El RC Celta de Vigo salió con personalidad al Reale Arena, compitió de tú a tú y llegó a tener el partido donde quería, pero acabó pagando caros dos despistes puntuales ante una Real Sociedad letal en los momentos clave.
El marcador final no refleja lo visto sobre el césped y deja al conjunto celeste con una sensación amarga tras una noche marcada por un resbalón, una expulsión y la pegada local.
Un inicio valiente que prometía premio
El Celta sorprendió de salida con una propuesta atrevida y dinámica. Apenas había rodado el balón cuando Bryan Zaragoza tuvo la primera ocasión clara del partido, avisando de que los vigueses no habían viajado a San Sebastián a especular. Con dominio territorial y buena circulación, el equipo de Claudio Giráldez parecía cómodo, encontrando espacios por fuera y llegando con peligro.
- El RC Celta de Vigo salió con personalidad al Reale Arena, compitió de tú a tú y llegó a tener el partido donde quería, pero acabó pagando caros dos despistes puntuales ante una Real Sociedad letal en los momentos clave.
- El marcador final no refleja lo visto sobre el césped y deja al conjunto celeste con una sensación amarga tras una noche marcada por un resbalón, una expulsión y la pegada local.
Un error que cambia el escenario
Cuando el partido estaba equilibrado, una acción desafortunada rompió el guion. Un resbalón en la medular permitió a Mikel Oyarzabal armar el disparo desde la frontal y batir a Radu con un chut seco y ajustado. El 1-0 dio alas a la Real Sociedad, que durante varios minutos tomó el control y empujó al Celta hacia su campo.
La expulsión reabre el partido
Antes del descanso llegó la acción que volvió a girar el encuentro. Una durísima entrada de Caleta-Car sobre Manu Fernández, corregida tras la revisión del VAR, dejó a los donostiarras con diez. La roja devolvió la fe al Celta, que se fue al vestuario con la sensación de que el partido seguía muy vivo.
Asedio celeste y empate merecido
Tras la reanudación, el Celta dio un paso adelante. Con líneas más altas y más presencia ofensiva, comenzó a encerrar a la Real. Giráldez movió el banquillo y el equipo ganó aún más mordiente. El premio llegó en el minuto 72, cuando Borja Iglesias cazó un balón suelto en el área para firmar el empate. En ese tramo, el 1-2 parecía más cerca que el 2-1.
Oyarzabal vuelve a golpear
Cuando el Celta acariciaba la remontada, un nuevo desajuste defensivo resultó letal. Oyarzabal encontró el carril central y, sin oposición suficiente, volvió a marcar para colocar el 2-1. Un golpe duro, casi definitivo, que dejó tocado anímicamente al conjunto celeste.
Un penalti que castiga en exceso
Ya en el descuento, con el Celta volcado, un penalti cometido por Marcos Alonso permitió a Brais Méndez cerrar el marcador desde los once metros. El 3-1 fue demasiado castigo para un Celta que compitió, generó ocasiones y llegó a dominar con superioridad numérica, pero se marchó de Anoeta con las manos vacías y el goal-average perdido ante un rival directo por Europa.
Un resbalón, dos detalles y mucha eficacia local explican una derrota que duele más por sensaciones que por fútbol.