La Primera RFEF, oficialmente conocida como Primera Federación, se consolidó como la tercera categoría del fútbol español en 2021 con la intención de ordenar el fútbol semiprofesional y servir de puente hacia el fútbol profesional. Sin embargo, el paso de las temporadas ha dejado una conclusión clara: el modelo actual genera un problema estructural en la Primera RFEF que afecta directamente a la sostenibilidad de muchos clubes.
Una categoría con exigencias de fútbol profesional
Aunque sobre el papel se trata de una categoría no profesional, la realidad es bien distinta. La estructura de la tercera categoría del fútbol español obliga a los clubes a contar con plantillas amplias, cuerpos técnicos profesionalizados, servicios médicos estables y una logística de viajes que se extiende por todo el territorio nacional.
- La Primera RFEF, oficialmente conocida como Primera Federación, se consolidó como la tercera categoría del fútbol español en 2021 con la intención de ordenar el fútbol semiprofesional y servir de puente hacia el fútbol profesional. Sin embargo, el paso de las temporadas ha dejado una conclusión clara: el modelo actual genera un problema estructural en la Primera RFEF que afecta directamente a la sostenibilidad de muchos clubes.
- Una categoría con exigencias de fútbol profesional
- El coste real de competir en Primera RFEF
- Sin ingresos centralizados que equilibren el sistema
- Impagos y retrasos: una señal de alarma documentada
- Ascender o caer: un sistema sin término medio
- Una categoría que necesita ajustes, no parches
- Conclusión: competir no es el problema, sostenerse sí
Estas exigencias han elevado el listón competitivo, pero también han disparado los costes fijos de entidades que, en muchos casos, no disponen de ingresos estables ni garantizados.
El coste real de competir en Primera RFEF
Uno de los grandes silencios que rodean a la categoría es el coste real de competir en Primera RFEF. Aunque no existe un presupuesto oficial único, múltiples clubes han reconocido públicamente que sus gastos anuales se han incrementado de forma notable respecto a la antigua Segunda B.
Los desplazamientos largos, las concentraciones, el aumento de salarios y las exigencias federativas convierten cada temporada en un ejercicio de equilibrio financiero. Para muchos clubes, el objetivo ya no es crecer, sino llegar vivos al mes de junio.
Sin ingresos centralizados que equilibren el sistema
A diferencia de lo que ocurre en las competiciones profesionales, la Primera RFEF carece de un reparto televisivo potente y estable. Esto provoca que la sostenibilidad económica en Primera RFEF dependa casi exclusivamente de patrocinios locales, ayudas institucionales y, en algunos casos, del respaldo directo de accionistas o propietarios.

El problema aparece cuando alguno de esos pilares falla. Sin ingresos recurrentes, cualquier contratiempo deportivo o institucional se traduce en tensiones de tesorería inmediatas.
Impagos y retrasos: una señal de alarma documentada
En los últimos años han salido a la luz casos recientes de impagos en Primera RFEF, con jugadores y cuerpos técnicos denunciando retrasos en el cobro de sus salarios. La propia AFE ha tenido que intervenir en varias ocasiones, y algunos clubes han visto limitada su capacidad para fichar hasta regularizar su situación.
Aunque no afecta a todos los clubes por igual, este tipo de situaciones evidencia que el modelo no ofrece una red de seguridad suficiente para absorber errores de gestión o malas rachas deportivas.
Ascender o caer: un sistema sin término medio
El diseño competitivo de la categoría tampoco ayuda. El número limitado de plazas de ascenso convierte cada temporada en una apuesta de alto riesgo. Para muchos clubes, no subir implica otro año de gasto elevado; descender, directamente, puede suponer un golpe casi definitivo.
Este modelo actual de la Primera Federación empuja a muchas entidades a invertir por encima de sus posibilidades reales con la esperanza de dar el salto de categoría.
Una categoría que necesita ajustes, no parches
La propia RFEF ha puesto en marcha mecanismos de apoyo financiero y líneas de ayuda para clubes en dificultades, una señal clara de que el sistema requiere ajustes. Sin embargo, mientras no se revisen aspectos clave como los ingresos, el formato competitivo o la protección económica, el problema seguirá latente.
Este problema estructural del fútbol español no se limita a una mala temporada o a una mala gestión puntual: responde a un desequilibrio entre exigencia y retorno económico.
Conclusión: competir no es el problema, sostenerse sí
La Primera RFEF ha elevado el nivel competitivo y la exigencia deportiva, pero lo ha hecho sin garantizar un marco económico acorde. Hoy, muchos clubes no se preguntan cómo crecer, sino cómo resistir.
La cuestión ya no es si la categoría es atractiva o igualada.
La pregunta de fondo es cuántos clubes pueden permitirse seguir compitiendo en estas condiciones.