Angeliño tuvo un debut muy malo. Eso es una realidad. Y seguramente uno de los más fastidiados por lo ocurrido sea él mismo.
Porque hablamos de un deportivista de corazón. De un jugador que, incluso cuando estaba disputando la Champions y compitiendo al máximo nivel europeo, nunca escondió lo que sentía por estos colores.
También hay que poner las cosas en contexto. Si Angeliño estuviese ahora mismo al nivel que alcanzó en equipos como PSV o Leipzig, sería prácticamente imposible que un Deportivo recién ascendido pudiera tenerlo hoy en Riazor.
Cuando se apuesta por su regreso se sabe perfectamente cuál es el escenario: recuperar a un futbolista de enorme nivel, pero que necesita tiempo, continuidad, confianza y tono físico. No llega para ser aquel Angeliño de Leipzig desde el primer día. Llega para intentar volver a serlo.
Quizá se quiso correr demasiado
Y quizá ahí, con la excusa del cansancio y las rotaciones, se quiso correr demasiado.
Creo que Hidalgo también se precipita poniéndolo de titular cuando todavía no parecía preparado para una exigencia así. Con Yeremay se ha seguido un proceso mucho más progresivo y quizá con Angeliño hubiese sido mejor hacer algo parecido: minutos poco a poco, coger ritmo, recuperar confianza y después dar el salto al once.
Su estreno ante el Sevilla salió mal. Muy mal. Fue titular después de no haber jugado en las cinco primeras jornadas y terminó expulsado en la segunda parte.
Un partido no puede ser una sentencia
Pero un partido no puede convertirse en una sentencia.
No lo matemos ahora.
No lo merece.
Viene un parón, semanas de trabajo y nuevas oportunidades para ponerse a punto. Si el Deportivo consigue recuperar una parte importante del Angeliño que brilló en Eindhoven y Leipzig, estamos hablando de un futbolista diferencial.
La apuesta siempre tuvo riesgo. Eso también lo sabíamos cuando llegó.
Ahora toca asumir ese riesgo, proteger al jugador y darle tiempo.
Calma y confianza.
Porque si Angeliño vuelve a encontrarse, el premio puede ser enorme.