Manuel Pablo ha pasado revista al estado de la cantera del Deportivo y al rendimiento del Fabril en Primera Federación durante el programa ‘Especial Fin de temporada’ de A Balón Parado. El histórico blanquiazul ofreció su análisis sobre la buena salud que atraviesa la factoría de Abegondo y el futuro inmediato del filial en la tercera categoría del fútbol español.
El veredicto de una leyenda sobre la fábrica blanquiazul
Cuando habla Manuel Pablo, en Riazor se escucha. Y cuando el eterno capitán se pronuncia sobre la cantera, las palabras pesan el doble. En su intervención en A Balón Parado, el emblema deportivista dejó claro que Abegondo atraviesa un momento de forma envidiable, con una estructura que vuelve a funcionar como debe y un Fabril que ha demostrado músculo en Primera Federación.
No es un análisis cualquiera. Estamos hablando de alguien que vivió la edad dorada del club desde dentro, que conoce cada rincón de la entidad y que sabe distinguir cuándo hay proyecto real y cuándo solo hay humo. Y su diagnóstico no deja lugar a dudas: la salud de la cantera deportivista es buena, muy buena.
Abegondo vuelve a ser lo que nunca debió dejar de ser
La radiografía que ofreció Manuel Pablo sobre las instalaciones de Abegondo refleja una realidad que los aficionados blanquiazules llevaban tiempo esperando: la cantera vuelve a ser una prioridad. Después de años de vaivenes institucionales, de proyectos a medio gas y de una desconexión preocupante entre el primer equipo y la base, parece que las cosas empiezan a funcionar con la lógica que siempre debieron tener.
La estructura formativa del Deportivo ha recuperado el pulso, y eso se nota en la calidad de los chavales que van subiendo escalones. No se trata solo de tener buenas instalaciones o de fichar promesas a diestro y siniestro. Se trata de crear un ecosistema donde el talento pueda crecer, madurar y dar el salto cuando esté preparado. Y eso, según el análisis del histórico lateral, está ocurriendo.
El Fabril, ese termómetro infalible
Si hay un indicador fiable del estado de una cantera, ese es el rendimiento del filial. Y el Fabril en Primera Federación ha sido, según las palabras de Manuel Pablo, una prueba de fuego superada con nota. Competir en la tercera categoría del fútbol español no es ninguna tontería: equipos con presupuestos considerables, rivales con hambre de ascenso y una exigencia física y táctica que obliga a los jóvenes a madurar a marchas forzadas.
Que el filial blanquiazul se haya mantenido firme en esa categoría habla de una planificación acertada y de una apuesta clara por dar minutos a los chavales con proyección. No se trata de mandar al Fabril a sobrevivir, sino de convertirlo en lo que siempre debió ser: un puente real hacia el primer equipo, no un destierro dorado.
El futuro pinta en blanquiazul
Manuel Pablo no se limitó a hacer un balance del presente. Su análisis también apuntó hacia el futuro del Fabril en Primera Federación, dejando entrever que la apuesta por mantener al filial en esa categoría es firme. Y tiene todo el sentido del mundo. Bajar de nivel sería un error estratégico; mantenerse y consolidarse, una inversión a medio plazo que puede dar frutos jugosos.
La clave está en no perder de vista el objetivo principal: que los jugadores del Fabril den el salto al primer equipo cuando estén listos. No antes, para no quemarlos. No después, para no perderlos. Ese equilibrio es delicado, pero si la cantera funciona como Manuel Pablo describe, el Deportivo tiene entre manos una herramienta fundamental para volver a ser grande sin hipotecar el futuro.
La voz que siempre importa
Que sea precisamente Manuel Pablo quien lance este mensaje tiene su importancia. No es un directivo vendiendo humo ni un técnico justificando resultados. Es alguien que representa la esencia del club, que sabe lo que significa vestir la camiseta blanquiazul y que entiende que el Deportivo solo será grande de verdad cuando vuelva a ser un club de cantera con ambición de élite.
Su radiografía llega en un momento clave, al cierre de una temporada que ha servido para asentar bases. Ahora toca seguir construyendo, seguir apostando por Abegondo y seguir demostrando que el Fabril no es un adorno, sino una pieza fundamental del engranaje. Porque si algo dejó claro el eterno capitán es que la cantera deportivista está viva. Y cuando Abegondo funciona, Riazor sonríe.