El 0-0 ante el Betis explica bien dónde está el Celta de Claudio Giráldez. Ha aprendido a resistir, encadena siete jornadas de Liga sin perder y vuelve a ofrecer argumentos defensivos incluso en los días en los que no consigue mandar durante todo el partido. Pero esa fortaleza no siempre basta para ganar. En Balaídos tuvo oportunidades, no las convirtió y volvió a aparecer en la conversación una ausencia que Iago Aspas señaló expresamente: Borja Iglesias.
Una racha valiosa que no equivale a una colección de victorias
No perder durante siete jornadas habla de un equipo más fiable. Giráldez destacó después del encuentro el trabajo sin balón y la capacidad de sostenerse en bloque bajo cuando el desgaste de la semana europea se hizo evidente. El propio Aspas defendió la portería a cero como punto de partida para crecer. Ambas lecturas son compatibles con una exigencia mayor: un empate suma, pero no premia del mismo modo una buena primera parte que una victoria.
Contra el Betis se vio con claridad la distancia entre competir bien y resolver. El Celta se encontró cómodo durante los primeros treinta minutos, presionó con orden y encontró espacios para llegar. Pablo Durán dispuso de una ocasión importante frente a Álvaro Vallés. Más tarde, ya con el equipo cansado y defendiendo más atrás, Aspas estuvo cerca de romper el empate. Hubo argumentos ofensivos, pero no apareció el gol.
Lo que se pierde sin Borja Iglesias
La baja del delantero no convierte automáticamente cualquier empate en consecuencia de su ausencia. Sería una explicación demasiado sencilla. Pero sí obliga al Celta a encontrar otras vías para amenazar en el área. Aspas fue tajante al analizar el peso del atacante: lo definió como su mejor delantero y reconoció que lo echan de menos.
Sin una referencia de sus características, ganan importancia los desmarques de Pablo Durán, la llegada de los jugadores de segunda línea y la capacidad de Aspas para decidir incluso con menos minutos. El problema es que esas soluciones necesitan un contexto favorable. Ante el Betis, ese contexto desapareció progresivamente cuando el rival acumuló más futbolistas por dentro y el Celta dejó de girar la pelota con velocidad.
Una segunda mitad que también señala el camino
El análisis no puede quedarse en la definición. Giráldez reconoció problemas de lectura con balón tras el descanso: pases hacia atrás para descansar, dificultades para cambiar la orientación y falta de piernas para presionar después. El Betis creció y el Celta perdió metros. En esas condiciones resulta mucho más difícil que el delantero de turno reciba en zonas favorables.
Por eso la pregunta no es únicamente quién sustituye a Borja Iglesias. También es cómo consigue el Celta prolongar esos buenos tramos de fútbol, cómo administra el cansancio y cómo vuelve a tener la pelota cuando el rival modifica su posición. La portería a cero ha dejado de ser una casualidad y se ha convertido en un recurso competitivo. El siguiente desafío es que esa seguridad permita ganar más partidos, no solo evitar perderlos.
