Marcos Pereiro lidera un proyecto que apuesta por jugadores de la zona y jóvenes de la estructura del Lugo, mientras el tropiezo del Memorial Kubala recuerda que la reconstrucción todavía necesita tiempo.
El Viveiro CF afronta su séptima temporada consecutiva en Tercera Federación con una idea que va bastante más allá de cambiar de entrenador. El club ha decidido modificar el modelo con el que venía sobreviviendo en la categoría y ha puesto el proyecto en manos de Marcos Pereiro, que asciende desde el puesto de segundo técnico para dirigir una plantilla más joven, más vinculada a A Mariña y con una presencia mucho mayor de futbolistas formados en estructuras cercanas.
El cambio tiene contexto. La pasada temporada volvió a terminar con permanencia, pero también con la sensación de que competir cada año con una plantilla corta y un margen económico reducido obligaba a vivir demasiado cerca del límite. La directiva decidió entonces reforzar el vínculo con el fútbol de la zona y recuperar una base local que permita al club sostenerse con más estabilidad deportiva y económica.
Los movimientos del verano reflejan esa nueva filosofía. Desde el Burela llegaron Huguito y Júnior; del Xove Lago, Xoel Eijo, Hugo Pérez y Bruno Graña; y desde la estructura del CD Lugo se incorporaron Raúl Ferreiros e Izan Serrano. A ellos se suma el regreso de Xoel Rodríguez después de un año sin competir, mientras continúan varios futbolistas muy identificados con el club como Arturo, Rolle, Sergio Cora o Carlos Teixeira.
La intención es evidente: que Cantarrana vuelva a tener un equipo reconocible también por procedencia, no solo por camiseta. El Viveiro lleva años compitiendo con uno de los presupuestos más modestos del grupo y la nueva planificación busca que la cantera, los jugadores mariñanos y los jóvenes que necesitan minutos sean parte de la solución en lugar de un complemento ocasional.
La pretemporada, sin embargo, ya ha dejado un aviso. El conjunto celeste quedó fuera de la final del Memorial Kubala después de caer en los penaltis ante el Alfoz, un rival de Segunda Futgal, en un torneo que acabó conquistando el Burela. El resultado fue una de las grandes sorpresas del último fin de semana, pero también una fotografía útil de estas fechas: el nuevo Viveiro todavía está construyendo automatismos, jerarquías y una identidad diferente.
El contexto obliga a tener paciencia sin renunciar a la exigencia. El club no cambia de modelo para competir menos, sino para intentar dejar de depender cada primavera de una permanencia agónica. La mezcla de veteranos de la casa con jóvenes procedentes del Lugo y del fútbol mariñano ofrece una base interesante, pero el verdadero reto será convertir esa suma de perfiles en un equipo capaz de soportar la dureza de una Tercera gallega especialmente igualada.
La liga arrancará el primer fin de semana de septiembre y el Viveiro comenzará el curso el 6 de septiembre ante el Antela. A partir de ahí se sabrá si el cambio de filosofía puede traducirse también en un cambio de horizonte. Después de varios años celebrando la permanencia como un pequeño milagro, la nueva apuesta pretende que seguir en Tercera deje de parecer una heroicidad y empiece a parecer una consecuencia lógica del trabajo.