El fútbol, a veces, es una cuestión de obediencia táctica. Y otras, de rebeldía con balón. En el Coliseum, el guion estaba escrito en gris hasta que el Sevilla FC decidió romper el corsé. Un destello en medio del barro bastó para tumbar al Getafe CF (0-1) en un duelo áspero, cargado de fricción y marcado por la expulsión de Djené en la primera mitad.
En un partido sin apenas espacios ni imaginación, Djibril Sow emergió desde segunda línea para inclinar la balanza y devolver oxígeno competitivo al conjunto hispalense.
Un tablero cerrado y una roja que lo cambió todo
El choque arrancó como se intuía: bloques compactos, líneas de cinco, vigilancias férreas y cero concesiones por dentro. Tanto Bordalás como Almeyda plantearon un encuentro de desgaste, más pendiente de no equivocarse que de arriesgar.
El momento determinante llegó antes del descanso. Djené entró con excesiva contundencia sobre un rival, impactando a la altura del tobillo. El colegiado no dudó y mostró la roja directa sin necesidad de revisión adicional. El Getafe se quedaba con diez y el encuentro entraba en un terreno todavía más complejo para los azulones.
Hasta ese instante, el guion era plano. Tras la expulsión, el desgaste comenzó a notarse, aunque el Sevilla tampoco encontraba la llave para abrir la caja fuerte local.
Januzaj agita el orden y Sow firma la sentencia
El punto de inflexión llegó tras el descanso. Almeyda dio entrada a un perfil distinto, menos académico y más intuitivo. La aparición de Januzaj modificó el ecosistema ofensivo sevillista: más amplitud, más pausa con balón y, sobre todo, capacidad para atraer marcas.
En una acción que no figura en ningún manual ortodoxo, el belga filtró un pase quirúrgico al área. Akor Adams actuó como referencia, protegió el esférico con inteligencia y descargó atrás con precisión milimétrica. Desde la frontal apareció Sow, libre de marca, para definir con determinación ante David Soria.
Un gesto técnico colectivo que rompió 70 minutos de espesura.
El Getafe apretó con orgullo, pero sin claridad
Lejos de rendirse, el conjunto madrileño buscó el empate desde el empuje y el balón lateral. Con uno menos, apeló al orgullo competitivo que caracteriza a los equipos de Bordalás. Centros al área, segundas jugadas y acumulación de hombres en campo rival.
Ahí emergió la figura del guardameta sevillista, seguro en el juego aéreo y solvente en las intervenciones decisivas. El Sevilla supo temporizar, elegir cuándo correr y cuándo pausar, e incluso dispuso de transiciones para ampliar la renta.
El 0-1 no se movió. Fue corto en el marcador, pero suficiente en el contexto.
Claves tácticas del 0-1 en el Coliseum
La inferioridad numérica azulona
La expulsión no supuso un asedio inmediato, pero sí un desgaste progresivo. El Getafe compitió, aunque pagó el esfuerzo en la recta final.
Bloques en espejo y miedo a romper líneas
Ambos equipos priorizaron la estructura defensiva. El riesgo fue mínimo durante gran parte del encuentro. Solo cuando el Sevilla introdujo talento diferencial encontró grietas.
Gestión emocional sevillista
Tras el gol, el cuadro andaluz no perdió la cabeza. Supo cerrar espacios, enfriar el ritmo y minimizar riesgos para asegurar tres puntos estratégicos.
Protagonistas propios en una noche de detalles
Djibril Sow
Sin ser un centrocampista exuberante en lo estético, su lectura de llegada desde segunda línea fue determinante. Cuatro goles en Liga avalan su peso creciente en el sistema.
Januzaj
Intermitente, sí. Pero diferencial. Su pase activó el mecanismo ofensivo que hasta entonces estaba atascado.
Djené
Su expulsión condicionó el plan del Getafe. En partidos de márgenes tan estrechos, quedarse con diez es caminar por el alambre.
Un triunfo que reordena la clasificación
El Sevilla corta así una dinámica irregular y, además, vuelve a dejar su portería a cero tras varias jornadas encajando. Más allá del resultado, el equipo mostró una versión pragmática: cuando el orden no alcanza, el talento decide.
Por su parte, el Getafe ve frenada su racha positiva. Llegaba con confianza y aspiraciones europeas en el horizonte, pero el tropiezo le devuelve a la pelea del día a día.
En el Coliseum no ganó el fútbol brillante. Ganó el que supo esperar su momento y golpear con precisión quirúrgica.