El pitido final del Deportivo-Las Palmas desató la locura en un Riazor que llevaba una semana esperando este momento. Casi 30.000 almas saltaron al césped para celebrar con sus héroes un ascenso que devuelve al gigante gallego donde nunca debió marcharse. Banderas, bengalas y lágrimas: así se despide el Dépor de Segunda División.
El césped se tiñó de blanquiazul en cuestión de segundos
No hizo falta que nadie diera la orden. El pitido final dio paso a una invasión de campo pacífica y colorida que dejó claro que este éxito pertenece a todos. 29.795 aficionados presentes en el feudo blanquiazul llevaban siete días conteniendo la emoción desde aquella noche mágica en Valladolid, y hoy tocaba desatarla en casa.
La ola deportivista cambió rápidamente el verde del terreno de juego por un mar blanquiazul. Banderas, bengalas, bailes, cánticos, jugadores a hombros… A Coruña gozó de su más que merecido regreso a la élite del fútbol nacional. Daba igual que Las Palmas se hubiera llevado la victoria por 1-2. Daba igual todo. Riazor necesitaba su catarsis.
Cuando el resultado importa menos que la celebración
Paradojas del fútbol: el Deportivo de La Coruña se despidió de la Segunda División con una derrota que no empaña la gesta lograda hace una semana. El Estadio de Riazor registró un ambiente espectacular para homenajear a los suyos, a pesar de que la UD Las Palmas se impuso por 1-2. Los canarios necesitaban los tres puntos para meterse en playoff y se los llevaron, pero la tarde era blanquiazul desde mucho antes del saque inicial.
De poco le importa a la afición blanquiazul el resultado, y se nota en el ambiente; Riazor disfruta, Riazor se lo pasa bien, Riazor se la goza. Eddahchouri marcó el 1-2 y el estadio estalló con el \»¡Percebeiro, Percebeiro!\», como si aquello fuera el gol del título. Porque en el fondo, el título ya estaba en casa desde hacía siete días.
Recuerdos para toda una vida
La invasión tuvo de todo. Los aficionados quisieron llevarse un recuerdo de este imborrable día, por lo que las redes de las porterías y los banderines de las esquinas -entre otras cosas- desaparecieron de su emplazamiento habitual. Algunos incluso se llevaron asientos del estadio, según se pudo ver cuando la gente comenzaba a abandonar las instalaciones.
No era vandalismo. Era amor puro y duro. Era la necesidad de tener algo tangible de un día que muchos creyeron que nunca llegaría. Ocho años en el infierno de Segunda y categorías inferiores pesan, y cuando por fin sales, quieres agarrarte a cualquier cosa que te recuerde que no fue un sueño.
El homenaje sobre el verde
Ya sin aficionados sobre el césped, comenzó a montarse el escenario para que los jugadores tengan su homenaje sobre el verde. Como ya se hizo en otras temporadas, los futbolistas salieron a saludar a su afición. Uno por uno fueron desfilando ante un Riazor entregado que no paraba de cantar \»¡A Primera, nos vamos a Primera!\».
Los siete futbolistas que pasaron de Primera Federación a Primera División tuvieron especial protagonismo en la celebración del ascenso. Ellos conocen mejor que nadie lo que significa este viaje. De tercera a primera en dos años. De la nada al todo. Del ostracismo al Olimpo.
Mella, Yeremay, Villares… Cada nombre que sonaba por megafonía era recibido con una ovación atronadora. Cuando le tocó el turno a Antonio Hidalgo, el estadio casi se viene abajo. El míster que devolvió al Dépor a Primera será recordado para siempre en A Coruña.
Una semana de locura continua
Esta invasión de campo era la guinda a una semana de celebraciones que arrancó el pasado 24 de mayo en Valladolid. El deportivismo no falló y recibió a los suyos de madrugada entre vítores y cánticos de \»A Primera, oé\» cuando el autobús llegó a la explanada de Riazor sobre las cuatro de la madrugada.
No se lo perdió el presidente, el banquero Juan Carlos Escotet, que se fundía en abrazos con los aficionados. Y los jugadores se entregaron a esa marea blanquiazul que los apoyó sin descanso en este último periplo por Segunda y Primera Federación. Aquella noche fue épica, pero faltaba el broche en casa.
Hoy, antes del partido, desde la calle San Juan hasta la avenida Manuel Murguía, una marea blanquiazul tiñó el paseo marítimo para recibir al equipo por última vez antes de abandonar la división de plata. El corteo fue apoteósico, con miles de aficionados acompañando al autobús del equipo hasta Riazor.
Próxima parada: Cuatro Caminos
Con el silbato final, el feudo coruñés se transformó en una auténtica verbena que continuará durante toda la noche en Cuatro Caminos. Porque esto no acaba aquí. Ni mucho menos. La fiesta apenas empieza y A Coruña tiene ganas de celebración acumuladas desde hace ocho años.
La derrota supuso el fin de una racha de doce encuentros invictos en el tramo definitivo del torneo. Los blanquiazules cierran así una espectacular remontada en la tabla que les devuelve de forma directa a la máxima categoría. Doce partidos sin perder cuando más importaba. Eso es carácter. Eso es Dépor.
El gigante ha despertado
Tras años de travesía por el desierto de las categorías inferiores, el gigante gallego ha despertado de su letargo. El fútbol español recupera un clásico y Riazor ya se prepara para recibir a los mejores clubes del mundo. Barça, Madrid, Atleti… Todos volverán a pisar este estadio que tantas noches europeas vivió a principios de siglo.
La invasión de hoy no fue solo una celebración. Fue una declaración de intenciones. Fue el deportivismo diciéndole al fútbol español: \»Hemos vuelto, y esta vez para quedarnos\». Fue Riazor recordándole a todos por qué es uno de los campos con más ambiente del país.
Las imágenes de miles de aficionados saltando al césped, abrazándose con los jugadores, llorando de emoción, quedarán para siempre en la retina de quienes las vivieron. Y para quienes no estuvieron, les quedará la envidia sana de haberse perdido uno de esos días que solo el fútbol puede regalarte.
Riazor ha vuelto a rugir. Y el rugido se ha escuchado en toda España.