El Pontevedra CF entra en una carrera contrarreloj con Pasarón. A poco más de una semana del primer partido de Liga en casa, previsto para el 5 de septiembre ante el Arenas de Getxo, el nuevo drenaje complementario ya está instalado y ahora queda la parte que no admite atajos: que la semilla germine, el césped crezca y las lluvias permitan que el terreno llegue en condiciones.
La presidenta granate, Lupe Murillo, mantiene la confianza en que el partido pueda disputarse con normalidad y asegura que, por ahora, el club no ha solicitado ningún cambio. Pero tampoco cierra esa puerta si la evolución del campo obliga a tomar una decisión en los próximos días.
Una solución de urgencia sobre un problema estructural
El diagnóstico de fondo no ha cambiado. La auditoría externa encargada por el Concello concluyó que el sistema de drenaje de Pasarón era «totalmente no funcional», un problema que vuelve especialmente vulnerable el terreno con episodios de lluvia intensa.
La actuación realizada estas semanas no sustituye las canalizaciones profundas ni levanta por completo el terreno de juego. El Pontevedra ha optado por un drenaje complementario por encima de la zona compactada, una solución pensada para evacuar mejor el agua en los puntos más inundables y ganar tiempo sin afrontar una obra incompatible con el inicio de la competición.
La banda de Tribuna vuelve a estar entre las zonas que más preocupan cuando se acumula agua. El verdadero examen para la intervención llegará precisamente ahora, con las lluvias de estos días y con el calendario apretando.
El Arenas, primera fecha marcada en rojo
El Pontevedra debutará este viernes fuera de casa ante el Real Avilés y después tendrá apenas una semana para preparar su estreno en Pasarón. El calendario sitúa el Pontevedra-Arenas el sábado 5 de septiembre, por lo que el estado del césped pasará a ser noticia diaria si la climatología no ayuda. La programación del encuentro ya aparece fijada para esa fecha.
Murillo ha dejado claro que el club confía en llegar, pero también que no forzará una situación insostenible: si fuese necesario solicitar un cambio de fecha o un aplazamiento, se estudiaría. De momento, el mensaje es de prudencia y espera.
La reconstrucción total sigue encima de la mesa
El arreglo actual no elimina el problema de raíz. La auditoría cifra en torno a 1,7 millones de euros una reconstrucción completa del campo, una intervención que requeriría además muchos meses de obras y que, por tanto, no podía ejecutarse antes del inicio liguero.
Hace tres años ya se acometió otra actuación con cambio de arena y colocación de nuevos tepes, con una inversión aproximada de 150.000 euros y apoyo institucional. Aquella solución mejoró temporalmente el terreno, pero no resolvió el fallo estructural del drenaje.
El informe también contemplaba escenarios intermedios. Una nueva resiembra presentaba un riesgo de fallo superior al 60 % antes de acabar el primer trimestre de competición. Otra posibilidad era instalar tepe natural y arena, mientras que la opción de mayor garantía antes de una reconstrucción completa pasaba por un tepe híbrido con malla sintética e inyección de arena, con una estimación que podía llegar a unos 286.000 euros.
En ninguno de esos casos desaparecería el defecto estructural que arrastra el terreno desde su construcción. Por eso la actuación actual debe entenderse como lo que es: una maniobra para salvar el presente mientras se decide cómo abordar el futuro de Pasarón.
El césped y el calendario ya van de la mano
El asunto no llega en un momento cualquiera. El Pontevedra regresa a Primera Federación con una plantilla profundamente renovada y necesita convertir Pasarón en uno de sus puntos fuertes desde el comienzo. En M90 ya analizamos cómo llega el equipo de Rubén Domínguez al estreno ante el Real Avilés.
También hemos seguido desde julio la evolución del problema, cuando el mal estado del terreno dejó al primer equipo sin Pasarón durante la pretemporada.
Ahora ya no se trata de conservar el campo para entrenar o disputar amistosos. Hay puntos en juego. Y en Pontevedra empieza una cuenta atrás que tiene al Arenas en el horizonte y al cielo como árbitro inesperado.