
El Deportivo volvió a demostrar que en Riazor los partidos no se terminan hasta que la grada deja de rugir. El conjunto coruñés levantó un 0-1 ante el FC Andorra, ganó 2-1 con goles de Mario Soriano y Zakaria Eddahchouri, y dio un golpe de autoridad en LaLiga Hypermotion que puede valer medio billete hacia Primera División. Con 74 puntos, tres más que el Almería, el equipo de Antonio Hidalgo afronta las dos últimas jornadas con el ascenso directo al alcance de la mano.
Riazor olió el peligro antes de tocar la gloria
El Deportivo no ganó desde la comodidad, sino desde el barro competitivo. Y eso, a estas alturas de temporada, vale doble. El Andorra llegó a A Coruña sin complejo alguno, con balón, presión y una puesta en escena incómoda para un equipo blanquiazul que sabía que el margen de error era mínimo.
El tanto de Josep Cerdà en la primera parte enfrió durante unos minutos a Riazor. El FC Andorra encontró premio a su atrevimiento y obligó al Dépor a jugar contra el marcador, contra los nervios y contra esa mochila emocional que pesa cuando el ascenso ya se puede tocar con los dedos.
Pero este Deportivo tiene una virtud que explica buena parte de su candidatura: sabe sobrevivir a sus malos ratos. No se descompuso. No rompió el plan. Esperó su momento y, cuando el partido pidió colmillo, lo encontró.
Mario Soriano cambió el guion con un golpe de fe
El descanso le sentó al Deportivo como una charla de vestuario de las que levantan paredes. El equipo de Antonio Hidalgo salió con otra energía, más agresivo en campo contrario y con mayor determinación para atacar los espacios.
Mario Soriano firmó el empate nada más arrancar la segunda parte con un disparo de enorme calidad. Más que un gol, fue un mensaje: el Dépor seguía vivo, Riazor volvía al partido y el Andorra empezaba a mirar el reloj con otra cara.
A partir de ahí, el duelo cambió de dueño. Yeremay apareció más, el Deportivo empezó a inclinar el campo y la grada hizo el resto. En noches así, Riazor no anima: empuja, aprieta y te mete en el área rival casi por orden municipal.
Eddahchouri, el gol del banquillo que puede valer un ascenso
El movimiento de Antonio Hidalgo también tuvo premio desde el banquillo. Zakaria Eddahchouri entró en el tramo final y acabó firmando el 2-1 en el minuto 81, justo cuando los partidos grandes empiezan a decidirse por detalles, piernas frescas y sangre fría.
El delantero controló dentro del área y definió ante Owono para desatar la explosión blanquiazul. No fue solo el gol de la remontada. Fue el gol que deja al Deportivo en una posición privilegiada para regresar a Primera División.
En una categoría tan larga y cruel como LaLiga Hypermotion, donde cada jornada parece una encerrona, tener futbolistas capaces de decidir desde el banquillo es oro puro. Y el Dépor lo encontró en el momento justo.
El tropiezo del Almería dispara el valor de la victoria
La victoria tuvo todavía más peso por el contexto clasificatorio. El Almería había perdido y el Deportivo no dejó pasar la invitación. Con este triunfo, el conjunto coruñés se sitúa segundo con 74 puntos, tres por encima del equipo andaluz, según la clasificación actualizada de LaLiga Hypermotion.
Quedan dos jornadas y el Dépor depende de sí mismo. La próxima parada será Valladolid, un escenario con aroma de partido grande y tensión de final encubierta. Allí, el equipo gallego podría dejar prácticamente sellado —o incluso confirmado, según los resultados— el regreso a la élite.
El mensaje para el vestuario es claro: falta rematar la faena. El ascenso está en el área pequeña, pero todavía hay que empujarla. Y en Segunda, como sabe cualquier aficionado curtido, hasta el balón más sencillo puede botar mal.
El Deportivo vuelve a mirar a Primera sin bajar la guardia
Lo más importante para el deportivismo no es solo el resultado, sino la sensación. El equipo fue capaz de sufrir, corregir, atacar mejor tras el descanso y cerrar una remontada de equipo grande. Esas victorias, cuando el calendario se acaba, suelen pesar más que tres puntos.
Antonio Hidalgo sale reforzado de una tarde de máxima presión. El Deportivo no firmó un partido perfecto, pero sí un triunfo de carácter, de esos que explican por qué un equipo llega vivo y fuerte a la recta final.
Riazor ya huele a Primera. Pero el vestuario sabe que todavía no hay nada para brindar. Toca seguir con el mono de trabajo, porque el fútbol ya ha demostrado muchas veces que las celebraciones anticipadas las carga el diablo… y algún central rival en el descuento.