La nueva ciudad deportiva del Racing de Ferrol encara semanas decisivas en Mandiá, donde las obras avanzan sobre el terreno principal con el objetivo de estar operativas para la pretemporada del primer equipo en julio. Las imágenes actuales muestran movimiento, maquinaria y canalizaciones, pero también un recinto todavía muy verde —en todos los sentidos— y con mucho trabajo por delante antes de que el balón pueda empezar a rodar.
Mandiá, entre la ilusión del proyecto y la presión del calendario
La ciudad deportiva del Racing de Ferrol ya no es solo una promesa dibujada en planos. En Mandiá hay obra, hay maquinaria, hay explanación y hay material desplegado. Pero también hay una pregunta que empieza a coger cuerpo en el entorno racinguista: ¿llegará todo a tiempo para la segunda quincena de julio?
El club trabaja con la idea de que el primer equipo pueda iniciar la pretemporada en las nuevas instalaciones, al menos en el campo principal. Ese es ahora mismo el gran partido que se juega fuera de A Malata. No hay puntos en juego, pero sí mucho más que hormigón, tuberías y césped: está en juego la credibilidad de uno de los proyectos más importantes de la historia reciente del Racing.
Porque Mandiá fue presentado como una palanca de crecimiento. Una base para profesionalizar el día a día, mejorar las condiciones de entrenamiento y dar al club una infraestructura propia. El problema es que el calendario no perdona. Y julio, en obra civil, llega siempre antes de lo que parece.
El campo principal concentra los mayores avances

Las fotografías actuales permiten ver una gran superficie ya preparada, con trabajos de nivelación, maquinaria pesada, canalizaciones y material técnico repartido por la zona. El avance más claro se aprecia en el futuro campo principal, la pieza que el Racing necesita tener lista para que el primer equipo pueda trasladar allí parte de su actividad diaria.
Sin embargo, el resto del entorno ofrece una imagen mucho más cruda. Los edificios antiguos continúan deteriorados, varias zonas aparecen cubiertas de maleza y el recinto todavía transmite una sensación de obra abierta, lejos de una instalación deportiva funcional.
No es una crítica de barra de bar ni de grada caliente: es simplemente lo que muestran las imágenes. Hay progreso, sí. Pero el partido está todavía en el minuto 60, no en el descuento final. Y para llegar a julio con garantías hará falta acelerar mucho la circulación de balón.

Una primera fase clave para el futuro del Racing
La primera fase del proyecto fue anunciada con una inversión superior a los cinco millones de euros y con la construcción de dos campos de entrenamiento, además de dependencias de apoyo para el primer equipo. La idea inicial incluía un campo de césped natural híbrido y otro de césped artificial de última generación, pensado también para la estructura de base.
Esa hoja de ruta convierte a Mandiá en algo más que un campo nuevo. Es la pieza que debe permitir al Racing dar un salto organizativo. Un club que aspira a estabilizarse, crecer y competir con ambición no puede vivir eternamente con estructuras provisionales o instalaciones compartidas. En el fútbol profesionalizado, los entrenamientos también suman puntos.
Y más en un Racing que viene de temporadas de emociones fuertes, con ascenso, caída de expectativas, cambios deportivos y una afición que ya ha demostrado que empuja como pocas cuando ve un proyecto serio. La ciudad deportiva debería ser uno de esos argumentos para reconstruir confianza.
La maleza y los edificios pendientes enfrían el optimismo

El contraste de las imágenes es evidente. Por un lado, se ve una amplia plataforma de trabajo, con maquinaria operando y materiales preparados. Por otro, aparecen zonas del recinto todavía dominadas por tojos, helechos y construcciones antiguas que necesitan una intervención profunda.
Ese contraste alimenta la duda. No tanto sobre si la ciudad deportiva se hará, sino sobre qué parte estará realmente disponible para el arranque de la pretemporada. Una cosa es que el primer equipo pueda pisar un campo acondicionado en julio; otra muy distinta, que el complejo funcione ya como una ciudad deportiva o al menos con un equipamiento mínimo necesario fuera del césped.
El matiz es importante. El Racing podría llegar al verano con una solución parcial, útil para entrenar, pero todavía lejos de la imagen definitiva anunciada. Sería un primer paso. Pero no exactamente el banderazo de llegada.
Una carrera contra el verano
El objetivo de llegar a la segunda quincena de julio obliga a apretar el ritmo en las próximas semanas. En términos futbolísticos, el Racing necesita ahora un tramo final de obra sin lesiones, sin tarjetas y sin VAR administrativo. Cualquier retraso en el terreno, en el suministro, en el césped o en las dependencias puede condicionar el estreno.
La pretemporada no es un detalle menor. Es el momento en el que se construye la identidad del equipo, se integra a los fichajes, se carga físicamente al grupo y se ajusta el modelo de juego del entrenador. Tener una instalación propia, estable y adaptada al primer equipo sería una ventaja competitiva. No tenerla lista obligaría a buscar alternativas y restaría parte del impacto simbólico del proyecto.
Por eso Mandiá se ha convertido en un termómetro del Racing. La afición mira las obras como mira el mercado de fichajes: buscando señales. Un tubo aquí, una máquina allá, una explanada que crece… y una pregunta flotando sobre el verde: ¿esto llega o no llega?

El proyecto que debe cambiar el día a día del club
Más allá de los plazos inmediatos, la ciudad deportiva tiene una dimensión estratégica. El proyecto completo está concebido como una infraestructura de largo recorrido, con varios campos y espacios de trabajo para el primer equipo y la cantera. Para una entidad como el Racing, disponer de patrimonio propio y de una sede deportiva estable supone un cambio de categoría institucional.
Pero precisamente por eso el seguimiento será exigente. La afición racinguista ha escuchado durante años promesas de crecimiento, modernización y ambición. Ahora necesita ver hechos. Mandiá puede convertirse en el símbolo de un club que mira hacia adelante o en otro frente de impaciencia si los plazos vuelven a estirarse.
De momento, la fotografía es clara: la obra avanza, pero todavía no enamora. Hay base, hay movimiento y hay intención. Falta remate. Y en Ferrol se sabe bien que los partidos no se ganan por posesión, sino metiendo la última dentro.
Julio marcará el primer veredicto
La gran prueba llegará cuando el primer equipo vuelva al trabajo. Si el Racing puede iniciar la pretemporada en Mandiá, aunque sea con una instalación todavía en fase inicial, el club podrá vender el mensaje de avance real. Si no llega, la ciudad deportiva volverá a quedar atrapada en el terreno de las expectativas.
Y las expectativas, cuando no se acompañan de hechos, pesan más que una pretemporada con dobles sesiones.
Mandiá ya está en marcha. Ahora falta saber si el Racing consigue transformar la obra en una ventaja deportiva antes de que el balón vuelva a rodar.