
El conjunto vigués encajó una goleada por 3-0 ante el Freiburg en la ida de los cuartos de final de la Europa League, dejando la eliminatoria prácticamente sentenciada antes del partido de vuelta.
Una noche para olvidar en la Selva Negra
El Celta de Vigo vivió su peor actuación en lo que va de eliminatorias europeas. El Europa-Park Stadion se convirtió en una pesadilla para los celestes, que no encontraron respuesta en ningún momento ante un Freiburg que los superó en todos los aspectos del juego: presión, intensidad, acierto y orden táctico.
El italiano Vincenzo Grifo abrió la lata a los diez minutos con un disparo de rosca de alta factura que dejó sin opciones a Radu. El golpe tempranero condicionó todo el planteamiento de Claudio Giráldez, que vio cómo su equipo no era capaz de circular el balón con fluidez ni de encontrar los espacios necesarios para inquietar al bloque local.
El segundo gol rompió cualquier atisbo de reacción
Cuando el Celta comenzaba a asentarse ligeramente en el partido, llegó el mazazo definitivo. A la media hora, una pérdida celeste en la salida de balón desencadenó una jugada rapidísima que Matanovic culminó asistiendo a Beste para empujar a puerta vacía con Radu completamente descolocado. Un 2-0 al descanso que reflejaba con crudeza las diferencias entre ambos conjuntos.
En la reanudación, Giráldez realizó un doble cambio buscando dar más profundidad y dinamismo al equipo: Fer López y El-Abdellaoui relevaron a Swedberg y Javi Rodríguez. La mejora fue puntual y escasa. La ocasión más clara del Celta llegó en el minuto 86, cuando Fer López apareció solo en el área y falló el remate con la zurda en la que fue, sin discusión, la jugada más peligrosa de los gallegos en toda la noche.
Ginter certificó la goleada y complicó la clasificación al máximo
El tercer tanto llegó en el 78, con el zaguero Matthias Ginter rematando de cabeza un centro milimétrico de Beste. El marcador final de 3-0 coloca al Celta ante una misión casi imposible en Balaídos: necesitan remontar tres goles para avanzar en la competición.
La entrada en escena de Iago Aspas en los últimos veinte minutos fue el símbolo de la desesperación táctica. El de Moaña, referente histórico del club, regresó al césped europeo sin tiempo ni espacio para cambiar el guión de una historia que ya estaba escrita.
El historial alemán pesa demasiado
Los números no acompañan al Celta cuando cruza la frontera germana. Los celestes jamás han logrado ganar en territorio alemán en competición europea, y esta temporada ya sufrieron una derrota previa ante el Stuttgart en la fase de liga. El único precedente positivo frente a rivales alemanes data de 2001, cuando eliminaron al propio Stuttgart en la Copa de la UEFA.
El Freiburg, por su parte, llega a este cruce en un momento de gran confianza. Los de Julian Schuster eliminaron al Genk con una goleada histórica de 5-1 en casa y se han convertido en uno de los conjuntos más sólidos de la competición, aspirantes reales a dar la sorpresa en las rondas finales.
Balaídos como última esperanza
El partido de vuelta se disputará en Vigo en los próximos días. El Celta necesita ganar por al menos tres goles de diferencia sin encajar para forzar la prórroga, o por cuatro para pasar directamente. Una remontada de proporciones históricas que, aunque matemáticamente posible, exige una versión completamente distinta a la exhibida en Friburgo.
Giráldez tendrá que trabajar rápido para recuperar la confianza de una plantilla golpeada y diseñar un plan que permita a Balaídos convertirse en el escenario de un milagro europeo.