
Un gol tardío de Stoichkov premió la insistencia de un Dépor que jugó con aroma de equipo grande y castigó a un Cádiz atrapado en una crisis de resultados cada vez más peligrosa. Los coruñeses ganaron 0-1 en la jornada 39 de LaLiga Hypermotion, se suben provisionalmente al ascenso directo y meten presión al Almería, mientras el conjunto amarillo sigue sin encontrar una salida a su particular túnel competitivo.
El Dépor gana algo más que tres puntos
El Deportivo no solo conquistó el JP Financial Estadio. También mandó un mensaje a toda LaLiga Hypermotion: este equipo ha llegado a la recta final con piernas, fútbol y colmillo.
El 0-1 ante el Cádiz tiene valor de clasificación, de vestuario y de candidatura. En una categoría donde cada punto pesa como una losa, el equipo coruñés firmó una victoria de esas que separan a los aspirantes de los convencidos. No necesitó una noche de fuegos artificiales, pero sí paciencia, madurez y ese instinto que aparece cuando el ascenso empieza a olerse de verdad.
La entrada de Stoichkov fue la llave. Saltó al césped en el tramo final y convirtió prácticamente su primer balón en oro. Minuto 87, partido bloqueado en el marcador y un golpe seco al corazón de un Cádiz que ya venía caminando por la cornisa.
Stoichkov pone la firma a una superioridad evidente
El marcador fue corto para lo que produjo el Deportivo. Los datos oficiales del partido reflejan 19 disparos visitantes, 8 entre palos, 9 saques de esquina y 39 toques en el área rival, frente a solo 7 tiros del Cádiz y un único remate a puerta. No fue una victoria de fogonazo: fue una victoria trabajada, amasada y merecida.
Yeremay Hernández y Luismi Cruz encontraron zonas de daño entre líneas, Mario Soriano dio continuidad al juego y Diego Villares rozó el gol en una acción a balón parado. El Dépor atacó por dentro, amenazó por fuera y obligó a David Gil a sostener durante muchos minutos a un Cádiz cada vez más hundido en su propia área.
El portero amarillo evitó que la brecha se abriera antes. Pero el fútbol, que a veces tarda en pagar, esta vez pasó por caja al final. Stoichkov apareció como esos delanteros que no preguntan: miran el balón, huelen la sangre y ejecutan.
El Cádiz, atrapado en una dinámica de descenso
Para el Cádiz, la derrota es otro golpe durísimo en una temporada que se le está haciendo eterna. El conjunto gaditano acumula 18 jornadas sin ganar y nueve derrotas seguidas en casa, una estadística que explica mucho más que cualquier discurso de rueda de prensa.
El equipo de Imanol Idiakez intentó modificar piezas, reforzar el centro del campo y competir desde el orden, pero el problema ya no parece solo táctico. Hay un componente emocional evidente. Al Cádiz le cuesta atacar, le cuesta sostener la pelota y, sobre todo, le cuesta transmitir sensación de amenaza.
Roger Martí tuvo una de las pocas opciones claras en el tramo final, pero Álvaro Fernández respondió con seguridad. Fue casi una excepción en una noche en la que el Dépor vivió mucho más cerca del gol que el conjunto local.
Hidalgo gana la partida desde la paciencia
El Deportivo supo leer el partido sin precipitarse. No se desordenó cuando el gol no llegaba, no se partió cuando el Cádiz amagó con empujar y acertó desde el banquillo en el momento decisivo.
Antonio Hidalgo manejó los cambios con cabeza fría. La entrada de Stoichkov acabó siendo determinante, pero también el contexto que generó el equipo antes: desgaste al rival, acumulación de llegadas y una presión constante que terminó rompiendo el muro gaditano.
En Segunda, ganar fuera en mayo no es cuestión de estética. Es cuestión de oficio. Y el Dépor tuvo las dos cosas: jugó mejor y compitió como un equipo que sabe perfectamente lo que se está jugando.
Riazor ya puede mirar hacia arriba
El triunfo coloca provisionalmente al Deportivo en la segunda plaza, puesto de ascenso directo, a la espera de lo que haga el Almería en su visita al Burgos. La victoria blanquiazul mete presión al rival directo y refuerza una dinámica que llega en el momento exacto del campeonato.
Con tres jornadas por delante tras este golpe en Cádiz, el Dépor se ha ganado el derecho a mirar la clasificación sin complejos. La afición coruñesa, acostumbrada a sufrir más de la cuenta en los últimos años, tiene ahora motivos para apretar los dientes y soñar despierta.
Porque este 0-1 no fue una casualidad ni una moneda al aire. Fue una victoria de equipo maduro, de candidato serio y de vestuario que sabe sufrir hasta encontrar la rendija. Y cuando esa rendija apareció, Stoichkov no pidió permiso.