Rubén Blanco mira su carrera con una perspectiva distinta a la de aquel portero que debutó muy joven en el Celta. Desde Japón, donde juega actualmente en el Yokohama F. Marinos, el guardameta de Mos ha repasado las lesiones que condicionaron distintas etapas de su trayectoria y ha dejado una declaración especialmente sentida sobre Iago Aspas, su antiguo compañero en Vigo.
Las lesiones, el mayor desafío de su carrera
En una entrevista concedida a CÍES Podcast, en su capítulo del 23 de octubre, Blanco reconoció que irrumpir tan joven en la élite multiplicó la frustración cuando llegaron los problemas físicos. En lugar de quedarse únicamente con lo que las lesiones le impidieron disputar, ahora pone en valor la capacidad de recuperarse y continuar.
Su recorrido lo explica. Tras hacerse un sitio en la portería del Celta, dio el salto al Olympique de Marsella, pasó por el Girona y encontró una nueva etapa profesional en Japón. No es una sucesión de destinos que oculte sus dificultades físicas, sino una trayectoria que el propio futbolista reivindica por todo lo que ha podido superar.
Blanco también recordó el componente emocional de jugar en Primera División con el club al que siempre había estado vinculado. El Celta no fue únicamente su plataforma de salida al fútbol internacional: fue el equipo de su vida y el lugar donde empezó a construir su carrera profesional.
Un reconocimiento rotundo a Iago Aspas
La parte más emotiva de la conversación llegó al hablar de Iago Aspas. El guardameta considera que el delantero de Moaña es el jugador más importante de la historia del Celta y lo sitúa, además, entre los grandes atacantes del fútbol español por sus cifras y por su continuidad competitiva.
Más que discutir su lugar en los registros, Blanco puso el acento en el deseo de que Aspas disfrute de los partidos que todavía tiene por delante. Son palabras de quien compartió vestuario con el capitán celeste y conoce la dimensión que tiene para el club y para la afición de Balaídos.
De Vigo a Yokohama, sin perder el vínculo con el Celta
El portero afronta ahora una experiencia muy diferente en el fútbol japonés. La distancia geográfica no ha reducido su identificación con el Celta ni el respeto que mantiene por sus antiguos compañeros. Sus reflexiones reúnen las dos caras de una trayectoria singular: el desgaste de las lesiones y la satisfacción de haber competido en clubes y ligas de distintos países.
En una época en la que las carreras suelen medirse por partidos jugados y títulos, Blanco introduce otro criterio: la capacidad para volver después de cada contratiempo. Y cuando mira hacia Vigo, el nombre que coloca por encima de todos sigue siendo el de Iago Aspas.
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