El Celta de Vigo tumba al PAOK en Balaídos y se mete en octavos de la Europa League con el zarpazo de Swedberg
El Celta de Vigo ya está en el bombo de los octavos de final de la Europa League tras imponerse por la mínima al PAOK de Salónica en una noche de tensión, nervio y oficio en Balaídos, donde el gol de Williot Swedberg en el segundo acto desató la euforia celeste y confirmó el pase de los de Claudio Giráldez a la siguiente ronda continental.
Balaídos ruge y el Celta asume el mando
Más de 20.000 aficionados empujaron desde el primer minuto a un equipo que entendió el contexto: gestionar la ventaja emocional, pero sin especular. El Celta quiso la pelota, movió el balón con paciencia y trató de ensanchar el campo para desarmar el bloque compacto del PAOK, que viajó a Vigo mermado, pero con el orgullo intacto.
Los griegos, dirigidos por Razvan Lucescu, apostaron por un plan directo, buscando segundas jugadas y el balón parado como vía de supervivencia. Un cabezazo desviado de Michailidis fue el primer aviso visitante, una acción que recordó que en Europa cualquier despiste se paga.
Aspas, faro en la noche europea
Cuando el esférico pasó por las botas de Iago Aspas, el partido cambió de ritmo. El capitán interpretó cada pausa, cada descarga y cada pase filtrado con la jerarquía de quien entiende las noches grandes. Una dejada suya dejó a Vecino en posición franca y más tarde habilitó a Swedberg en una acción que rozó el gol antes del descanso.
Sin embargo, el Celta mostró fases de imprecisión preocupantes. Una pérdida en salida activó al PAOK y obligó a Radu a intervenir con firmeza. Fueron minutos en los que el conjunto gallego perdió fluidez y permitió que el duelo se ensuciara, con demasiadas transiciones y poca continuidad.
Miguel Román cambia el pulso del partido
Tras el paso por vestuarios, Giráldez agitó el árbol. La entrada de Miguel Román dio más criterio en la base y liberó a los hombres de ataque. El Celta comenzó a instalarse con más determinación en campo contrario y a encontrar mejores líneas de pase.
Borja Iglesias avisó con un remate ajustado al primer palo que obligó a intervenir a Tsiftis. El Panda empezó a fijar centrales y a generar espacios, algo que hasta entonces había faltado. Balaídos olía que el gol estaba al caer.
Swedberg golpea y desata la locura
La jugada decisiva nació por el costado derecho. Sergio Carreira, incisivo durante todo el choque, rompió líneas y conectó con Borja Iglesias. El delantero descargó con inteligencia y el balón cayó a los pies de Williot Swedberg, que no perdonó. Definición precisa, sangre fría y 1-0 en el marcador superada la hora de juego.
El tanto liberó al Celta. A partir de ahí, el equipo ganó metros, confianza y personalidad. El PAOK intentó una reacción más por orgullo que por convicción, pero ya no encontró fisuras claras. Incluso en el descuento, una última aproximación visitante no alteró el destino de la eliminatoria.
Objetivo cumplido y mirada al sorteo
Con este triunfo, el Celta de Vigo se mete entre los 16 mejores del torneo y esperará rival en el sorteo de octavos, donde podrían aparecer pesos pesados del continente. El equipo de Giráldez supo sufrir cuando tocó y golpeó en el momento justo, una virtud imprescindible en competición europea.
Balaídos celebró una clasificación trabajada, sin alardes, pero con carácter. El Celta sigue vivo en Europa y, visto lo visto, nadie querrá cruzarse con un bloque que combina juventud, talento y un capitán que sigue marcando el compás de las grandes noches.