El Racing de Ferrol ha convertido A Malata en un lugar donde los contratiempos no alteran el resultado. Ante Unionistas volvió a ganar (1-0), sumó su tercera victoria consecutiva y mantuvo intacta su trayectoria como local: cuatro partidos, cuatro triunfos. Pero la satisfacción de Javi Vázquez después del encuentro no se explicó únicamente por los puntos. El técnico encontró en las bajas de última hora una demostración de la profundidad y la implicación de su plantilla.
Dos ausencias y dos respuestas inmediatas
Migue Leal arrastraba unas molestias desde el viernes. Unai Ropero sufrió un contratiempo durante el calentamiento y el cuerpo técnico decidió no arriesgar. De repente, Vázquez tuvo que retocar sus planes en dos posiciones relevantes. Lejos de convertirse en una excusa, la situación abrió la puerta a Edgar Pujol y Roberto Arroyo. Los dos aprovecharon la ocasión y el segundo terminó firmando, en el minuto 20, el único gol del partido.
El entrenador reconoció que las bajas son desagradables, pero explicó que intenta buscar soluciones dentro de ellas. Destacó, además, la responsabilidad de los propios jugadores afectados, que advirtieron de que no estaban en condiciones de competir al máximo nivel. Esa sinceridad permitió reaccionar antes de que empezara el encuentro.
Edgar Pujol y un mensaje para los menos habituales
Una de las reflexiones más interesantes de Vázquez tuvo como protagonista a Edgar Pujol. El defensa no venía teniendo el protagonismo que deseaba, una situación que puede complicar la convivencia en cualquier vestuario. Sin embargo, el técnico explicó que el futbolista ha entendido sus decisiones y ha respondido con un gran partido cuando le tocó entrar.
La polivalencia de Edgar, capaz de actuar en varias posiciones de la defensa y del centro del campo, ofrece un recurso importante para un Racing que busca mantener su regularidad en una categoría muy exigente. La confianza que transmite Vázquez no significa repartir minutos por igual: significa que cada futbolista debe estar preparado para aportar cuando se abre su oportunidad.
En el caso de Arroyo, esa respuesta se transformó en el gol decisivo. Su actuación y la adaptación de Edgar ilustran cómo el equipo está encontrando soluciones más allá de su once habitual.
Vázquez quiere más, incluso después de ganar
La tercera victoria consecutiva no rebajó la exigencia del entrenador. Vázquez considera que el Racing progresa, pero insiste en que todavía hay aspectos por mejorar. Lo resumió con una frase: «Siempre hay que pedir más».
Su principal reparo al triunfo ante Unionistas estuvo en la falta de un segundo gol. El Racing dominó amplias fases, generó ocasiones para ampliar la diferencia y terminó obligado a proteger una ventaja mínima hasta el final. Para el entrenador, sentenciar antes habría evitado el riesgo de que una acción aislada devolviese al rival al partido.
Ese matiz ayuda a entender su manera de gestionar el momento del equipo. El 1-0 vale tres puntos y consolida el trabajo defensivo, pero también señala un margen de crecimiento en el remate y la resolución de las oportunidades. La crónica del Racing–Unionistas refleja la superioridad local y la necesidad de convivir demasiado tiempo con el marcador ajustado.
A Malata empieza a reconocer a su entrenador
Cuatro victorias en cuatro encuentros en casa y tres triunfos consecutivos son cifras suficientes para explicar por qué el racinguismo está ganando confianza en el proyecto. Pero el efecto de Vázquez va más allá de la clasificación: su insistencia en que todos se sientan útiles, el tono exigente incluso después de ganar y la reacción de los suplentes están fortaleciendo al grupo.
El Racing había tenido dificultades para trasladar esa seguridad a los desplazamientos, pero el triunfo de la jornada anterior ante el Fabril también permitió dar un paso en ese sentido. Ahora afrontará otra salida, frente al Mirandés, con argumentos para confiar en una plantilla que está demostrando que puede competir incluso cuando los planes cambian poco antes del pitido inicial.
La relación que Javi Vázquez está construyendo con la afición encuentra en partidos como este una prueba tangible: el equipo responde, el banquillo aporta y la exigencia no desaparece con las victorias.
