El fichaje del marroquí no solo añade una pieza al ataque: introduce un perfil que el Celta no tenía tan definido, capaz de estirar, encarar y convertir posesión en profundidad.
El Celta ya tenía talento arriba. Tenía movilidad, juego entre líneas, apoyos, atacantes capaces de asociarse y futbolistas con llegada. Lo que no tenía con la misma claridad era un especialista en romper el partido desde fuera. Por eso la llegada de Couhaib Driouech merece una lectura que va más allá del mercado: puede modificar el comportamiento ofensivo del equipo de Claudio Giráldez.
El propio entrenador había definido la carencia antes de que se cerrase la operación. Quería un atacante “vertical” y “encarador”, un futbolista capaz de ganar metros sin necesidad de que la jugada estuviese perfectamente cocinada. Driouech encaja en esa descripción casi palabra por palabra: extremo diestro, habitualmente utilizado en la izquierda, rápido, agresivo en el uno contra uno y con tendencia a atacar la espalda de la defensa.
El problema de Mestalla explicó el fichaje antes de que llegara
El estreno liguero ante el Valencia dejó una fotografía bastante útil. El Celta fue creciendo, tuvo fases de control y acabó el encuentro con más sensación de dominio que de sufrimiento, pero le costó transformar esa posesión en situaciones realmente dañinas. En la crónica del 0-0 de Mestalla ya aparecía esa idea: el equipo tuvo orden y oficio, pero generó poco en los últimos metros.
Ese tipo de partido es precisamente el que reclama un jugador como Driouech. Cuando el rival cierra pasillos interiores y obliga a circular por fuera, el Celta necesita que alguien convierta una recepción aparentemente inocua en una ventaja. No siempre hace falta una combinación de diez pases: a veces basta con superar al lateral y obligar a toda la defensa a girar.
Ahí está la principal diferencia. Driouech no viene únicamente para recibir abierto; viene para que esa recepción tenga amenaza inmediata.
Más amplitud y más espacio para los que juegan por dentro
En los equipos de Giráldez, la ocupación de espacios es dinámica. Los extremos pueden aparecer por dentro, los carrileros o laterales ganan altura y los atacantes intercambian zonas. La llegada de un jugador con desborde natural añade una variante: fijar al rival por fuera de verdad.
Si Driouech recibe en izquierda y el lateral contrario necesita ayuda, el beneficio no termina en su duelo individual. El simple miedo al uno contra uno puede arrastrar una cobertura y liberar el medio espacio para un interior, un mediapunta o un delantero que venga a recibir. Es decir, su valor puede medirse tanto en regates como en los metros que genera para los demás.
También puede ocurrir al revés. Si el Celta logra atraer por dentro, Driouech queda preparado para recibir con campo por delante. Esa alternancia entre acumulación interior y salida rápida hacia banda es una de las vías que puede hacer al equipo menos previsible.
Un recurso para atacar defensas altas
El otro escenario está a la espalda. El Celta de Giráldez quiere tener la pelota, pero no todos los partidos se juegan contra un bloque bajo. Habrá rivales que aprieten arriba y dejen metros detrás de sus laterales. Ahí la velocidad de Driouech ofrece una amenaza que condiciona la presión rival.
Un defensor que sabe que tiene detrás a un extremo rápido no salta igual. Un lateral que teme una ruptura profunda mide más su posición. Y una línea defensiva que debe retroceder unos metros concede más espacio entre líneas. Ese efecto táctico puede ser tan valioso como una asistencia.
El Celta gana así la posibilidad de saltarse alguna fase de elaboración sin renunciar a su identidad. No se trata de convertirse en un equipo directo, sino de tener la opción de serlo cuando el partido lo pide.
Competencia, sí; encaje único, también
La llegada de Driouech aumenta la competencia en un frente ofensivo donde Giráldez ya dispone de múltiples alternativas. Mestalla dejó las primeras pistas sobre el reparto de minutos, con Ferran Jutglà como referencia inicial y Pablo Durán entrando para cambiar el ritmo del encuentro.
Driouech entra en esa rotación con una particularidad: no necesita ocupar exactamente el mismo espacio que otros atacantes. Puede partir desde izquierda, aparecer por derecha y, sobre todo, ofrecer una amenaza exterior que complementa a futbolistas más asociativos. Eso permite a Giráldez elegir perfiles en función del rival y no solo jerarquías.
Su historial reciente en el PSV también apunta a otra cuestión interesante. Aunque acumuló experiencia europea y producción ofensiva, gran parte de sus apariciones llegaron desde el banquillo. Eso significa que está acostumbrado a entrar con el partido avanzado, cuando los espacios crecen y los laterales empiezan a perder frescura. En Vigo puede aspirar a más titularidades, pero su capacidad como revulsivo ya está probada.
El fichaje que añade una marcha
El Celta buscaba un extremo. En realidad, buscaba una velocidad distinta para su ataque. Driouech no soluciona por sí solo todos los problemas ofensivos ni garantiza que el equipo vaya a generar más ocasiones automáticamente, pero sí incorpora una herramienta que faltaba: desequilibrio exterior con capacidad para amenazar también al espacio.
Ese matiz puede ser especialmente importante en los partidos cerrados, los que la pasada temporada y el estreno en Mestalla enseñaron que a veces se deciden por una acción individual. Giráldez ya tenía un equipo que sabe elaborar. Ahora dispone de un futbolista pensado para romper.