El Racing estrenó el jueves 22 de octubre de 2026 su primer campo en Mandiá. Una jornada histórica, sin discusión. Y también el desenlace de una espera difícil de explicar sin mirar atrás: el Grupo Élite tomó el control del club el 22 de noviembre de 2017. Han pasado casi nueve años hasta que su primer equipo ha dispuesto de un terreno de entrenamiento propio. Nueve años en los que el Racing ascendió al fútbol profesional, permaneció dos temporadas en Segunda y volvió a Primera Federación antes de pisar por fin ese césped.
La inauguración merece aplausos. La cronología, unas cuantas preguntas.
El proyecto de 2017 tardó casi nueve años en encontrar su campo
Con Ignacio Rivera al frente, Élite llegó prometiendo un Racing capaz de crecer deportiva y estructuralmente. La ciudad deportiva fue una aspiración de aquella etapa, como el propio club reconoció después en un comunicado oficial: construirla había sido un objetivo desde su llegada. La recuperación deportiva sí llegó: tras el descenso a Tercera en 2018, el equipo se reconstruyó hasta ascender a Segunda en 2023.
Pero el salto sobre el césped no estuvo acompañado del mismo progreso en infraestructuras. Ya en el fútbol profesional, la plantilla seguía repartiendo entrenamientos entre A Gándara, Río Seco, Maniños y otros campos de Ferrolterra, en función de la disponibilidad y del tiempo. Lo que para otros clubes era una rutina —llegar al centro de trabajo, entrenar y ducharse allí— continuaba siendo una pequeña expedición.
Y la imagen más reveladora no procede de una crítica exterior. La dejó el propio Carlos Mouriz.
El plástico para el asiento: la confesión de Mouriz
El 6 de septiembre de 2024, con el Racing disputando su segunda temporada consecutiva en Segunda División, Mouriz reconoció en una comparecencia pública que los jugadores se cambiaban en A Malata, iban a entrenar a otro recinto en sus coches particulares y regresaban sin disponer allí de vestuarios propios. «Ahora les regalamos un plástico para que lo pongan en el asiento», dijo, según recogieron La Voz de Galicia y AS.
El detalle tiene algo de comedia costumbrista, pero poca gracia para un futbolista profesional que termina una sesión bajo la lluvia y debe conducir hasta A Malata para ducharse. En abril de 2025, La Voz seguía describiendo exactamente esa rutina. Y en octubre de 2026, antes del estreno de Mandiá, aún había jugadores que recordaban los plásticos de aquella etapa, aunque el club había incorporado después desplazamientos en autocar.
La escena retrata mejor que cualquier presentación la distancia entre el Racing que Élite había conseguido llevar a Segunda y los medios materiales con los que trabajaba.
El campo que iba a estar listo durante la temporada 2023-24
La hemeroteca permite poner fechas a ese desfase. El 19 de junio de 2023, recién conquistado el ascenso, Mouriz aseguró que el Racing dispondría de uno de los campos de su nueva ciudad deportiva durante la temporada 2023-24, según informó entonces La Voz de Galicia.
El campo no llegó. En junio de 2024 se situó una nueva meta en julio de 2025. Tampoco se cumplió. Y en abril de 2026, ya con Manuel Ansede de presidente, se esperaba disponer de dos campos para finales de junio. El primer entrenamiento real se produjo el 22 de octubre de 2026, más de tres años y cuatro meses después de la primera previsión de Mouriz.
Lo especialmente llamativo es que, cuando se anunciaron aquellos primeros plazos, el Racing todavía no había completado la adquisición de los terrenos donde debía construir. El calendario corrió por delante de los expedientes.
Los retrasos existieron; también las previsiones demasiado optimistas
No sería riguroso ignorar las dificultades reales. La parcela de Mandiá, vinculada a la antigua estación radio de la Armada, exigió gestiones entre Defensa y el Concello. Hubo alternativas de ubicación, condicionantes urbanísticos y desacuerdos públicos entre el club y el Ayuntamiento. La adquisición se formalizó el 10 de abril de 2025, por unos 550.000 euros.
Después llegaron informes y permisos sectoriales, controles arqueológicos y obras de acondicionamiento. La licencia para los primeros campos se solicitó el 23 de junio de 2025 y se concedió el 13 de noviembre. No faltaron razones para que la obra avanzase despacio.
Pero una cosa es explicar los obstáculos y otra convertirlos en una absolución de todos los anuncios fallidos. Élite tuvo casi nueve años para dotar al primer equipo de un campo propio, incluidos dos cursos en Segunda División. Que finalmente haya podido hacerlo no impide analizar por qué tardó tanto ni por qué se ofrecieron fechas que después fueron rectificadas.
Y la ciudad deportiva todavía no está terminada
El campo estrenado en Mandiá, de 8.214 metros cuadrados de césped híbrido, supone un avance de enorme valor. Sin embargo, todavía faltan vestuarios, gimnasio, enfermería y otras dependencias previstas en la rehabilitación del edificio H. También queda por ejecutar un segundo campo de hierba artificial.
Los plazos de ese segundo terreno siguen condicionados por la intervención y las autorizaciones de Patrimonio Cultural, según la información difundida tras el estreno. No hay base pública suficiente para afirmar que se hayan encontrado restos arqueológicos que bloqueen definitivamente otra zona concreta de la parcela. Lo comprobable es que el proyecto continúa incompleto y que su siguiente fase todavía afronta condicionantes.
Conviene no confundir el primer entrenamiento con la entrega de toda la ciudad deportiva: lo estrenado es un campo, no el complejo acabado.
Una buena noticia que no borra nueve años de espera
El Grupo Élite merece el reconocimiento por devolver al Racing al fútbol profesional y por impulsar finalmente una instalación estratégica para el club y su cantera. Pero también debe aceptar el escrutinio de una gestión de infraestructuras que quedó muy por detrás de los éxitos deportivos.
Los permisos, el Concello y Patrimonio tienen su parte de esta historia. Las previsiones y decisiones de los responsables racinguistas, también. El resultado es tan revelador como incómodo: el Racing alcanzó el fútbol profesional sin tener un campo propio de entrenamiento y lo estrenó después de haber descendido de nuevo a Primera Federación.
El jueves, por fin, rodó el balón en Mandiá. Y, afortunadamente, para llegar al entrenamiento ya no hizo falta buscar otro campo de la comarca. Queda ahora un último reto para la planificación: que el resto de las instalaciones llegue antes de que los próximos plazos también se conviertan en hemeroteca.
