El fatal lance de Owono con Jesús de Miguel, que ocasionó la muerte del futbolista madrileño, nos trae a la memoria hechos terribles, aunque involuntarios, en la historia de nuestro fútbol.
La más cercana, el choque del brasileño Baltazar, defendiendo los colores del Celta, con Gallardo, meta del Málaga, a comienzos de 1987, que tras varios días acabó ocasionando la muerte del malaguista.
Catorce años antes le sucediera al sevillista Berruezo, que se desplomó sobre el césped de Pasarón durante un partido liguero contra el Pontevedra.
Uno de los incidentes más graves ocurridos en el primer cuarto de siglo del fútbol gallego fue el que le sucedió al eiriñista Baamonde en un partido amistoso jugado en Riazor.
El Emden y el Eiriña, frente a frente en Riazor
Una vez concluido el campeonato gallego 1926/27, los equipos se dedicaron a cerrar la temporada disputando partidos amistosos, como era la costumbre.
El choque de cabezas que hizo temer una tragedia
Para el 24 de abril se programó en el parque futbolístico coruñés un encuentro entre el Emden y el Eiriña pontevedrés. El partido entraba en su recta final con un 3-0 favorable a los locales cuando se mascó la tragedia. En el minuto 78, en un balón aéreo colado sobre el área forastera, el punta local Lameiro pugnó por la pelota con el defensa eiriñista Perfecto Baamonde. El lance estuvo a punto de terminar en irreparable tragedia. Las cabezas de los dos deportistas chocaron, desplomándose en el suelo el zaguero visitante. El futbolista fue trasladado el vestuario donde fue reconocido por el doctor José Barbeito Rouco. Ante la gravedad del impacto el amistoso quedó suspendido. Baamonde, habiendo perdido el sentido, sufría el hundimiento del parietal derecho.
El médico ordenó de forma inmediata el traslado del jugador en un automóvil a la Casa de Socorro, donde fue intervenido quirúrgicamente mediante una trepanación, que por las crónicas de época fue decisiva para salvarle la vida.
La recuperación de Baamonde y el homenaje del Deportivo
Baamonde quedó bajo vigilancia médica durante varias semanas hasta que el 30 de junio fue intervenido por segunda vez siguiendo el criterio y las manos de los doctores Barbeito Rouco y Alba Bescansa. El éxito de la misma determinó que Baamonde quedaría recuperado aunque inhabilitado para seguir jugando.
Semanas más tarde pudo regresar a Pontevedra coincidiendo con una Asamblea Extraordinaria del Eiriña en la que era investido presidente del club Arturo Carrillo. Una de sus primeras medidas fue incorporar a Baamonde a su grupo de trabajo como vocal. Dos días después, el 18 de septiembre, Riazor y la afición coruñesa volvía a recordarlo jugando un partido de homenaje al defensa en el que el Deportivo derrotó al Eiriña por 3-0.
Las lesiones violentas y la responsabilidad de los futbolistas
Curiosamente, meses antes del desafortunado incidente, la Federación Española de Fútbol había aprobado una circular en la que se responsabilizaba del costo de los gastos por lesiones derivadas de faltas violentas intencionadas a los infractores de las mesmas. Los jugadores violentos deberían pagar al lesionado la indemnización que se estipulase y asumir el coste de los tratamientos médicos y de las bajas laborales.
Lameiro, que quedó excluido de lo tipificado al tratarse de un lance fortuito, fue un jugador rodeado de sucesos extrafutbolísticos, como el accidente de coche sufrido meses después en el Puente Pasaje, cuando circulaba con sus compañeros de equipo Lolito y Edreira, o el navajazo sufrido en una pelea nocturna tras una discusión con el deportivista Chiarroni.
