El regreso del Dépor a LaLiga EA Sports no solo trae fiesta en A Coruña: también obliga a tomar decisiones incómodas. El club blanquiazul, recién ascendido a Primera División, ya trabaja en una reestructuración profunda de la plantilla, con varios cedidos y futbolistas que acaban contrato fuera del plan inicial para competir en la élite.
El ascenso abre una puerta… y cierra varias taquillas
El Deportivo ya ha celebrado lo que tenía que celebrar. Riazor volvió a sacar pecho, la afición recuperó el pulso de Primera y el club coruñés dejó atrás un largo viaje por categorías que, por momentos, pareció una cuesta de esas que no se acaban nunca.
Pero en el fútbol profesional la felicidad dura lo justo hasta que aparece la libreta del director deportivo. Y ahí, con el ascenso todavía caliente, empieza otra liga: la de las bajas, los retoques y las decisiones frías.
El regreso a LaLiga EA Sports exige una plantilla más corta, más competitiva y con perfiles preparados para sobrevivir en un campeonato donde cada error se paga con intereses. En ese escenario, el Dépor ya apunta a una primera criba.
Los cedidos, primeros nombres en la rampa de salida
Uno de los frentes abiertos está en los jugadores que regresan tras cesión. Luis Chacón, Bouldini y Petxarroman no parecen partir con sitio asegurado en el nuevo proyecto blanquiazul.
Chacón, que ha tenido protagonismo lejos de Riazor y firmó una temporada con minutos y goles en la Cultural Leonesa, representa ese caso clásico de futbolista con recorrido, pero con difícil encaje inmediato en un equipo que debe subir el listón competitivo. En abril ya acumulaba más de 3.000 minutos y ocho goles en su cesión, según AS.
Bouldini y Petxarroman también apuntan a un verano de conversaciones, llamadas y posibles operaciones. No se trata solo de hacer hueco: se trata de construir una plantilla de Primera sin cargar con piezas que el cuerpo técnico no vea como diferenciales.
Dicho en lenguaje de vestuario: no basta con estar en la foto del ascenso administrativo; ahora hay que ganarse la camiseta en una categoría que no perdona despistes.
Los contratos que marcan el primer corte
La situación contractual también empuja al Deportivo a mover ficha. Cristian Herrera, Sergio Escudero, Ximo Navarro y Germán Parreño terminan contrato en junio, una circunstancia que ya aparecía marcada en el mapa de la plantilla de cara al próximo curso.
En estos casos, el club deberá decidir si alguno encaja por experiencia, liderazgo o rendimiento puntual, o si directamente abre una nueva etapa con perfiles más adaptados a la exigencia física y táctica de Primera.
La posible salida de jugadores veteranos tendría una lectura clara: el Dépor quiere evitar que el ascenso se convierta en un premio sentimental y busca transformar la plantilla en una herramienta de supervivencia competitiva.
Hidalgo y Fernando Soriano, ante el verano más delicado
Antonio Hidalgo ha logrado exprimir un grupo que llegó con impulso, hambre y una identidad reconocible. El ascenso, sin embargo, cambia por completo la vara de medir. Lo que en Segunda funcionaba como virtud colectiva, en Primera necesita más velocidad, más jerarquía y más fondo de armario.
Fernando Soriano tendrá ahora un mercado especialmente sensible. Según AS, el club trabaja con la previsión de realizar entre ocho y diez incorporaciones para afrontar el salto de categoría.
Eso significa que habrá entradas, pero también salidas. Y seguramente alguna dolorosa. Porque cuando un equipo asciende, todos quieren subirse al autobús; el problema es que en Primera no viaja quien quiere, sino quien realmente puede sostener el ritmo.
El Dépor quiere evitar el error del recién ascendido
El reto es evidente: no caer en la trampa de pensar que el bloque del ascenso basta por sí solo para competir en LaLiga EA Sports. La historia reciente está llena de equipos que subieron con una dinámica imparable y sufrieron al primer golpe de realidad.
El Deportivo parte con una ventaja importante: masa social, estabilidad institucional y una afición que convierte Riazor en un campo con temperatura de partido grande. El club cuenta con una base de unos 27.000 abonados y llega al regreso a Primera con una estructura económica mucho más saneada que en etapas anteriores.
Pero la grada no defiende centros laterales, no gana duelos en área propia y no mete goles en el minuto 89. Para eso hace falta plantilla. Y ahí empieza el verdadero examen del verano.
Una reconstrucción con bisturí, no con motosierra
La clave para el Deportivo será equilibrar memoria y ambición. Mantener la identidad del equipo que ascendió, proteger a los jugadores que fueron columna vertebral y, al mismo tiempo, incorporar piezas que eleven el techo competitivo.
Yeremay, Mario Soriano, Mella, Villares o los futbolistas que han sostenido el curso blanquiazul representan el núcleo emocional y deportivo del proyecto. Pero alrededor de ellos el club necesita músculo de Primera.
Las primeras bajas no son una señal de ruptura, sino de adaptación. El Dépor ya no prepara una temporada para competir en Segunda. Prepara una batalla de 38 jornadas contra presupuestos mayores, plantillas más profundas y delanteros que no perdonan ni una mala entrega en salida.
La fiesta fue el ascenso. El trabajo empieza ahora.