema volvió a ser el de casi siempre: mucha intención, poca claridad y menos colmillo.
Los cambios agitan, pero no resuelven
Guillermo Fernández Romo movió el banquillo tras el descanso con las entradas de Zalaya y Dacosta. Más tarde también aparecieron Azkune y Álvaro Juan. El Racing ganó algo de energía por bandas, especialmente con Dacosta, que agitó el costado y generó situaciones de peligro.
Azkune tuvo una de las más claras tras un error de la defensa rojilla, pero no logró transformar el regalo en gol. Álvaro Giménez también dispuso de un cabezazo, Fabio puso algún balón interesante y el tramo final dejó varias llegadas locales, aunque sin la precisión que separa una tarde vulgar de una victoria balsámica.
El Osasuna Promesas tampoco renunció a llevarse el botín completo. De hecho, Lucas volvió a sostener al Racing con una parada de mérito a Dani González nada más arrancar la segunda mitad y más tarde también evitó que el filial encontrase premio. En el otro área, Fernández respondió en los minutos finales ante Asier Bonel y Chasco, confirmando que el empate no fue casualidad, sino el reflejo de dos equipos incapaces de dar el golpe definitivo.
A Malata pierde la paciencia
El pitido final no trajo consuelo. La afición racinguista respondió con protestas tras otro partido sin victoria y sin gol. No fue solo el resultado; fue la sensación de que el equipo volvió a competir sin transmitir autoridad, justo en una temporada en la que el proyecto ha ido perdiendo altura, confianza y crédito social.
El Racing había empezado el curso con otra expectativa, pero la recta final lo ha dejado lejos de cualquier horizonte ilusionante. El dato emocional pesa casi tanto como el clasificatorio: cuando A Malata pita, no pita por capricho; pita porque el equipo no le está dando argumentos para creer.
Y ahí aparece la cuestión de fondo. Más allá del empate ante Osasuna Promesas, el club deberá analizar qué plantilla quiere construir, qué entrenador liderará el próximo proyecto y qué futbolistas han demostrado rendimiento suficiente para seguir vistiendo de verde. Porque el problema del gol no se arregla con un eslogan: se trabaja en los despachos, en el área técnica y en el césped.
Osasuna Promesas suma; el Racing se queda sin despedida feliz
Para Osasuna Promesas, el punto puede tener valor dentro de una pelea por la salvación que llega comprimida a la última jornada. El filial rojillo salió vivo de A Malata, resistió en el tramo final y pudo incluso ganar si el penalti de Dani González no se hubiera ido al larguero.
Para el Racing, en cambio, el empate sabe a poco. El equipo quería cerrar su último compromiso en casa con una victoria, pero volvió a tropezar con su falta de pegada. La jornada confirmó el 0-0 en A Malata dentro del marcador global de la fecha en el Grupo I de Primera Federación.
El fútbol, ya se sabe, no perdona al que juega sin filo. Y este Racing volvió a quedarse como delantero que controla bien de espaldas, levanta la cabeza… y cuando toca rematar, manda el balón a la grada de Preferencia.