La derrota del Almería ante Las Palmas y el ascenso matemático del Racing de Santander han dejado al Deportivo de La Coruña ante el escenario que todo el deportivismo soñaba: depender de sí mismo para volver a Primera División. El equipo coruñés afronta las tres últimas jornadas de LaLiga Hypermotion con una cuenta clara, exigente y preciosa: dos victorias le devuelven a la élite sin mirar de reojo a nadie.
Riazor tiene la calculadora encendida, pero el balón manda
El Deportivo no jugó, pero la jornada le hizo un guiño de esos que cambian temporadas. El tropiezo del Almería frente a Las Palmas ha movido el tablero del ascenso directo y ha colocado al conjunto blanquiazul en una posición de privilegio: mismo número de puntos que el cuadro andaluz, un partido menos y el golaveraje particular favorable.
Traducido al idioma de grada: el Dépor tiene la sartén por el mango. Ya no necesita que nadie le haga favores. Si gana dos de los tres partidos que le quedan, será equipo de Primera División.
Y ahí está la belleza y la trampa del asunto. La matemática sonríe, pero la Segunda División no regala ni los saques de banda. Ahora toca rematar la faena sobre el césped.
El Andorra llega a Riazor como primer examen de ascenso
El primer obstáculo será el FC Andorra en Abanca-Riazor. No es un partido más. Es el clásico encuentro en el que el ambiente puede empujar, pero también pesar si el marcador tarda en abrirse.
El conjunto coruñés sabe que una victoria dispararía la ilusión y dejaría el ascenso a tiro de una noche grande en Valladolid. Riazor, que ya ha vivido ascensos, descensos, remontadas y noches europeas, se prepara para otra cita de esas que se juegan con las piernas… y con la garganta.
La clave estará en no confundir ansiedad con intensidad. El Dépor necesita ritmo, paciencia y colmillo. Mandar desde la pelota, no precipitarse y evitar que el partido se convierta en una ruleta emocional.
Valladolid puede ser el escenario de la sentencia
Después del Andorra llegará la visita al José Zorrilla, donde el Deportivo podría firmar matemáticamente su vuelta a Primera si antes ha cumplido en casa. El duelo ante el Valladolid aparece ahora como una posible final anticipada para el deportivismo.
El calendario ha puesto el guion casi cinematográfico: primero Riazor, después Pucela y, si hiciera falta, una última jornada en casa contra Las Palmas. Tres estaciones para un tren que lleva años intentando regresar al andén de la élite.
La ventaja blanquiazul está en que depende de sí mismo. La advertencia, en que sus perseguidores todavía respiran cerca. Málaga y Las Palmas han metido presión en la pelea y cualquier despiste puede reabrir el melón.
El Racing ya celebró: ahora el Dépor quiere acompañarle
El Racing de Santander ya hizo los deberes y selló su regreso a Primera con una goleada ante el Valladolid. Su ascenso confirma que la zona noble de LaLiga Hypermotion empieza a despejarse, pero también deja una plaza directa con dueño todavía por confirmar.
Ahí entra el Dépor. El club coruñés tiene ante sí una oportunidad enorme para cerrar el círculo de su reconstrucción deportiva. Después de años de golpes, barro competitivo y domingos incómodos, el equipo está a seis puntos de volver al escaparate principal del fútbol español.
No es solo un ascenso. Es recuperar foco, impacto económico, visibilidad nacional y una plaza histórica que el deportivismo siente como propia.
La cuenta es sencilla: seis puntos y se acabó el debate
El escenario más limpio no admite demasiadas vueltas: ganar al Andorra y al Valladolid. Con eso, el Dépor subiría sin depender del Almería, del Málaga, de Las Palmas ni de ningún transistor de última hora.
El golaveraje ganado al Almería es un seguro competitivo de muchísimo valor. En una categoría tan igualada, donde un empate puede cambiarlo todo, ese detalle pesa como un gol en el minuto 90.
Pero el mensaje dentro del vestuario debería ser todavía más básico: no jugar contra la calculadora, jugar contra el rival. Porque cuando un equipo empieza a mirar demasiadas combinaciones, a veces se olvida de lo único que controla: su propio partido.
Una oportunidad que el deportivismo no quiere dejar escapar
El Dépor está ante su semana más importante en años. La ciudad lo sabe, Riazor lo nota y la clasificación lo confirma. El ascenso directo ya no es una posibilidad lejana ni una ilusión de tertulia: es una puerta abierta.
Ahora falta cruzarla.
Y en A Coruña nadie necesita demasiadas explicaciones para entender lo que viene. Tres partidos, seis puntos y una afición preparada para volver a cantar aquello que lleva demasiado tiempo esperando: el Deportivo quiere ser otra vez de Primera.