El nuevo presidente del CTGA apuesta por recuperar árbitros principales en el fútbol profesional, reforzar la formación y combatir la violencia que afecta a un colectivo con cerca de 500 menores
El arbitraje gallego abre una nueva etapa sin romper con el trabajo desarrollado durante los últimos años. Roberto Vázquez Alvite ha sido elegido por Pablo Prieto para presidir el Comité Técnico Galego de Árbitros y sustituir a Bernardino González Vázquez al frente del organismo.
El nombramiento responde a una apuesta por la promoción interna. Alvite ya formaba parte del equipo directivo del Comité, primero como vocal y posteriormente como vicepresidente, por lo que conoce desde dentro el funcionamiento de las delegaciones, las necesidades de los colegiados y los principales problemas que deberá afrontar durante su mandato.
La Real Federación Galega de Fútbol busca así una transición continuista, pero con varios objetivos muy definidos: elevar la calidad de la formación, conseguir que Galicia vuelva a contar con árbitros principales en el fútbol profesional y ofrecer una mayor protección a un colectivo cada vez más joven.
Un relevo desde dentro del propio Comité
Pablo Prieto comunicó oficialmente el nombramiento durante una reunión con el equipo directivo del CTGA. El presidente federativo considera que la experiencia acumulada por Alvite dentro del organismo lo convierte en el perfil adecuado para dar continuidad al trabajo anterior y asumir los próximos retos.
No se trata, por tanto, de un dirigente que aterrice desde fuera para modificar todo el modelo. El nuevo responsable conoce la estructura territorial, la organización de las competiciones y el recorrido que siguen los árbitros desde sus primeros encuentros en el fútbol base hasta las categorías nacionales.
Esa continuidad encaja con la línea iniciada por Prieto desde su llegada a la presidencia de la Federación. El dirigente fue proclamado para el periodo 2026-2030 con el compromiso de integrar a clubes, futbolistas, entrenadores y árbitros dentro del nuevo proyecto federativo.
Del silbato a los despachos
Nacido en A Coruña el 10 de enero de 1977, Roberto Vázquez Alvite comenzó a arbitrar en 1994. Como colegiado principal alcanzó la Tercera División, categoría en la que permaneció durante seis temporadas.
Posteriormente desarrolló una etapa de ocho años como árbitro asistente en el fútbol profesional. Esa trayectoria le permitió conocer tanto las dificultades del arbitraje territorial como el nivel de preparación, exigencia y presión que rodea a las categorías superiores.
Después de colgar el silbato se incorporó al equipo dirigido por Bernardino González. Comenzó como vocal y terminó ocupando la vicepresidencia, responsabilidad que ejercía antes de ser designado para encabezar el Comité.
Su promoción permite al CTGA mantener una línea de trabajo reconocible y evita un periodo largo de adaptación. Alvite cambia de asiento dentro del vestuario arbitral, pero conoce perfectamente la pizarra, los jugadores y hasta dónde suelen llegar las protestas desde el banquillo.
Galicia quiere recuperar presencia en el fútbol profesional
Uno de los principales objetivos del nuevo presidente será conseguir que el arbitraje gallego vuelva a disponer de colegiados principales en las categorías profesionales.
Galicia mantiene representación a través de árbitros asistentes y cuenta con trayectorias destacadas dentro del panorama nacional e internacional. Uno de los ejemplos recientes es el coruñés Diego Sánchez Rojo, cuya participación en el Mundial confirmó que el camino desde las categorías autonómicas hasta la élite continúa abierto para los jóvenes colegiados gallegos.
El reto del nuevo Comité será convertir esos casos en una estructura más amplia y estable. Para lograrlo necesitará mejorar el seguimiento técnico, preparar a los árbitros para los cambios de categoría y reducir la distancia existente entre el fútbol territorial y las competiciones nacionales.
No basta con superar las pruebas físicas o dominar el reglamento. Un colegiado que aspire a subir debe aprender a gestionar futbolistas, cuerpos técnicos, áreas técnicas, protestas y encuentros que cambian de temperatura en apenas dos decisiones.
La formación como eje del nuevo proyecto
Alvite también pretende reforzar la preparación de los árbitros desde sus primeros años. El crecimiento del colectivo obliga a coordinar el trabajo de las delegaciones y a proporcionar herramientas técnicas, físicas y psicológicas adaptadas a cada etapa.
El nuevo presidente considera que la formación debe ocupar un lugar central en el proyecto. La mejora no puede limitarse a analizar jugadas polémicas o corregir errores después de los partidos. También requiere acompañamiento, criterios comunes y una comunicación clara para que los colegiados entiendan qué se les exige en cada categoría.
El arbitraje moderno demanda preparación física, conocimiento táctico y capacidad para anticiparse a las acciones. Comprender cómo presiona un equipo, hacia dónde orienta sus ataques o qué movimientos realiza en las jugadas a balón parado ayuda al árbitro a colocarse mejor y reducir su margen de error.
Casi 500 menores y una responsabilidad enorme
El desafío más delicado aparece fuera del terreno estrictamente deportivo. El arbitraje gallego cuenta con cerca de 500 menores de edad, aproximadamente la mitad de todo el colectivo, según los datos trasladados por el nuevo presidente.
La cifra demuestra la capacidad del CTGA para atraer nuevas vocaciones, pero también eleva su responsabilidad. Muchos adolescentes arbitran partidos de fútbol base mientras reciben protestas de jugadores adultos, entrenadores y espectadores.
Alvite ha situado la protección de los colegiados entre las prioridades de su mandato. Su intención es buscar soluciones ante las actitudes violentas y evitar que los jóvenes árbitros se encuentren solos cuando sufren amenazas, insultos o intimidaciones.
La violencia arbitral no puede abordarse únicamente después de una agresión. Requiere prevención, protocolos de actuación, coordinación con los clubes y sanciones capaces de actuar como verdadero elemento disuasorio. Un campo de fútbol no puede convertirse en un espacio donde un menor deba asumir comportamientos que serían inadmisibles en cualquier aula o lugar de trabajo.
Continuidad en el trabajo, exigencia ante los nuevos retos
Pablo Prieto define a Alvite como una persona con capacidad de trabajo y gestión. El nuevo presidente, por su parte, admite que afronta el nombramiento con ilusión, responsabilidad y unos nervios similares a los que sentía antes de dirigir un partido.
La comparación refleja la dimensión del reto. Ahora no tendrá que decidir sobre un penalti o una tarjeta, sino sobre la evolución de más de un millar de árbitros, su preparación y su seguridad.
El nuevo Comité parte de una estructura conocida y de un relevo diseñado desde dentro. Sin embargo, deberá responder a problemas que llevan tiempo sobre la mesa: recuperar presencia en el fútbol profesional, mejorar la formación y proteger a quienes empiezan a arbitrar cuando todavía son menores.
Alvite ya conoce el reglamento y el terreno de juego. Su partido más importante comienza ahora en los despachos, y tendrá tres áreas que vigilar especialmente: élite, formación y tolerancia cero frente a la violencia.