Angeliño continúa lejos de la versión que el Deportivo esperaba recuperar. No es una impresión nacida de una acción aislada ni de la necesidad de buscar culpables. Han pasado bastantes semanas desde su regreso, un parón de selecciones, varios partidos de Liga y también la Copa del Rey, y sigo sin reconocer al futbolista que esperaba. Ni siquiera una versión cercana.
Después de su expulsión ante el Sevilla defendí que un mal debut no podía convertirse en una sentencia. Y sigo pensando lo mismo. Pero defender a un jugador no implica mirar hacia otro lado cuando las señales que ofrece sobre el césped no mejoran. Una cosa es conceder tiempo y otra muy distinta dar por hecho que la recuperación llegará sola.
La condición física explica el punto de partida, no despeja todas las dudas
Sabíamos que Angeliño llegaba con trabajo por hacer. Su última etapa en la Roma quedó condicionada por un serio problema de salud y una prolongada falta de continuidad. No es razonable exigir que alguien que viene de tantos meses de inactividad recupere de golpe el ritmo de un lateral que tiene que recorrer toda la banda, atacar, regresar y repetir esfuerzos durante noventa minutos.
Lo que me inquieta es que, a estas alturas, esperaba apreciar una progresión más clara. Desde agosto ha tenido semanas de entrenamientos, amistosos y un parón para acumular carga. Y, aun entendiendo que la forma física no se recupera con un calendario en la mano, sigo viéndolo lejos de la chispa y de la energía que lo hicieron destacar en el PSV, el Leipzig o la Roma.
Su falta de continuidad también pesa: apenas lleva 69 minutos en dos partidos de Liga, según la ficha de LaLiga. Ese dato ayuda a explicar por qué le cuesta adquirir ritmo competitivo, pero la oportunidad ante el Auriense debía servir para mostrar un paso adelante. Para mí, no lo hizo.
Y lo que más me desconcierta es su golpeo
Hay algo que me preocupa incluso más que las piernas: el balón parado. Siempre he considerado que el golpeo de Angeliño era una de sus virtudes más valiosas. Su zurda puede ofrecer centros tensos, cambios de orientación y una amenaza que no abundan precisamente en el fútbol de hoy.
Por eso me resultó tan frustrante lo que vi en O Couto. Tuvo responsabilidad en acciones de estrategia y, aunque dejó algún envío útil —uno de sus centros encontró a Noubi en una ocasión—, su ejecución global me pareció muy lejos de lo que puede dar. Me desesperaron varios balones. No se trata de decir que falló cada centro ni de negar que alguien pueda valorar mejor ese apartado: es una valoración futbolística, la impresión que me dejó su actuación.
Y ahí es donde empiezan las preguntas. ¿Es solo una cuestión de piernas? ¿Influye el tiempo que lleva sin sentirse protagonista? ¿Le está costando recuperar la confianza en su juego? No lo sé, y no me parece serio atribuirle desde fuera un problema mental. Solo sé que hoy no veo la precisión ni la naturalidad que asociaba a ese futbolista.
Quagliata no le va a regalar el puesto
La competencia tampoco ayuda a simplificar el escenario. Giacomo Quagliata se ha ganado la confianza de Antonio Hidalgo en el lateral izquierdo y su despliegue, intensidad y capacidad para repetir carreras encajan con lo que pide el entrenador. Angeliño tiene otras características y podría dar soluciones diferentes con balón, pero necesita demostrar que esas diferencias suman de verdad.
El Deportivo apostó por recuperar a un canterano de Coristanco con experiencia en la Champions y en grandes ligas europeas. No llegó como un desconocido al que hubiera que descubrir. Llegó con un recorrido que invitaba a esperar un recurso de nivel. Por eso la distancia entre lo que sabemos que fue y lo que está ofreciendo ahora se hace tan evidente.
De aquí a diciembre, una prueba para la paciencia
Quiero seguir confiando en él. Me gustaría que dentro de unas semanas estas líneas hubiesen envejecido fatal, que volviera a poner centros con música y a ser una alternativa real para Hidalgo. Sería una noticia magnífica para el Dépor.
Pero reconozco que cada vez me cuesta más verlo. El parón de noviembre puede ser una oportunidad para trabajar sin la presión de un partido cada pocos días, aunque tampoco es una garantía. Será interesante comprobar cómo llega a diciembre, si empieza a sumar minutos y, sobre todo, si vuelve a transmitir esa sensación de futbolista seguro que sabe qué hacer antes de recibir la pelota.
No lo doy por perdido. Ni mucho menos. Pero ya no me basta con recordar al Angeliño de antes. Necesito empezar a ver al de ahora.
